Exiliado en el arte en el blog Fuego con Nieve


Conversaciones con José María Álvarez





    Sabíamos de la devoción del pamplonés Alfredo Rodríguez por José María Álvarez, y ahora este libro de conversaciones entre ambos viene a refrendarla. Uno de los Nueve novísimos poetas españoles de la antología de Castellet, el cartagenero es un poeta exuberante, que ha querido fundir vida y poesía. Casi siempre excesivo (no emito una opinión, declaro un hecho), su poesía puede ponerse como ejemplo máximo del culturalismo y del venecianismo (por la adoración a una ciudad cuyo nombre él escribe como los vénetos, Venezia). Quién no quisiera tener a un admirador tan rendido como Rodríguez; y, sin embargo, Álvarez tiene que enfriar a menudo su entusiasmo. Asevera el primero: "usted coge poemas de su traducción de Kavafis y los mete de solapadillo en Museo, y nadie de entera. Se lo aseguro." A lo que el segundo responde: "Eso me interesa mucho. Porque no tengo conciencia de haber hecho eso. Y le agradecería muchísimo que me facilitara una lista, usted que se sabe Museo de cera de memoria, yo desde luego, no, que me haga una lista de esos poemas."
     Lo mejor que puede decirse de José María Álvarez es que, como en su admirado Pound, en medio de mucho fárrago hay momentos deslumbrantes, joyas que vienen a dar guerra vestidas de camuflaje (y que, por ello, pueden pasar desapercibidas). Este libro dialogado incluye bastantes poemas. Este es uno de esos momentos brillantes:


No se trataba de emular Antony and Cleopatra.
Y además, ahí estaba
tu coño de adolescente, de oro
(no tan jugoso como yo los recordaba;
pero al dente, triunfal, de Marcha de Radetzsky),
y estaba tu pelo extendido como llamas
sobre la almohada,
y tus pechos, de punta -(si hay
errata: de puta, también vale)- duros, kamikazes,
y tu cuerpo olía a mi saliva,
y mi boca olía a tu sexo


     Luego el poema se estropea (se me estropea) porque invoca a una actriz (Nicole Kidman) que deja (me deja) perfectamente frígido. 
     Pero no solo hay versos en el libro. De las opiniones políticas y sociales de Álvarez se puede afirmar todo salvo que sean políticamente correctas. No cabe sino asentir con una sonrisa a su crítica de la intelectualidad marxista y el dominio de esta del cotarro cultural, pero cómo no estar en desacuerdo con muchas otras cuestiones. Aunque al menos hay que reconocer que anima las aguas estancadas del discurso dominante. Su ultraliberalismo, su elitismo aristocrático, tan demodé, pueden producir urticaria, pero en punto a decir tonterías (que no restan ni agregan nada a su obra poética) le gana a veces, por ejemplo, su nada apreciado compañero de promoción novísima Antonio Martínez Sarrión, quien en su intervención pública el año pasado en Cosmopoética le arrancó a otro conocido poeta y crítico allí presente estas palabras dichas en petit comité: "Ha hecho cuerdo a Leopoldo María". Naturalmente se refería a Panero, el loco.
Del blog FUEGO CON NIEVE
Antonio Rivero Taravillo
17 de Septiembre de 2013 

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