Anaima





ANAIMA


Espléndida de ver
la que como un dios extiende sus alas,
un animal sin sangre,
traté de congraciármela
pero todo fue en vano.
Y así la llevaría a los infiernos,
por raíces de un árbol abrazada,
melancólica extrema,
fundida entre mi tronco.
Que aunque hice uso de toda mi oratoria
aprendida en el foro
tuve que abandonar,
volver sobre mis pasos,
tras haber mal sembrado la semilla.


Julio 2011


Alfredo Rodríguez
DE ORO Y DE FUEGO
ed. Los Papeles del Sitio, Sevilla 2012

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