Toda obra poética es un autorretrato

Dos años después de su último libro, el autor navarro regresa con 'De oro y de fuego' (Los papeles del sitio), una nueva apuesta por la poesía como un territorio donde romper con la banalidad del día a día que presentará esta tarde (19.30 horas) en la librería Mequierovivir
ANA OLIVEIRA LIZARRIBAR - Martes, 29 de Mayo de 2012 -


 Alfredo Rodríguez, en una libreria.
 Alfredo Rodríguez, en una libreria. (Mamen Cózar)


PAMPLONA. En esta ocasión, Alfredo Rodríguez (Pamplona, 1969) se vuelca de un modo especial, ya que durante este tiempo, la vida le ha dado una de cal, en forma de grave enfermedad afortunadamente superada, y una de arena, con la llegada de su primer hijo. Y con este poemario cierra su trilogía del combate, de la creación poética entendida como una incesante lucha contra sí mismo para trascender al tiempo.

De su anterior poemario, 'Ritual de combatir desnudo', dijo que era un acto de fe, una entrega absoluta a la poesía, ¿cómo definiría el impulso que hay detrás de este nuevo trabajo?

Es un paso más allá en esa misma dirección. Cuenta la historia de alguien que siente el impulso irresistible de crear, de escribir poesía, alguien cuya fe reside en aquello que valora más que nada en este mundo: el arte, su belleza y su verdad.

Sus experiencias vitales también parecen haber marcado estos versos.

Bueno, vida y poesía van siempre indisolublemente unidas. Toda obra poética es un autorretrato. En mi caso escribo de lo que vivo cada día acercándome a los libros, a la cultura que se nos dio y que tenemos tan abandonada.

Los poemas surgieron durante una visita a un museo de París cuando creía que la poesía le había abandonado, ¿eso puede ocurrir o son miedos de escritor?

Sí, la poesía claro que te puede abandonar. De hecho algunos poetas se agotan. La poesía es una amante caprichosa y celosa que exige dedicación plena; si la dejas de lado por un tiempo, luego te lo hace pagar muy caro.

¿Escribe poema a poema o le vienen todos seguidos y les va buscando su sitio?

Trabajo con poemas en serie o largas secuencias de poemas. Van unidos unos a otros, como partes de un todo, en cada libro, enlazados entre sí por un mensaje inicial, una idea madre que de pronto surge un día en mi cabeza como si me fuera dictada y que se despliega en varios poemas.

¿Qué temas encontramos en 'De oro y de fuego'?
El libro es una meditación continua sobre el acto de la creación poética en sí y sobre la figura del poeta como un ser tocado por un don. Por otro lado, está la poesía como defensa desesperada contra la apatía, contra la tibieza de corazón, contra el horror del mundo. También la poesía como un acto radical de libertad, como testimonio individual de la verdad artística de un hombre.

Sigue perseverando en una poesía culta, trabajada, llena de referencias a mitos y dioses, ¿es su modo de escapar de la pragmática realidad?

Es un intento por recuperar la tradición cultural, pero entendida como ruptura, como rebeldía contra ese mundo banal y uniforme en que vivimos, que ha olvidado por completo el pasado y que vive como anestesiado. Una de las obsesiones de mi obra poética es el lenguaje: que aquello que intento decir sea dicho lo mejor posible. Pero yo no creo que mi poesía sea tan culta. Sí, quizá, exige un lector inquieto, al que le gusta la historia, el arte, la cultura, que ama los libros y la buena vida. Eso sí. No un lector pasivo.

Vivimos un momento lleno de incertidumbre, sufrimiento y miedos, ¿de qué nos pueden servir la poesía y los poetas en estos momentos?

La poesía entraña en sí la mayor de las riquezas. Por ello y a pesar de todo lo que estamos sufriendo en nuestro tiempo, se mantiene incólume. Supone un incremento del legado cultural de la humanidad. Eso es algo que no debemos olvidar. No la debemos despreciar como algo inútil: está en la reserva moral de la sociedad. De ahí surge todo.

¿Qué espera de este poemario, qué le gustaría transmitir por encima de todo?

Está en el título: el oro y el fuego del poema. El fulgor de la palabra escrita y el entusiasmo y la pasión poética. No hay más. Que la poesía nos salve los mejores momentos de nuestra vida.

¿Tiene ya otros versos en la cabeza, en qué nuevos proyectos trabajas?

Hay un libro de conversaciones en París con mi maestro, el poeta José María Álvarez, que se va a publicar este año, con el título Exiliado en el arte. Será un sueño hecho realidad: unir mi nombre con el suyo para siempre. Luego tengo en el cajón una antología apócrifa de poetas medievales navarros que pudieron haber existido, bajo el título Urre Aroa. Siempre he echado de menos una historia más rica de la poesía navarra. Si pudiera cambiarla…

¿Habrá alguna vez salto a la prosa o ese no es tu camino?

Si se refiere a la novela, no. No me interesa en absoluto. Ni siquiera como lector. Pero no descarto alguna biografía sobre poetas amados. Necesito tiempo.


Entrevista al poeta Alfredo Rodríguez
DIARIO DE NOTICIAS 
Pamplona, 29 de mayo de 2012

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