Nota final a De oro y de fuego

   

 NOTA 
(NOTA final a De oro y de fuego)

    
    En el transcurso de los dos últimos años en que han sido concebidos y escritos los poemas de este libro, dos hechos trascendentales en mi vida tuvieron lugar sin apenas solución de continuidad: uno, el haber sobrevivido milagrosamente a una gravísima enfermedad que me tuvo a las puertas de la muerte; y en segundo lugar –extraña paradoja–, el nacimiento de mi hijo, mi único hijo, Óliver. Así, la estupidez de la muerte que en falso me pretendía y, tiempo después, la lucha por salir a la vida y ganarla de un niño recién nacido, como territorio irredento y libre por necesidad para una poesía que siempre ha permanecido ahí, latente, despierta, al acecho, como un animal de sangre caliente gateando por encima de las ruinas.
    
    En Noviembre de 2010, durante un viaje literario a París junto a mi buen amigo el poeta Javier Asiáin, asistimos en el magnífico Musée de Cluny a una hermosísima exposición medieval de esculturas, pinturas, iluminaciones y objetos de orfebrería, bajo el título, «D’or et de feu, L’art en Slovaquie à la fin du Moyen Âge». Belleza y desolación derrumbada por el Tiempo en su sentido de majestad. Inmediatamente «vi» el poema –como diría mi maestro Álvarez–, la larga secuencia de poemas, quiero decir, esa que siempre veo, hasta con su título genérico, tomado prestado de ahí.
    
    «Tranquilo, Alfredo, la poesía se abre tarde o temprano paso», me decía mi maestro Colinas en un correo emocionado. Era cuando ya creía que me había abandonado para siempre que, en efecto, se fue abriendo paso en mí con más fuerza que nunca, como arrancándoseme de las entrañas, desmesurada y con más ardor que reflexión. Como a mí me gusta. El libre derecho al placer de escribirla, como testimonio individual de mi libertad. Láminas de oro cinceladas en un suntuoso tesoro, por un lado. Y, por otro, el fuego. El fuego de la poesía, ese que deslumbra, purifica y a veces quema –como dice Llop en sus diarios–, el que no se consume jamás, como en la zarza bíblica.
 
A. R.
Pamplona, 27 de febrero de 2012

DE ORO Y DE FUEGO, 
Los Papeles del Sitio, 2012

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