Únicamente el bárbaro





ÚNICAMENTE EL BÁRBARO




Únicamente el bárbaro en su camino a Roma
se acercó como yo.
Tensado el músculo, frenando la montura,
sospechando la palabra torpísima, el sudor,
la pobre procedencia,
acariciando tímido las sienes
para llegar al duelo consolado,
para besar el fuego hecho pavesas.
Solo el bárbaro supo
que la estepa cruzada en un galope,
la dulce miel silvestre
o unas trenzas deshechas
sobre el cuero en invierno
se olvidan fácilmente
en el brillo engañoso de los mármoles.
Y agacha la cabeza y la daría
por el perfil lampiño de un romano,
quizá por una túnica que sujetar del viento
mientras contempla extático
inéditas estrellas que no verán los suyos
en el lodo tenaz de los pantanos.

Y al pie de la colina,
no sospecha que confundió rameras con vestales
moviendo al alboroto de sus risas.
Solo entonces recuerda
el fragor de la horda,
la mandíbula altiva,
pero las vende a Roma
y el belfo humedecido
besa la urbe desde los adobes.



Maite Pérez-Larumbe
Nueva poesía en el viejo Reyno
ed. Hiperión, 2012

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