Qué buen ciego aquél que con su ceguera




QUÉ BUEN CIEGO AQUÉL QUE CON SU CEGUERA
infinitos horizontes divisa,
y el amor fragante de una mujer
lo sabe recibir
puro en su mirada, sin sed ni sangre.

Y así ensombrece sus últimos días
por suntuosas estancias
el caballero, con coraje ciego
a desprender del cuerpo
nunca invocar el miedo
con la pluma o las armas.

Y el trajín anhela de la vida de campaña,
su lección aprendida, batalla temerosa.
O bien una vida larga y oscura,
o bien sino una breve
de perdurable gloria.


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