Acaso no eres tú, hermana mía,





¿ACASO NO ERES TÚ, HERMANA MÍA,
mi salud y mi vida
y yo aquél que sólo ve sombras, nunca
mística o armonía de los números?

¿Aún permanece tu juventud?,
—dime, ene arrebá.
Nunca satisfacer tus deseos supone
rémora para mí.
Si no puedo estar contigo esta noche
me sentiré como un muerto.
¿Acaso no eres tú, hermana mía,  
la que acompaña el alma
al final de la vida,
luz que penetra en mí, libre y tornasolada,
cuyas carnes son de oro?

Vive otra vez conmigo, ene arrebá,
déjame arrancar en la madrugada
del olvido esta muerte corporal.

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