En la alcoba de Lucrecia






(en la alcoba de Lucrecia)




quién fuera, mi amada, fíbula
que prende y sujeta
tus vestiduras, que de tu espalda domina
la fértil vaguada, para así disputarle
los honores de la victoria

no demostraría miedo alguno a la muerte
si así lo fuera,

el sudario de arena que la cubre,
su sustancia divina
me alimentaría  


  

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