Vinieron, asaltaron, quemaron, mataron, saquearon y marcharon




(vinieron, asaltaron, quemaron,
mataron, saquearon y marcharon)




este teatro de sombras en que se asientan
muertes y nacimientos, nuestras iniquidades
dispuestas dentro de hornacinas, en que los placeres
son efímeros y la vida frágil   

se hace preciso conjurar su canto, desmentir tantos
malos presagios, adivinar el peligro,
el estigma de lo impuro,
los ecos hipnóticos de su palabra        

un león herido, ese soy yo,
oh marinos de la Argo, una mala bestia
que come carne de serpiente y tiene
la edad de las Pirámides

vivir añoro a la manera dulce
y cómoda, hacer versos
y enamorarme

que mi nave encalle en los dominios
de Alba Longa,
como si una Fortuna cómplice fuese
quien me guiara



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