La ciudad incendiada






LA CIUDAD INCENDIADA
(Un amor secreto, silencioso, suave)



¿Te han besado alguna vez
en la lluvia? ¿te han amado tanto?
Ceremonia sagrada, Amor.
De las honduras de tu espíritu
velando su ciencia.

Siente y piensa,
porque debiste de padecer y llorar,
mas el tiempo se cuidó de que tal cosa
no fuese en mengua si no pareciera objeto
de refinadas torturas o acaso
de las más delicadas atenciones.

Quién eres, mujer
o agradable espejismo esmaltado,
de dónde has venido hasta mí
que se me dio a contemplar este milagro,
de qué extraño mundo de runas
conservado puro como ironía del Azar,
hasta mí,
hasta quedar
saturada de amor, raptada,
envuelta en descollante velo.

De qué insondable noche estás hecha,
noche que quiso honrar al poeta
en el silencio y reserva con que llevó sus amores,
que supo adueñarse de su negro corazón;
como poseyendo todavía en tu dicha
la energía de lo nuevo, como si siendo mujer
no existieras.
Desde qué salvaje latido
sin medida alguna tomada, pasados los años
de prueba y de valor,
que no me es posible aún dejar
un solo día,
un solo momento de amarte.

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