El recluso intelectual





EL RECLUSO INTELECTUAL

A mi querido amigo,
Luis Miguel Alonso Nájera,
hombre de múltiples talentos.


Has de callar  ya lo sabes, trabajar a solas,
someterte en lo exterior, así permanezca siempre libre
tu fuero interno; procediendo con tanto acierto y energía
ser como los días en que habitabas con la permanencia
de la belleza en el recuerdo; descansadero de tu vida,
sagaz y exacto en tus juicios, como un huésped del poniente,
enojosos cargos de alguna manera saber sobrellevar.

O ser, como Petrarca y Erasmo, consejero de príncipes;
todo lo que la futilidad de un hombre ineducado
no pueda nunca contigo compartir; que extrañas visiones
mitológicas te sostengan o de ajados manuscritos
enfebrecida lectura cada noche hagas tuya.

Sé atrevido en tus empresas, nunca te avergüence si gustas
vivir mejor de lo que a tus ganancias corresponda; y ya después
de comer y beber sin tasa, ingeniosas palabras ofrece a los tuyos,
como un noble comensal que asistiera al espléndido banquete de Feacia.
        
Que dos únicas emociones hagan turbar tu añoso corazón:
El amor hacia tu padre y hacia La Boétie; muertos ambos
repliégate sobre ti mismo, demuestra el temple de los sitiados
y acaricia el misterio del alma; que tu extraordinaria independencia
no constituya sino suculento placer para ti.

En una sima del Tiempo ha caído
la absoluta falta de sentido de la vida humana;
atrévete a plantar cara a ese vacío.



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