La conversión simulada






LA CONVERSIÓN SIMULADA




mendicante sin rumbo fijo,
feliz laxitud perderse esta noche
embriagándose en sus caricias;
furibundo alimento y placer
dejarse uno a sabiendas
verter en la copa venenum
atterminatum

y guardar por siempre la memoria de la amada,
con purpúrea túnica vestida, o fiel jubón
sembrado de pedrería, engalanada
de amuletos de oro, diadema de hojas de loto

que le quitasen la venda de los ojos
sirvió a sus intrigas; la facilidad
demostrada para olvidar
las violencias del instinto, no haciendo de ellas
obra carnal
 
reluctante a aceptar a otras mujeres;
la invitación turbadora, pura como el oro,
confidente de sus flaquezas

o enfrentarse a ella enterrándose uno mismo
diestra lanzada en el pecho,
pues fue así al final de todo
como la venció


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