A Marie de Rabutin-Chantal, marquesa de Sévigné




A MARIE DE RABUTIN-CHANTAL,
MARQUESA DE SÉVIGNÉ

(Escritora refinada y de éxito)

«La amistad pura sabe de placeres
que nunca podrán gozar las almas mediocres».

JEAN DE LA BRUYÈRE

Calais, miércoles 28 de noviembre, 1667

Me procuráis un gran placer, Madame, con vuestra misiva
haciéndome saber que es vuestro por fin
el hôtel Carnavalet y llenáis asimismo de dicha
mi corazón por saberos tan feliz,
constante como siempre y de tan firmes convicciones.
             A mí, que arrojar al fuego
debería ahora alguno de los últimos escritos
que me enviasteis exponiéndome vuestras locuras,
las que llegasteis a cometer por conseguir arrendar
esa masterpiece del siglo, que relatáis al detalle para mí.
Beligerancia irreductible, Madame.
             El que me decís fuera construido
hará más de cien años a la noble manera renacentista
para el señor De Ligneris, os es hoy felizmente confiado
en custodia para sin duda halagarnos los instintos,
y así continuéis dándole suma gloria y prestigio,
como anfitriona de semejante joya
donde gozar los placeres de la amistad y animar
la vida mundana y culta del Marais.
             No podría hacerme una idea,
y juzgadme como mejor os parezca, pero no concibo
que sea otra la decoración por la que optéis
sino de una belleza si me lo permitís lujuriante
en todas sus salas y salones,
por lo que de original en vos siempre ha tenido
vuestro gran sentido del humor. Cuadros,
espléndidos muebles, cortinajes, porcelanas y alfombras,
inmensos tapices y objetos decorativos confío crearán
un ambiente muy especial —como decís—
dando ejemplo de virtuosas actitudes.
             Y aunque nunca perderé la discreción
que me conviene tener, os pido como en otras
ocasiones permiso, Madame, y más en esta feliz
que se presenta, para visitaros en él.
             Coleccionistas, pintores,
mecenas y viajeros, gente virtuosa a fin de conversar
sobre lo divino y lo humano
se reunirán con vos allí, querrán deslumbraros.
             Percibo que quizá sea en sustancia
como volver al templo del dios de la claridad
y la serenidad, del arte y el pensamiento,
ante cuya sacra presencia prosternarse,
o a los lujos y placeres refinados de la antigua Antioquía,
pues así aumentáis mi impaciencia al decirme que tenéis
cosas que mostrarme, curiosas reliquias.
             Oh derroche de espíritu,
si la vida y esta debilidad propia que sostengo
me dejan cesar sus dispendios, os seguiré escribiendo,
Madame, sometido a vuestros dictados. Los siempre
insaciables deseos de escribir y claridad de la razón
para resistir los empujes no me faltarán; y que tengáis
conmigo todas las atenciones posibles deseo
hasta el final.
Esa graciosa sencillez os pido.
             Pues tengo el honor de ser de vos vuestro
afectuoso y atento y seguro servidor.


Señor de Villeparisis.


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