Los obscuros leopardos de José María Álvarez



     
     No hay nadie que me haga sentir a mí lo que me hace sentir mi maestro José María Álvarez con su Poesía. Ni de lejos, amigos, ni de la misma o parecida manera siquiera. 
Ah! poder aquilatarse así, sentirse poeta de ese modo. Quemar la vida con esa incandescencia. Tomar alguna vez la legítima de su linaje y poder verlo todo tan claro.

        Y mientras, mientras no llega ese día -que veo lejano, la verdad- vivir así, en esa exquisitez deslumbrado por el esplendor de su Poesía.  
Hasta se diría que la vida valiera sólo por el placer de leer sus versos: un lugar sin límites, salvífico. Haberlo comprendido todo.

 **


XXIV

TAKE THE HINT
WHICH MY DESPAIR PROCLAIMS


Il devait être fatigué et avoir reconocé 
a l´idée d´aller voir le clair de lune car il me 
demanda de dire au cocher de rentrer 
-Marcel Proust-
 
I will not suppose any premature decay 
of the mind or body; but I must reluctantly 
observe that two causes, the abbreviation of
time, and the failure of hope, will always tinge 
with a browner shade the evening of life.
 -Edward Gibbon-


Los ponientes de la Naturaleza
son hermosos
como los de las sociedades humanas
esas Capuas del espíritu que alguien dijo
 

No el de uno mismo
 

Acaso lo único…
Que hayas intentado
no negar el sentido de tu vida
Que aún en sus ojos brille el alba
y vayan más allá de ese crepúsculo
El hilo de seda de la Historia
Pero tu memoria no tiene ya
más que muertos
Como esas sombras que a veces pasan
entre la Luna y tú cuando miras la noche
El único sentido:
ser ese hilo sin romper
Sangre de la Alianza
 

Y vives una época
que lo ha cortado



**


XXV

TOUTE PENSÉ ÉMET UN COUP DE DÉS


La poesía es una cosa inexplicable.
-José Cadalso-

While the sea
Yet glows with fading sunlight.
-Percy Bysshe Shelley-


Cómo laten las venas de la noche
No hay nadie ya en estos
                                             salones    Los espejos brillan
como gotas de Luna Las inmensas cristaleras
reflejan aún rostros
hace ya mucho idos
Los reinos de humedades femeninas
yacen como cadáveres en las mesas de autopsia
Y algo flota se desliza te llama
¿Y esa mano que notas por dentro de tus huesos?
Hay cuerpos de viejos camareros
sorprendidos por el alba Latigazos de esplendor
en la carne de la noche en la musculatura
feroz
de la noche
                           El humo funeral desciende suavemente
sobre losas como aguas
del fondo de los tiempos
                                                    Los últimos bailarines
desparecieron enlazados
en un vals de mármol a damas sin ojos
No hay nadie Ya no hay
nadie        Las arañas devoran las tapices
La madrugada es de coral y saliva agria
La memoria cruje como un reptil
y como estatuas olvidadas en la fiebre
atraviesa esta vigilia que corta como un bisturí
En el inmenso cáliz de oro
beben eunucos         No hay
ya
 


nadie
Y en esa herida lívida del frio
la Muerte
al fin seducida
vuelve su rostro
ese rostro áspero y sombrío
y se dispone a ser besada



**



XXXI
LA PUERTA DE ORO

Busca, pues, el sosiego dulce y caro
-Epístola Moral a Fabio-

Ven. La tarde está cayendo.
Dame la mano. Lentamente,
en silencio, paseemos.
El brillo de las piedras
va guiando tu alma.
Cipreses y laureles. Y con la luz que muere
mira el templo de Hera
tomando el color de la aurora de Homero.
Ven, y deja
que poco a poco todo esto
se haga tuyo. Respira en paz.
Eucaliptos, tomillo. Los pinos que refrescan
el aire.
No volverás ya a Paestum.
Déjate ir. Habrá un instante
en que ya no estarás. Habrás atravesado
esa puerta de oro
sentirás el poder
de Hera sobre la Luna.
Serás eterno.



**


Y XXXIII

QUOI? L´ETERNITÉ

Prima che´l poco sole omai s´annidi.
-Dante-

Ce fut comme una apparition
-Gustave Flaubert-

Allí me enseñó sciencia muy sabrosa
-Juan de la Cruz-

¿Recuerdas?... Aquella tarde en
Nápoles. Paseabas
por el museo. Dios sabe en qué
pensabas; como un ciego
palpando la soledad.
 

                                            
                                             Y de pronto
ahí, aquella pintura:
la nave de Lesbianus. Qué
bocanada de…
sí, de todo lo que somos.
 

                                                 
                                                      Ese color
terroso, el aire obscuro como vino. Algo en los
rostros.
Era el Mediterráneo. Tu
niñez, la mar impenetrable de la niñez; ¿recuerdas
cuando la mirabas en la noche? Y esa
vela.
Se sentía el viento que la empujaba.
Pensante en aquel verso
de Borges: Un ocaso cuyo rojo perdura
en un vaso de Creta.
Sí, y una misteriosa
felicidad te tomó
como el que entra en el rumor de una caracola.
 

Y sentiste,
supiste
que aunque mucho haya sido en vano, no
todo. Que eras digno
de subir a esa nave.
Ya sin memoria, ya sin
equipaje. Subir
a bordo de esa nave que timonea Afrodita,
encarando el final
como Hume quería,
sin ansiedad ni arrepentimiento.


JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ
LOS OBSCUROS LEOPARDOS DE LA LUNA
ed. Renacimiento, 2011


José María Álvarez y Alfredo Rodríguez, 
Pamplona, Junio 2006

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