la palabra que sana y salva de Antonio Colinas



viernes 18 de Febrero de 2011

     María Zambrano presagió que la poesía de Antonio Colinas no se perderá, porque está hecha «paso a paso». Ahora la editorial Siruela publica su OBRA POÉTICA COMPLETA, desde 1967 al 2008, que permite seguir la aventura vital y literaria del escritor bañezano, sin duda uno de los poetas más intelectuales de las últimas décadas. A sus 65 años recién cumplidos quiere dar un giro a su trayectoria y entrar en una «etapa de renacimiento». Tal vez publique su tercera novela...

     Acaba de llegar a las librerías Obra poética completa, de Antonio Colinas, que reúne sus dieciséis poemarios, de Junto al lago al «inacabado» El laberinto invisible. Cuatro décadas vividas por y para la poesía. Aunque algunos consideran al poeta leonés el Vicente Aleixandre del siglo XXI, la poesía de Antonio Colinas, como él mismo confiesa, se ha ido desnudando en busca de la esencia.

-¿A través de esta OBRA POÉTICA COMPLETA se puede seguir su biografía?

-En cierta medida, sí; porque la poesía se vive y la vida se ensueña. La poesía metamorfosea la realidad. No todo es biografía, aunque el sustrato autobiográfico es importante.

-María Zambrano dijo que su obra no se perdería porque está hecha «paso a paso»...

-Sí, se puede apreciar en este libro, porque no es de un determinado período, sino que responde a expresar en cada momento lo que quería o debía decir. Este volumen permite ver la evolución en el tiempo, del sentimiento al pensamiento, de la cultura a la vida...

-¿Los poetas son de una raza especial?

-No hablaría de raza especial. La poesía es un don y una dulce condena. La palabra poética, al menos para algunos, es más valiosa que la habitual; sobre todo, cuando se nos manifiesta en la juventud. En mi caso, es consustancial a la vida. Hay que apostar por ella, ir contracorriente, escuchar la propia voz -que es lo que he procurado hacer-, olvidar influencias generacionales, y seguir con esa voz que brota de dentro, pero no ignora la realidad.

-¿La poesía tiene que emocionar siempre?

-En mi caso, la emoción es una condición básica. No siembre debe emocionar el poema, porque algunos son más reflexivos o narrativos, sobre todo los de mi última etapa, como La tumba negra. La emoción, la intensidad, la tensión poética son características de mi poesía.

-¿Con los años qué ha ganado y qué ha perdido su poesía?

-Se ha ido depurando, desnudando. Quizá, ahora es menos barroca; y, por tanto, ha ido a una visión más esencial y natural de los temas. En los últimos poemas, El laberinto invisible -que es todavía un libro abierto-, se ve la emoción pura. También hay catorce retratos de mujeres que plantean un tema importante en mi obra, el de la mujer como símbolo de significación múltiple (lo telúrico, lo perseguido, los ideales de belleza y verdad del Renacimiento...). Todo lo he hilvanado en el prólogo, donde doy una visión de mi propia poesía.

-¿Se sabe de memoria todos sus poemas?

-Todos, no. Pero si se perdieran, lograría reconstruir una buena parte.

-¿Le gusta más la i griega o la ye?

-En su día dije que la i griega es más entrañable. Pero soy normativo, creo que debemos seguir unas normas. Como creador, me tomo algunas licencias. Hay libros como Sepulcro en Tarquinia donde busco el poema como atmósfera; y, para ello, suprimo mayúsculas o puntos.

-¿La nueva Ortografía le crea algún conflicto?

-Pensé en mi poema: ‘Un hombre sólo solo va acompañado’. La Academia ha dicho que son normas, pero hay que ser flexibles. Nuestro paisano Salvador Gutiérrez ha hecho un buen trabajo con la Ortografía.

-Su OBRA POÉTICA COMPLETA reúne poemas de 1967 al 2008. Caben en un libro, toda la vida en un libro... ¿le abruma?

-Sí, es el resumen de una vida en un libro. Pensamientos, emociones, la visión del mundo... pero, a veces, la poesía abruma en los momentos de mayor tensión. Como digo en Noche más allá de la noche, la palabra sirve para sanar. En mi caso, la poesía nace de estados de serenidad y plenitud.

-¿La visión del poeta es diferente a la del resto de los mortales?

-Sí, y es su misión que sea diferente. El lenguaje poético no es el del economista, el del político, ni el del narrador o el periodista. La palabra poética es palabra nueva; tiene que fulgir y revolver algo dentro de nosotros. El lenguaje poético tiene además una gran capacidad de síntesis y esta síntesis también nos lleva a valorar el ritmo. Valoro la musicalidad del texto; ahí me he mantenido con más firmeza.

-¿Hay poesía en la era tecnológica?

-Sí, hay poesía siempre y es necesaria. Se debe escribir poesía sobre los temas vivos de nuestro tiempo, como la ecología, las guerras, las tensiones sociales... Ahí está la conexión de mi poesía con la naturaleza -no la que expresa lo rural, sino una naturaleza en sentido universalizado-, que yo busco desde mis raíces. En el prólogo explico que cierro el libro donde se abrió mi vida; en una tierra que, como decía Pereira, es fría pero hermosa, y añadiría que misteriosa.

-¿Cuánto hay de oficio en un poeta?

-El poeta nace y se hace con oficio. Cada vez corrijo más mis poemas. La poesía es un don que se posee, pero exige lecturas, experiencias vitales, viajes, diálogo con las otras formas del arte, como la música y la pintura...

-¿Sigue siendo traductor?

-Siempre digo que no voy a traducir, pero acabo volviendo. Ahora voy a traducir para Siruela una antología de pensamientos de Leopardi.

-¿Tiene algún ritual a la hora de escribir?

-Hay trabajos más metódicos, pero en la poesía no hay rituales. Se puede escribir en cualquier momento, siempre que se tenga ese estado de ánimo que, en mi caso, se produce cada tres o cuatro años.

-¿Cómo encaja la poesía en una sociedad de consumo?

-La poesía es una visión de la realidad contraria al consumo. La visión poética de la vida no está en principio acorde con nuestro tiempo. En cuanto a consumir poesía, la poesía tiene los lectores que debe tener, porque exige cierta iniciación.

-¿Como narrador tiene algo en cartera?

-He reeditado mi primera novela. Tendría que abordar la tercera. Ahora quiero que mi vida sea diferente. Acabo de cumplir 65 años y quiero entrar en una etapa de renacimiento, viajando menos -aunque acabo de volver de Corea y México-.

-¿La tiene ya pensada?

-Me gustaría que fuera la novela de la isla.

-¿Se refiere a Ibiza?

-La primera era del sur andaluz; la segunda, de Italia. Después de 21 años que viví en Ibiza, algo habrá, aunque no necesariamente. Estas novelas están concebidas como una trilogía. Algo habrá que hacer con el personaje que dejamos extraviado en las montañas de Grecia...

Entrevista | Antonio Colinas | Poeta
Verónica Viñas | León


***

Antonio Colinas esta semana en las calles de Salamanca
domingo 20 de Febrero de 2011

 TIRITAS PARA EL PARAISO

Antonio Colinas publica su obra poética completa, en la que se reúnen 45 años de creación de una de las voces esenciales del género en español.

A lo largo de 45 años Antonio Colinas ha viajado de la naturaleza a la palabra, de la emoción al pensamiento, sin abandonar nunca la intención, como le gusta decir, de perseguir la armonía con la palabra viva, allá donde mirase. Allá donde estuviese, la vista del poeta leonés trataba de ver, dentro y fuera de él, el equilibrio entre la oscuridad y la luz del ser humano, entre la paz y la guerra.

Durante estas casi cinco décadas, el Paraíso ha tomado muchas formas en su trabajo, del cual ahora Siruela da buena cuenta al publicar su esperada Obra poética completa. Tras casi mil páginas se esconde la lucha mansa de las huellas del poeta que lo mismo caminó por los montes de León, las orillas de Ibiza, las calles de Salamanca, que por las riberas de Antonio Machado, Sandro Botticelli, San Juan de la Cruz, Homero o Glenn Gould.
 
¿Y cómo unificar la dualidad terrible
que es la luz y la sombra, 
que es lo blanco y lo negro,
que es la vida y la muerte?

...se preguntaba en Desiertos de la luz hace apenas tres años. Entre aquellos versos esbozaba una respuesta inquietante: Acaso sólo seamos lo blanco de lo negro.

     El poemario al que nos referimos arrancaba con la denuncia del dislate de los valores en los que se mueve esta sociedad nuestra y continuaba con el sonado poema fruto del fatal atentado de Atocha, por el que algunos le criticaron al retirarse del camino de la lírica y acercar la poesía a la actualidad: 

Muchacha muerta que en la fotografía
levantas dulcemente tu rostro hacia el cielo
muchacho muerto que pones tu oído en la tierra
como si sólo escuchases música:
estáis, en realidad, durmiendo, durmiendo. 
No turbéis más su sueño. 
No turbéis más sus sueños.
Y si lo hacéis, que sea
sólo para depositar como una ofrenda, 
en sus manos cercanas y distantes, imposibles, 
la verdad

...escribe en "11 de marzo de 2004".

  
     A pesar de este poema y los dedicados a la Guerra del Golfo, la de Irak, la caída del muro de Berlín, los graves problemas medioambientales, los totalitarismos o la tensión bélica en Jerusalén, a pesar de asegurar que "hoy hay motivos para rebelarse", Colinas cree que "el autor debe, ante todo, escuchar su propia voz, ser fiel a ella y cruzarla con lo que pasa a su alrededor". Destaca categórico: "Son buenos tiempos para la poesía". Prefiere no utilizar el término "lírica", que esa expresión ya ha quedado para el cargamento peyorativo. "Son buenos tiempos para la reflexión, para esa lucidez de la palabra de los poetas", aclara.

     La magna obra, que recopila su poesía e incluye poemas rescatados de sus cuadernos ahora por el propio autor, así como el poemario inédito El laberinto invisible, recibe al lector con un texto en el que Antonio Colinas esboza la evolución de su trayectoria poética. En él se encuentran las perlas sobre su postura creativa, que aclaran pautas del poeta al hilo de lo mencionado: "[El poeta] no ignora la realidad-realidad, pero se ve obligado a trascenderla para no hacer una fotografía en blanco y negro, o la noticia de un periódico. Porque la poesía lleva consigo esta obligación primera: ir siempre con la palabra más allá hasta dar con la palabra obligadamente nueva".

     Cree Antonio Colinas que hay que restaurar la palabra herida por la rapidez con la que la actualidad la usa y la destruye, la golpea y la transforma, la debilita y hiere. Siempre escribir "a contracorriente", dice, como una de las misiones esenciales de la poesía. Para ponerle tiritas a la palabra maltrecha. Sin prisas, lejos del instante, de la brevedad y los titulares. Aunque a veces parezca que por ello el poeta se aleja de la realidad, "una palabra contraria a esa rapidez es necesaria", añade el autor. Y destaca que lo que importa, a fin de cuentas, es "la sinceridad de uno con su voz".

     El autor de Sepulcro en Tarquinia (Premio Nacional de la Crítica en 1975) no duda de la eficacia social del poema, "porque el verso, cuando es verdadero, siempre lastima o siempre construye". No sólo es capaz de ofender al poder irracional, no sólo enriquece la sensibilidad del que lee, sino que también le sitúa en el enfrentamiento de la "dualidad terrible", que es "la luz y la sombra", "lo blanco y lo negro", "la vida y la muerte". Una lucha a la que el poeta todavía no ha visto final, por supuesto. Por ello sus alejandrinos guardan el testimonio de una esperanza largamente aplazada.

     Sí, "la palabra del poeta siempre es una palabra crítica". Y justo en un mundo excedido por ellas, el poeta puede curarlas. "Es un sanador que devuelve la salud a las palabras. Cada uno tiene su voz: hay poesía que grita y otra que serena. Quiero pensar que la poesía, sea como sea, tiene la capacidad de sanar", cuenta a este periódico. De hecho, en Obra poética completa no hay un Antonio Colinas sentimental o culturalista o metafísico o entrometido. "Cada lector puede buscar su remedio en estos 16 libros en busca de esa sanación", explica.

    El poeta que sana es un escritor de temas perennes: el amor, el tiempo, la naturaleza, la muerte. Y sus raíces. Sus valles, sus montes, las nieves, las tardes, la luz y el diálogo con el mundo. Un poeta en conversación con otras culturas, como la oriental. Parece que lo lleva grabado en alguna parte de su ser: "La poesía es la palabra viva", no cansa de recordar.

     Sólo cuando todo falle, cuando el hombre vuelva a alumbrar su estupidez, llegará la poesía, esperanza al fin, único lenguaje compartido: "Siempre recuerdo cuando los mandatarios recurren a un verso en sus discursos en esos momentos en los que la razón ha desaparecido. Es la última oportunidad. Se recurre a un lenguaje en el que todos estamos de acuerdo, la poesía es un lenguaje concorde".

      El Paraíso vive en la poesía, puede ser la plenitud del ser, como recuerda él mismo. "No es fácil encontrar un cierto equilibrio en los pensamientos, en los sentimientos", enuncia para recrear un lugar ideal en el que estar. Aunque, no se olvida, siempre quedarán los espacios naturales, amenazados. 

Mira la nieve humilde de la cima tutelar, 
donde se cierra el círculo 
que se abriera en tu infancia, 
donde se abre la noche del ser 
en la luz que es más luz, 
donde ya no hay preguntas
ni respuestas
 
...escribe en Signos en la piedra, el último poema de lo nuevo.

     Quizá por ser un poeta en busca del Paraíso y los suyos lectores sin noticias de tal lugar tenga su poesía nostalgia de la infancia, "el territorio de la plenitud, donde se dan las primeras contemplaciones, esenciales para el autor", dice. Desestima la opción de esa melancolía entendida como escapismo o ensoñación, porque esa naturaleza y esos recuerdos "todavía están ahí". "Es un retorno a la naturaleza sin evitar la naturaleza".

     La infancia y el verano son dos símbolos básicos a los que la poesía de Antonio Colinas vuelve constantemente. Un poeta neorromántico como él está cosido a los símbolos, lo reconoce. Los ríos, la ribera, el bosque, las ruinas se mantienen hasta el final. "Zambrano decía que los símbolos son el lenguaje de los misterios. Es decir, cuando el ser humano está en una situación de crisis, en un camino sin salida, nos aferramos a esos símbolos permanentes de la naturaleza", aprovecha para lanzar un llamado a preservar nuestro entorno. Porque la naturaleza, como la poesía, "es un poco de tibieza o calor contra la dureza de la vida o de la muerte".
 

DICCIONARIO
Antonio Colinas, un poeta con un mundo lleno de símbolos.

Luz
La luz es el conocer. En este caso ya no es el humanismo de los poetas antiguos y filósofos de Extremo Oriente, sino un humanismo de raíces cristianas. De la luz llegan las ideas perennes del amor y la paz, en tensión frente a lo bélico. Motivo del que se sirve para subrayar la terrible dualidad del ser.

Viaje
En 'Libro de la mansedumbre' el viaje no es otro que "el que nos lleva a nosotros mismos: el viaje interior; frontera que no es otra que la que señala los límites del ser y del no ser". Este poemario es fruto de la tercera etapa de Antonio Colinas, en la que la poesía surge de la realidad no para fotografiarla, sino para "metamorfosearla".

Luna
Acompaña al poeta en sus aventuras nocturnas amorosas. Es una imagen cargada de referentes románticos, extraño en un poeta de la segunda mitad del siglo XX. Justamente esto es lo que le diferencia del grupo de los 'Novísimos', con quienes se le relacionó: su utilización de los elementos de la naturaleza, no como adornos, sino como elementos esenciales para la totalidad del poema.

Noche
Cuando entiende la poesía como un proyecto metafísico con responsabilidad moral, aparece la noche. Le sirve a Colinas para subrayar su contrario: la luz, el bien. También relaciona, claro, la noche con lo negro. Buena prueba de esto es 'Noche más allá de la noche', un libro de madurez, escrito con 35 años.

Piedra
Este símbolo sintetiza la fascinación y el misterio que la naturaleza produce en Antonio Colinas. De nuevo, su obra tan trenzada entre vida y poesía ha distanciado al autor notablemente de sus compañeros de generación. Los poemas de Colinas no sorprenden por el tema abordado, sino por la sencillez con la que se abordan.

Diario Público
“Tiritas para el paraíso”
Por Peio H. Riaño


Alfredo Rodríguez y Antonio Colinas, Ibiza, verano 2009

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