El Laberinto Invisible de Antonio Colinas

     
     Es un regalo. Aparece al final de su OBRA POÉTICA COMPLETA, que acaba de publicar en estos días de invierno la editorial Siruela en formato de lujo con tapa dura y cubierta preciosa con la imagen de perfil fascinante de Simonetta Vespucci, la musa florentina de Botticelli y también la musa de mi viejo y querido maestro, Antonio Colinas. Es un poemario inédito que lleva por título EL LABERINTO INVISIBLE, y que no viene fechado porque se trata al parecer de un libro abierto, poemario itinerante, una especie de 'work in progress', escrito en el tiempo y aún sin culminar, que abre nuevos caminos y fronteras.
     Ayer a primera hora de la mañana y aunque hacía frío salí con Óliver a pasear y me llegué despacio hasta mi refugio de cristal, mi "crisálida perfecta", el Café del Baluarte. En el cesto de la silleta llevaba una joya para abrirla y poseerla en el momento justo en que Óliver se durmiera: el libro con la OBRA POÉTICA COMPLETA de Colinas, códice que contuviera un exquisito perfume al entreabrir sus páginas. Agua de los manantiales. Belleza y desolación de un hombre que ha sentido toda su vida la fascinación de la Poesía. Un arte de vida, una delicadeza del espíritu. Y es que a Colinas sin duda la vida le confió un cometido sagrado.

***



HALLAZGO DE UNA ESTATUA JUNTO A UN MURO


I


Mientras no existías,
mientras morabas en lo negro hondo,
mientras estabas enterrada, fuiste
en verdad una Diosa.
Mas luego los humanos hemos ido
mirándote despacio y, al mirarte,
como el hombre supiste de la sed y el dolor,
conociste la duda,
las penas de saber y no saber;
supiste cómo un día es menos bello
que otro, porque el tiempo
va pasando feroz.

Así que también tú, eterna, oculta
hasta ahora, has probado la muerte.
Mas siempre durará aquel instante
en el que fuiste Diosa,
al pasar de lo negro al blanco,
de la noche al día,
cuando abriste tus ojos a los nuestros:
alma arrancada a la piedra del mundo,
carne arrancada al alma de la piedra.




SIGNOS EN LA PIEDRA


Sigue la senda de las piedras musgosas,
la que conduce a la gran roca,
a la raíz del ara,
a la raíz eterna 
del tiempo.
Mira la nieve humilde de la cima
tutelar,
donde se cierra el círculo
que se abriera en tu infancia,
donde se abre la noche del ser
en la luz que es más luz,
donde ya no hay preguntas
ni respuestas.

En esa nieve posa tus dos ojos.
Luego, pósalos en el ara
y respira profundo,
muy profundo.
Posa también tus manos:
que se aquieten tus manos como palomas,
que echen raíces
en el silencio helado de la piedra.
Verás en ella señales muy leves,
signos dictados por el firmamento,
los símbolos de un tiempo infinito
que va huyendo de ti,
mas que a la vez está en tu interior:
revelación del alma que no muere.

No podrás ir más allá.
No debes ir más allá.




CATORCE RETRATOS DE MUJER


VIII


Casi cuarenta años llevaba sin saber
dónde empezaba y dónde terminaba
el sueño de humo azul de las hogueras
de este valle 
de Atzaró,
el que me perturbó para siempre una tarde
cobriza de invierno.

Tuviste que llegar tú, Mary Wu,
una noche de agosto
con tu piano, con tus manos, con
aquella melodía
("La canción de la luz cristalina", de Joyce Tang),
para que desvelases el secreto
que estaba muy oculto
en el verde más verde
de los árboles opulentos,
en el abismo de las dos fuentes,
en la calma del estanque rebosante
de luna amarilla,
en el silencio de los rebaños como muertos,
en el secreto negro del pozo blanco,
en el secreto blanco del alma verde
de la isla.

ANTONIO COLINAS
El Laberinto Invisible
OBRA POÉTICA COMPLETA
ed. Siruela, 2011

Antonio Colinas y su perro, Golfo Feliz, con el Monte Teleno al fondo, diciembre 2008

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