Anaqueles sin dueño de Pedro A. González Moreno



    
     Mi buen amigo, el poeta manchego, Pedro A. González Moreno, tiene en su casa un pequeño botín del mundo, una librería de espíritus que vuelan como un eidolon, una estantería ad hoc o para fin específico y noble, un apartado especial de su biblioteca en que duermen los libros que dejaran escritos aquellos poetas que decidieron partir antes de tiempo, acabar con su vida.
    
     En este libro que ahora tengo entre mis manos, ANAQUELES SIN DUEÑO (brillante premio Alfons el Magnànim “Valencia” de poesía en castellano), Pedro nos va haciendo un recorrido, balda por balda, en esa vieja estantería precisa y preciosa donde cada día le esperan al llegar a casa y cuando cae la noche sus muertos excelsos, espectros de poetas de otro tiempo en forma de imágenes descarnadas.
      
     Y es la emoción viva en cada verso, en el borde mismo de la palabra la que nos asalta nada más abrir el libro.


…-¿cuándo
pudo ordenarse el reino del dolor?-



…-nunca pudo
el dolor ordenarse-…



…los que hicieron de la vida un acto
heroico y prescindible,
e hicieron de la muerte
una bella y amarga ceremonia…


A ellos está dedicado este libro, ANAQUELES SIN DUEÑO. 
Va por ellos, maestro Pedro…


…los que alumbraron con alcohol las noches


…los que, con las hebras del fracaso,
se tejieron su soga


Y va siguiendo uno fácil el hilo de estos versos nuevos de Pedro A. González Moreno, con el corazón colgado de un hilo de pita. Los otrora orgullosos poetas, derrumbados por el tiempo y su muerte provocada.


Los que sembraron versos en un surco
y no pudieron verlos germinar
porque se había vuelto maldita su semilla.


…pero amaron la vida, la amaron y la odiaron



Un poemario escrito, parido “con la sangre del último poema que dejaron escrito” estos hombres y mujeres.

                          
…una copa de amor
con estricnina…


…bellos cadáveres
que tuvieran el raro privilegio
de elegir una muerte distinta…


va borrando las huellas de su paso
por la arena del mundo…


ha visto la belleza desde el horror…



Con ese poso, esa hondura que dejan los años recorridos de este poeta manchego de tan noble corazón y estirpe. Láminas de oro cinceladas, eso son sus versos últimos, los de este libro que ahora ando yo a salto de mata leyendo, en los pocos ratos en que este niño me deja a solas cuando no llora y duerme.


…pájaro con las alas quemadas


Duro poemario, nocturno y amargo, arrebatado, por el que van desfilando, uno a uno, los derrotados de este mundo, este mundillo nuestro de los poetas que nadie comprende, nadie ya acierta a entender en nuestra época aciaga.


Por qué insistir aún en la escritura
cuando todo se ha escrito…


Muy bien tejida la historia que nos cuenta. Triste historia. Amarga como la hiel. Tumba saqueada después de una vida dispendiosa. Historia real, vida real la de estos poetas muertos, pedazo de carne viva y palpitante en estos versos de Pedro.


…yo besaré tu carne envenenada,
me beberé, mezclada con vino, tu saliva.
No entregues a la noche
tu cuerpo…


Pedro ha decidido hacer literatura de sus poetas muertos, poetizar sus últimos momentos, sus últimos pasos ciegos en este mundo extraño. Regio teatro de sombras.


…un poema que nunca llegará ya a escribirse.


Ha decidido acercarse, hasta casi tocar, palpar el ataúd hundido profundo en la tierra de los muertos, los poetas suicidas. Es un “Brujo que sabe tocar el fuego sin quemarse…”



…maneras de morirse sin ruido.


…que van dejando impresas en las paredes
una escritura del olvido…


Que amargo don el de este poeta tan hondo, que quiere hincar sus dientes a la Muerte y salir, despacio, antes de su gran mordisco final a estos ángeles caídos del infierno de los que ahora nos detalla cómo fueron abandonando este mundo.


Dulce envenenadora de la luz y el aire…


Pedro A. González Moreno sabe, conoce que “los suicidas tienen un lenguaje especial”, como dice Anne Sexton. Sabe también que “los suicidas no destruyen, salvan…”


Soy la amante del mar, la que ya nunca
confundirá el amor con la caricia.


Tiene claro que “Mejor hundir el barco que dejarlo perderse / a la deriva…


…y poco importa haber perdido el rumbo


…de esta incierta y amarga borrachera de sombras
que una vez fue la vida.


¿Cómo será la última mirada desde dentro
del agua?...


Desgarrados poemas los de este libro, ANAQUELES SIN DUEÑO, de Pedro A. González Moreno. Como de otro tiempo. Con ellos, gracias a ellos, arrancados estos poetas suicidas del olvido permanente en el que vivían en este bajo mundo.


…turbia alucinación de los sentidos
que alguien quiso llamar la realidad…

                
…Arranquemos tantos días
Despoblados. Que quede
sólo lo imprescindible: lo vivido, su peso
de maletas vacías…


…no habrá navegación,
                             sólo deriva.


Un poco macabro –dirán algunos, necios- construir un poemario sobre poetas suicidas, contando con pelos y señales cómo fueron, uno a uno, quitándose la vida, apartándose para siempre de este mundo.

Pero la emoción cabalga sin montura en poemas de Pedro como éste, inmenso, de título EL CERCO, desnuda te toma esa emoción verdadera y te golpea…




EL CERCO


Ahora que la noche
tiene ese aroma de la fruta
madura, y llueve, ven
aquí. Sin prisa; deja
que el agua y que la luz discurran
ya sin nosotros; ven, acércate
a este fuego. Las llamas
arden para los dos. No importa
que no haya velas encendidas.
Baste con avivar
de cuando en cuando los rescoldos. Echa
algún recuerdo (la memoria arde
como las ramas secas
de un nido); dale al fuego
todo lo que te pida, todo
lo que no sea posible
retener en los labios. Será larga
la noche, sin embargo
será más largo aún
el sueño. Ya no importa
salir al mundo, porque al otro lado
de estos cristales, puede
que el mundo ya haya sido borrado por la lluvia.
Sólo es preciso alimentar la lumbre
con más recuerdos, con
más mapas de ciudades e islas que habrán sido
también borradas por el agua. Sólo
procura que este fuego no se apague.
Haz un ramo de luz con esas llamas
para hacer frente al sueño o a la noche.
Antes de que la muerte
nos ponga cerco, llena
las copas. Nadie sabe
cuándo amanecerá. Sólo sabemos
que queda fuego para compartirlo.
Ahora que este oficio,
el de vivir sin más, se nos acaba,
es el momento de avivar la hoguera.
Ahora que el invierno
se adueña poco a poco de las cosas.
Ahora que está todo
dispuesto y como a punto de soñarse.
Ahora que ya conozco tu nombre
                                                       y sé que nunca
tendrá un nombre más bello la derrota.



 fragmentos extraídos del poemario 
ANAQUELES SIN DUEÑO
PEDRO A. GONZÁLEZ MORENO
ed. Hiperión, 2010

el poeta Pedro A. González Moreno, en una foto reciente

Publicar un comentario

  © Blogger template Shush by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP