Panegírico de Nina Gaguen-Torn



     Me llegan por fin por correo postal desde Renacimiento Los obscuros leopardos de la luna -ultimísimo poemario de mi  querido maestro José María Álvarez-, y me ocurre lo que me suele ocurrir en estos casos: que ya me había adelantado yo, impaciente como siempre, a comprarlos en mi librería de siempre. No podía esperar más. Necesitaba el libro en mis manos. La dicha. 

     Los poemas ya los conocía, claro, el propio Álvarez me los dio a leer el pasado verano, bueno, a leer, y a corregir unas cuantas erratillas, que luego recuerdo que me decía por teléfono cuando se las señalaba, ¡qué haría yo sin ti! ¡qué haría yo sin ti...!

     Bien. Los obscuros leopardos de la luna son una feliz vuelta a los buenos tiempos de Álvarez. Los tiempos de Museo de cera, los viejos tiempos. Yo diría hasta que, el libro en sí, sería un pequeño Museo, un nuevo pequeño catálogo, un espléndido paseo por sus maravillosas salas de siempre. Los signos y prodigios de Álvarez. 

     El poeta ha vuelto. El mejor poeta que nunca tuvimos. Lo mejor de lo que fuimos, como él diría. Recuerdo también ahora escucharle decirme por teléfono hace ahora poco más de un año, el nuevo poemario te va a gustar, Alfredo, te va a golpear... Vaya que sí. Puedes jurarlo, amigo. Touché.




*

VIII
PANEGIRICO DE NINA GAGUEN-TORN

  
Echaron me a cuestas azogue por peso
e peñas e sierras e fierro plomado,
mas nunca perdy por ello mi seso.
-Ruy Paez de Ribera-

Here's the smell of the blood still.
-William Shakespeare-

Virtus, respulsae nescia sordidas
Intaminatis fulget honoribus.
-Horacio-


Como se seca la sangre
en una hoja que ha matado
                                                      en mi memoria
el odio         no queda más que odio
en mi memoria contra
todos los que te hicieron
daño todos los que causaron
tanto dolor
a tantos
 

                              Cuando miro
tu fotografía (esos ojos esa
sonrisa) querida
Nina                   esa mirada en paz
 

                                                    Y ese rostro de los días felices
                                                    va transfigurándose           veo una mujer avejentada

por el dolor
         la deshumanización huesos pellejo
         de los que cuelga una
         bata 
         sucia 
                    delante de un paisaje 
         de hierro
    
                            Pero sigue esa mirada en paz
                                                                              Y odio
coágulos de odio
Odio a los funcionarios que te interrogaban
Será mejor Coopere
tan eficientes pulcros veo
sus guantes de
goma los alicates     las jeringuillas      seguramente
buenos padres de familia respetados
por sus logros
 

y asesinos
Les habían dicho: Interroga
 

                                                              El odio
arruina
mi corazón
Pero ya no siento más que odio
 

Odio por esos funcionarios
por el gobierno que ordenó tu prisión
los intelectuales que apoyaron ese gobierno
la buena gente que sostuvo a ese gobierno
 

No queda más que odio
                                          hacia ellos
                                                            en mí
Daba igual que ninguna pregunta
tuviera que ver contigo El funcionario se limita a llenar un expediente
escribe con buena letra Ya ha baldeado
                                                                    la sangre
                                                                                    del anterior
interrogatorio Ni te mira Estás
 

ahí
en pie   bajo ese foco     Lo
único que dices
es Y a usted cuánto le pagan
                         por hora de interrogatorio              El
funcionario no se inmuta
No levanta los ojos
del expediente  Toma algunas notas
Es eficiente en su trabajo sólo soy un
funcionario Cumplo con mi deber
 

de asesino
 

(Cuando se levanta de su sillón en el cojín
deja una mancha amarilla horrenda y misteriosa
como alguna vez leí que dejan los muertos
sobre todo lo que tocan)
 


Imaginar aquellos días
La peste a carne cruda de los interrogatorios
esas filas de seres humanos humillados
pisando ya sin fuerza una nieve
como un esputo con hilillos de sangre
en la blancura de los reflectores
camiones en la niebla cargados de despojos
hielo de hierro conciencias descuartizadas No es una
pesadilla estás ahí
seres humanos volviéndose locos
de sufrimiento golpeándose las sienes contra las sienes
 

Pensar en esos días
en lo que viste lo que
sufriste
 

El viento trae alaridos sucios
el olor del dolor
piso pájaros muertos
bajo la pestilencia de la Luna
 


Pero hay algo que asciende del Horror
algo que vence al Horror
                                                 que nos permitirá
consolarnos cuando
suceda de
nuevo
 


                no concediéndoles a los verdugos nada
que les hiciera pensar que eran personas
que merecían otra cosa
que ser despreciados                   Tú
 

que nunca transigiste con el Mal
 

Cuando te torturaban
no consiguieron ni por un segundo que
dejases de ser tú olvidases
amar lo que hay que amar   Como si aquella salmuera de la celda
las membranas húmedas de la vileza
aquella sangre del desagüe de los mataderos
no existiera                      Nada
-decías- es más necesario en la prisión
que la Poesía
                          saber los versos de memoria
                          carne tuya
(¿Y a usted cuánto le pagan por hora de interrogatorio?)
 

                                                 Y al volver a la celda
les recitabas poemas a los otros prisioneros
Nunca dejaste que apagaran
en tu corazón
el amor
 



Recuerdo una película de Malle
Hay un sastre judío qua ha sufrido
las peores vejaciones Ha seguido cosiendo
Un día es detenido
                                         Lo único que dice
al ser interrogado
es ¿Por qué me tutea usted?
Quiero decir
                          Usted puede matarme
                          torturarme Lo que
                          quiera                   ¿pero quién es usted
                          para tutearme?
 


Eso hiciste tú                 ¿Quién es usted?
Aquellos policías aquellos funcionarios
podían preguntar y preguntar
amenazarte
                                  Tú
estabas recitando en tu memoria
versos de Homero   de Safo   de Teócrito   de Pushkin
 

No estabas allí
 


Hoy paseando
he pasado ante la casa
donde vivió Drieu la Rochelle El hizo lo contrario
que tú: Eligió
Tu gran lección es no elegir
entre formas del Mal
Drieu creía que sólo podía ser
o comunista o nazi      al fin y al cabo eran la misma
abominación
 

Y eligió
Al menos fue coherente y acabó
suicidándose
 

                          Tú sabías 
que no se puede ser
parte del Mal
De un lado está el Horror
los esmerados expedientes del Horror
Del otro
                   nosotros
                                  Pero no cruzar palabra
                                  ¿Por qué me tutea usted?
                                  No darles nada
                                  donde puedan pensar
                                  que no son inferiores
                                   a ti              que no son sino
basura
 


Sí Es este
tiempo El nuestro
Y no hay
                    otro
                                 Este bestial
arrastrar seres humanos por calles solitarias
ante ventanas que la gente cierra
¿No oís la trituradora
de huesos los gritos en la noche
de los que se arrodillan en el frío
suplicando piedad
La risa de los desolladores
Esta espantosa cicatriz
 


¿Recuerdas lo que Horacio escribió?
Del primer libro de las Odas
Parece escrito hoy
 

Eheu cicatricum et sceleris pudet,
Fratrumque; quid nos dura refugimus
Aetas? quid intactum nefasti
Liquimus? unde manus juventus
Metu deorum continuit? quibus
Perpecit aris?
 

Avergoncémonos de nuestras cicatrices, nuestras culpas
Monstruosas. ¡A cuántos hemos asesinado! ¿Qué atrocidad

en esta época de piedra no hemos cometido? ¿Qué sacrilegio
no nos mancha? ¿Aparta nuestra juventud su mano

de algo por miedo a los dioses? ¿Qué altar
no hemos profanado?
 


Pero de nada tienes tu
que avergonzarte
Libre estás de culpa
Sabías que el Mal existe
pero que existe el Bien y a él te consagraste
No hay sangre en tus altares
 


ENVIO: Déjame repetir, Nina, sobre tu tumba
lo que Timnes dijera de aquel ave:
Posada en un olivo te han matado. Mas los mudos caminos
de la noche, han guardado tu vuelo y dulce voz.


José María Álvarez
LOS OBSCUROS LEOPARDOS DE LA LUNA
ed. Renacimiento, Sevilla 2010
Alfredo Rodríguez y José María Álvarez, buscando la placita de Furstemberg, 
París, octubre 2005

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