Bajo la protección de los ángeles custodios




En 1989 podía sentirse cierto optimismo ante el futuro inmediato de la poesía española. Hábitos negativos como la deliberada oscuridad y la falta de plan a la hora de concebir el poema, adquiridos a lo largo de las pasadas décadas, habían caído en descrédito y los poetas novísimos, que habían ejercido una influencia devastadora, no gozaban de prestigio alguno entre las nuevas generaciones. Solamente seguía siéndoles fiel su guardia pretoriana: cierta crítica que aún no advertía que la claridad había jugado fuerte y había ganado la apuesta. Por esas mismas fechas, otras sectas, como la de los silenciosos, sólo hacían reír después de estar acostumbrados a provocar impostadas respuestas místicas en los lectores, y el problema de la página en blanco empezaba a considerarse como lo que en verdad era: el problema de la mente en blanco. Las filas neosurrealistas, por aquel entonces, se nutrían de adolescentes casi analfabetos y esto era del dominio común. Pero no todo habían sido negativo en la actuación de estos grupos: habían alejado por completo de la poesía al público, y, sin público lector que no fueran los mismos poetas y con una crítica incapaz en su mayoría de discernir los acontecimientos, esos mismos poetas pasaron a ser la única autoridad. La importancia que esa caída total tuvo para el renacer del género nunca se ponderará en su justa medida. Por irónico que resulte, la situación de la poesía en 1989 era mejor que la de la novela, ésta sí con lectores, porque podía imponerse de nuevo una autoridad sin depender de editoriales y suplementos literarios.
     
Durante los años setenta y a principios de los ochenta, algunos autores se habían alejado, con mayor o menor fortuna, de la corriente dominante. Se puede hablar de una resistencia silenciosa o, mejor, silenciada. Pero hay que esperar a 1985 para encontrar un libro que una a su calidad el suficiente carácter emblemático como para convertirse en punto de referencia. La caja de plata de Luis Alberto de Cuenca es ese libro.
     
Iba a ser uno de los hijos tardíos del movimiento anterior, como a menudo sucede, un poeta, en este caso, que había desarrollado hasta la exageración algunos motivos novísimos y que conocía por dentro el mecanismo culturalista, quien, de manera más evidente y por contraste, mostrara la debilidad de la poesía dominante hasta entonces. En la década anterior había publicado dos libros de escuela, Los retratos y Elsinore, y otro que revelaba cierto cansancio de las viejas fórmulas y daba alguna pista de lo que sería su modo de hacer en adelante, Scholia. Todo ello le había proporcionado alguna consideración en círculos restringidos, aunque hacia 1986 su indudable prestigio se lo debía casi exclusivamente a su actividad filológica; de suerte que, cuando en ese año La caja de plata recibió el Premio de la Crítica muchos pensaron que se trataba de un reconocimiento indirecto a la amplia labor literaria de Luis Alberto de Cuenca. El autor de estas líneas fue el primero en sorprenderse de tal concesión, precisamente porque se encontraba entre sus más firmes admiradores y no había visto desde que apareciera el libro ninguna señal que indicase especial aceptación o éxito, pero más tarde pensó que ese acierto involuntario o inconsciente tenía un alcance significativo, porque varias de las características fundamentales de la poesía que empezaría a hacerse notar en los años sucesivos ya estaban en La caja de plata.
    
¿Cuáles son esas características fundamentales? En principio dos que destacan a primera vista y que no se habían desterrado del todo, aunque ahora adquirían nueva significación: la voluntad de narrar y la importancia concedida a la métrica; y luego una tercera, genuina de Luis Alberto de Cuenca y que es la que influyó de forma más evidente: la nueva manera, alejada de la retórica y de la estridencia, de concebir la posición del poeta entre la realidad y lo fingido. De esta última se derivaría otra característica, la de la utilización del sueño como vehículo no de confusión, sino de ordenación de la realidad, de una realidad que a veces se nos hace íntima a través de lo más inesperado: la hipérbole. En esa línea discurre El otro sueño (1987).
     
El libro que aquí presentamos recoge la obra de Luis Alberto de Cuenca escrita entre los años 1970 y 1989 y revisada por el autor. Incluye cuatro libros: Elsinore, Scholia, La caja de plata y El otro sueño, además de poemas publicados sólo en revistas, una plaquette y textos inéditos. Algunos de los mejores poemas de la década de los ochenta se encuentran en las páginas que siguen.


JULIO MARTÍNEZ MESANZA
Madrid, 2 de octubre,
festividad de los Ángeles Custodios


Prólogo del poeta Julio Martínez Mesanza al libro
POESÍA 1970-1989, Luis Alberto de Cuenca
ed. Renacimiento 1990
    el poeta Luis Alberto de Cuenca

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Sonetos shakespereanos



La fecunda y maravillosa traducción que de los famosos Sonetos de Shakespeare hizo el poeta José María Álvarez para la editorial Pre-textos en el año 1999 -edición hoy desgraciadamente descatalogada e inencontrable incluso en librerías de viejo (yo pude conseguir milagrosamente un ejemplar que me enviaron desde la propia editorial valenciana, uno que guardaban en el almacén descartado ya para la venta al público por estar ligeramente estropeado desde una inundación que habían tenido en el local)- es, sin ningún lugar a dudas, la más alta e interesante traducción que sobre los SONNETS del genio inglés se haya llevado a cabo en lengua española. Una auténtica obra de arte, de verdad. No estoy exagerando otra vez como pudiérais quizá pensar.

Todos sabemos lo que supone traducir poesía. La gran dificultad que entraña. Y muchas veces la imposibilidad casi total, como en el caso de la poesía china, rusa o japonesa. El resultado nunca suele tener nada que ver con aquello que en su día quiso decir el poeta en su lengua original.

Para la noble tarea de traducir poesía hay una condición previa absolutamente necesaria e imprescindible: que quien la lleve a cabo sea poeta. Efectivamente ha de ser alguien capaz de darle al texto, una vez traducido literalmente, por él mismo si domina bien ese idioma, o por otra persona especializada en el mismo, lo que se llama sentido poético.

Y en cuanto al resultado final de la obra poética traducida, una cosa tiene que quedar muy clara: con la traducción poética se está creando una obra nueva, un libro nuevo, que vivirá su vida independiente del texto original. Olvidémonos pues de aquellas traducciones que se hayan podido hacer literalmente (el problema de la traducción en este país es muy grave, algunas traducciones son, como dice Álvarez, de juzgado de guardia). Será pues un libro nuevo, uno más dentro de la obra del poeta traductor, que le dará -si es capaz de ello- su peculiar y personal toque, tono, clima, sentido y mensaje poético. El latido de la pasión del poeta antiguo en lengua extranjera. Porque, en efecto, estará creando, como digo, una obra nueva y distinta.


***



XV

Cuando medito en que todo lo que alienta
Sólo un instante la perfección conserva,
Que tan vasto escenario como el mundo
Es para obras cuyo sentido sólo conocen las estrellas;

Cuando miro a los hombres reproducirse como plantas,
Sujetos a la suerte bajo qué mismo cielo,
Humillada la juventud que fue orgullosa,
Arrastrando al olvido hasta el esplendor de su memoria;

Ante el paso de esa vana imagen
Como el oro de tu juventud refulge para mí,
En medio de la lucha que Tiempo y Decadencia
Entablan para mudar tu aurora en noche obscura.

Así, por tu amor en guerra con el Tiempo,
Lo que él arrebata, yo sé que te devuelvo.

*

XXX

Cuando en horas de dulce y silenciosa añoranza
Evoco la memoria de las cosas pasadas,
Y por tantas ausencias me lamento
Llorando el tiempo para siempre perdido,

De nocturnales lágrimas se me velan mis ojos
Por todos esos seres amados que se llevó la muerte,
Y las viejas cicatrices del amor otra vez están frescas
Como un lamento, mientras van apagándose esos rostros queridos.

El dolor del pasado va tomando mi alma,
Y dolor a dolor, en esa amarga cuenta
Que doblemente pago, evoco con tristeza
Aquello que creía ya saldado en su día.

Pero si entonces pienso en ti, oh amado amigo,
Los pesares se enjugan y yo renazco alegre.

*

XL

Toma todos mis amores, mi amor, tómalos todos:
¿Qué más tendrás que antes no tuvieras?
Ningún amor, amor, que fuera amor de veras:
Ya era tuyo lo mío sin precisar de esto.

Si por mi amor mi amor tomaste,
¿Cómo reprocharte que uses de él?
Pero repróchate a ti mismo si te engañas
Por deleitarte caprichoso con lo que poco amas.

Te perdono tu robo, fascinante ladrón,
Aunque sólo pobreza mía a ti te robes;
Ya sabe amor que no hay mayor pesar
Que la injuria del odio, más que penas de amor.

Hermosura lasciva que muda mal en gracia,
Mátame con desdén, mas que no pierda tu amistad.

*

LXVI

Harto del espectáculo del mundo, pido paz a la muerte:
No quiero ver nacer huérfano al mérito
Ni alzada en triunfo la miserable mediocridad
Y a la más pura fe violar innoblemente,

Ni el alto honor con deshonra pagado,
Ni el pudor virginal brutalmente humillado,
Ni la justicia verdadera como la injusta vista,
Ni el poder destruido por un torpe ejercicio,

Ni al arte amordazado por la autoridad,
Ni al talento censurado por la estupidez,
Ni a la lealtad por transparente vista como simpleza,
Ni al bien cautivo de la fuerza del mal;
Harto del espectáculo del mundo, dejarlo yo quisiera
Si al morir no dejase también al que yo amo.


William Shakespeare
SONETOS
Edición y traducción de José María Álvarez
ed. Pre-Textos, Colección La Cruz del Sur, Valencia 1999


Alfredo Rodríguez y José María Álvarez,
Archivo Histórico de Navarra, Pamplona 2006

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El río de sombra (selección personal) I



EL RÍO DE SOMBRA, del gran poeta español Antonio Colinas, es o supone una relación cronológica de toda su Obra poética, editada en varias ocasiones -una de las cuales, la agrupada bajo el título POESÍA 1967-1982, fue Premio Nacional de Literatura en ese último año-, con sucesivos añadidos y pequeñas modificaciones en determinados versos a lo largo del tiempo, y hasta su última edición, titulada EL RÍO DE SOMBRA Treinta y cinco años de poesía 1967-2002, ha llegado hasta nuestros días como una Obra totalmente imprescindible para cualquiera que desee acercarse de corazón y con interés a la mejor Poesía en castellano de todos los tiempos.

Ofrezco aquí, en sucesivas entregas, los versos concretos que a mí personalmente más me hicieron gozar en su día, durante las primeras lecturas, aquellas primeras veces en  que me "enfrenté" feliz a ellos. Algunos de ellos se encuentran entre los que más me han hecho disfrutar en mi vida como lector de Poesía.

Antonio Colinas agradece vivir y eso se percibe tanto en sus versos... Escribe sin ira. Como aquellos juglares de la Occitania que cantaban al fin'amor. El arte del amor depurado. Poesía esplendorosa y elegante, de límpida tonalidad. 


Antonio Colinas y su perro, Golfo
(Enero 2010)


***


Si a mi lado vinieras esta noche
como el agua del lago hacia las rocas

(...)
                                    
                              Amor, si ahora
vinieses a mi lado, cuánto gozo
libaría la noche temblorosa
en mi pecho encendido...

(...)
                                   
                                   Y, turbándome,
pasas la noche, amor, por mi memoria.


*


Una noche de junio, en que la luna
cruce por los ramajes, partiremos
también nosotros de las aguas mudas
hacia la tierra de los muertos


*


Triste yunque de amor es este cuerpo.


*


Otra vez probaría la hermosura,
sin rostro, de tus labios en la sombra


*


Yo, en los lagares ciegos de tus venas, libaba
tu sangre, un nuevo amor para mi sed de hombre.


*


Si llegara el invierno enjaezado de oro
no serviría, amor, para calmar mis ansias


*


Aquí tengo los brazos abiertos como un río,
las venas descansadas, todo el amor del mundo


*


Alguien habló, dijeron que nosotros
éramos de otro mundo, que en las frentes
nos brillaba una luz desconocida.


*


Dejó de derramar la luna luz de azufre
y todo el firmamento quedó mudo, tranquilo.


*


Noche adivinadora de presagios...


*


Lejos de ti la noche bebe muerte


*


Creo que he amado mucho y necesito
otra clase de amor que no sea el mío.


*


Noche más pura que este sueño,
que el verdoso veneno de la copa
y de la poesía.


*


Quise con vuestros huesos hacer flautas, oscuros oboes de bruma


*


Fui abad entre los muros de Roma y era hermoso
ser soldado en las noches ardientes de Corfú.



*


deprisa, llegaremos aún a tiempo
de tocarle los pechos a la noche griega.


*


se abrieron las cancelas de la noche,
salieron los caballos a la noche,

(...)

y tú en aquel tranvía salpicado
a la orilla del agua por las barcas,

(...)

aquel rostro otoñal que no vería
nunca más, amor mío, nunca más

(...)

si me vieras junto a esta mesa oscura
con la manta y los vidrios de colores,
con el fuego apagado...

(...)

si llorabas las calles empedradas
te sentían pasar

(...)
                           ...si llorabas
adelfas en la sombra te sentían
pasar...

(...)

el viento abrió ventanas en lo negro
y un torbellino de perfumes agrios

(...)

si me vieras ahora junto al fuego,
penetrado de ti, de tu memoria

(...)

en aquel pabellón viví otra vida,
si llegabas de noche entre los pinos
brillaban a lo lejos los faroles,
sus galerías de cristal azul

(...)

y el grito de los cisnes en el lago
les anunciaba el paso de la muerte,
la enfermedad y el Arte y el deseo
y el no poder besar aquellos labios

(...)

cada noche llegaba la visita
de la Muerte con rostros diferentes

(...)
                              ...tienes todo
lo que perdí en tus ojos, concentrado

(...)

tú me entregabas lo desconocido...
¿recuerdas aún la historia del sepulcro?
entre el mar y las selvas de Tarquinia
alguien abrió el sepulcro de un guerrero
oculto desde el día de su muerte

(...)

(primavera en Tarquinia sepultada)
se marchitó la fiebre del guerrero,
el tiempo sepultaba un lirio joven
bajo los negros pinos
primavera en Tarquinia...

(...)

abre, Noche, tus alas sobre el claustro
de San Damiano y las torres de Assisi,
deja en el aire el cuerpo de la Umbría

(...)



tú me entregabas lo desconocido...

(...)

te recuerdo
bajo una lluvia de campanas negras,
bajo una lluvia de campanas lentas

(...)

si posara en tus venas una mano
sentiría la noche y sus campanas

(...)

morir contigo en esta tarde única

(...)

rueda la tarde como un casco de oro
sobre la filigrana del asfalto

(...)

¿son ramos o racimos esos labios?
morir sin estrujarlos, qué delicia,
verte pasar como un río colmado,
ser ajorca en tus pies, en tu muñeca

(...)

pasa, mujer, como una ola en lo oscuro,
pasa, mujer, como la noche pasa,
Amor tiene en los labios cicatrices,
morir sin poseerte qué delicia

tú me entregabas lo desconocido

(...)

fue aceitosa la noche, entre las cañas
vimos partir sin luz la última nave

(...)

un infinito gozo y una música
hecha con el silencio de la mar,
fue aceitosa la noche, entre las cañas,
vimos partir sin luz la última nave

Antonio Colinas
EL RÍO DE SOMBRA
ed. Visor, 2004

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La Esclava Instruida


Cuando en sucesivas ocasiones me he referido en este dietario personal al "escandaloso" hecho de que no pierdo el tiempo leyendo novelas, que nada me suelen aportar y que nada me interesan, me estoy refiriendo, claro está, a la novela contemporánea, la que ha sido escrita en los últimos cincuenta o sesenta años.

Lo he repetido varias veces: las pocas novelas que he leído en mi madurez como lector han sido aquellas que fueron escritas por poetas. Lo que yo llamaría 'novela poética'.
En concreto, tengo que decir que me pirran las novelas de mis poetas favoritos. Aquellos de los que me alimento y que son mi guía en la vida.

LA ESCLAVA INSTRUIDA, de mi muy querido maestro y amigo, José María Álvarez, además de haber sido best-seller en Alemania, además de haber conseguido el Premio "La Sonrisa Vertical" de novela erótica (él diría relato pornográfico), arroja mucha luz e información de primera mano sobre la fascinante vida y milagros del personaje principal alvareziano: el adorable bon vivant, que ama la Vida y la Cultura, a partes iguales, que desprecia la vulgaridad y la mediocridad, y que siente una debilidad especial en su imaginario erótico (todos tenemos fantasías eróticas, si yo os contara las mías...) no por las llamadas lolitas o sus queridísimas nínfulas nabokovianas, colegialas adolescentes que le roban el alma, sino por las que él llama ligheas, en homenaje a la sirena creada por Lampedusa en su hermosísimo cuento.

Pero hay más, mucho más que eso en esta maravillosa novelita. Se trata de una fantástica entrega total a la Cultura. No olvidemos que Voluptuosidad y Cultura es el lema de Álvarez, según su buen amigo, el sin par Luis Antonio de Villena.

Los relatos y pormenores eróticos que contiene -sobre los que yo he vuelto en varias ocasiones por aprender también tanto, que nunca está de más, en ese terreno- me han hecho a mí alguna vez durante su lectura excitarme, turbarme hasta tal punto que me he visto obligado a tener que abandonar el libro durante un rato para entregarme feliz a otros menesteres de la carne (sólo o acompañado).

Pero..., dioses...., es todo lo que uno aprende, todo lo que disfruta, el placer en todos los sentidos de la vida, que uno encuentra ahí "revelado".
En fin, no sólo es su obra -la de este poeta, José María Álvarez, no me cansaré nunca de repetirlo- es todo lo que me ha enseñado su obra. Todo lo que está detrás. A todos los sitios a donde me ha llevado. Músicas, libros, cuadros, películas…
No, no sólo es el placer y la emoción de leer sus poemas… Hay más. Mucho más.

*** 




…el amor sublime, ése en cuyas puertas ciegan las palabras de Eloísa “Déjame ser tu puta”

…sólo la alta inteligencia depurada por el mayor ocio posible –ese sagrado ocio virgiliano…

Habías comprendido. Ya era tuyo –ya era tú como tu sangre, como los latidos de tu corazón…

Tú absorbías todo como una esponja, y ese fuego quedaba en tus ojos, y (…) con ese fuego, con esas llamas, atravesarás todas tus mudanzas y vivirás hasta la muerte en la lumbre de esa inteligencia; (…) sobre los sinsabores que pueda traerte la vida, esa luz estará en ti hasta el final, como ascuas…

…el poder de Eros –ese fuego, quizá la única luz antigua que ha traspasado los velos del cristianismo…

Cuando él murió fue arriada la bandera británica y con ella lo cubrieron. Sobre la tumba escribieron: “Esta es la tumba de Tusitala”. Y no volvieron a cazar en aquella montaña para no perturbar su sueño.

[Hay que tener el sentido del “juego”, de la “vistosidad” de la palabra poética, y de que la escritura es un fin en sí mismo. Hay que tener poder de encantamiento.]

Una vez me dijiste: “Tú has hecho que yo admire la vida. Ya no la concibo sin ti”.

Hölderlin llevaba razón: sólo cuando soñamos somos dioses.

…a estas alturas de la historia (…) sólo merece ya la pena joder y escuchar ópera…

…cuando el insomnio me acorrala con sus mares inmóviles…

…ese animal esplendoroso en que las mujeres se convierten durante un breve espacio de sus vidas…

Me miraste desde el Infierno.

Al encontrarnos nos dimos cuenta (…) que juntos podíamos tocar el otro lado de nuestros sueños.

…estábamos destinados a enloquecer juntos (…), a arder en la cola del cometa…

Tú y yo íbamos a levantar juntos un monumento a la inteligencia y al placer que, como decía Keats de la mirada del Poeta, viera a través de la opacidad de la muerte.

…alguien con quien levantar por fin un universo consagrado a la inteligencia y al placer, sobre las ruinas de este mundo.

tu sexo (…) –El botín del mundo- dije.

 

Palpamos el esplendor.

…la dicha de la Creación sin sombras (alguien dijo de esto de Haydn), el pulso de la vida…

Me gustaba comerte el coño en los lentos atardeceres…

Nuestro viejo mundo –los amigos, las formas de vivir, las noches espléndidas de alcohol, humo y conversaciones inteligentes hasta el alba…

…en qué se ha convertido mi vida, mis ilusiones: un ir de aquí para allá, rodeado de gente que te mira como a un espécimen de un género algo exótico, objeto de disección para universidades.

…Roma tiene la propiedad de alegrarme siempre el corazón…

…aborrezco cualquier etiqueta, (…) a lo que más me aproximo sería a un desencantado disfrazado de carnaval (…) cuyas alegrías son el espectáculo de la inteligencia –quiero decir, leer a Borges, o a Nabokov, o a Shakespeare, a Tácito y a diez o doce más-, el espectáculo de las mujeres y el odio a la rebelión de la gentuza.

…el matrimonio, como dijo el gran Wilde, no tenía más encanto que proporcionar una vida de decepción absolutamente necesaria para ambas partes…

…los años habían dejado en ella un velo sutilísimo de encanto, como esa pátina de las viejas obras de arte.

…el alba asesina de Nueva York entró por la ventana…

…el viejo y condenado y radiante Sur faulkneriano…

…como el brillo de bronce de la La Iliada.


…sobre su rostro (…) yo veía estrellarse esas gotas calientes que son nuestro mejor yo.

…viendo desvanecerse todos los años que alguna vez tuve (…), los años pasando y llevándome al envejecimiento y la muerte, la soledad (…); y el espectáculo de la muerte de la Literatura, de la Inteligencia…

Nosotros estábamos hechos para otra época, antes de que (…) la gente mediocre impregnara la vida con su sordidez.

…se está dispuesto a vivir en ese filo, a desafiar cualquier Infierno, a apostar sin límite por lo extraordinario…

…no se puede vivir si uno arranca de cuajo su pacto con el mundo. Pero sólo nos sentíamos vivir cuando cruzábamos esa frontera de fuego…

Tus ojos azules me persiguen el alma: fuego de Venus.

Agradecí vivir.

Como cantan en Aida: “Del mio pensiero tu sei Regina, tu di mia vita sei lo splendor”.

…la libertad del Infierno, la fascinación de la Destrucción.

…su pretensión de fijar el destino del poeta como la más noble instancia moral de su comunidad

…imágenes imborrables (…) que lo acompañan a uno hasta la muerte y que le hacen sentir la dicha de haber vivido.

…calentando el alma. (…) como si en su fuego alcanzásemos a desentrañar el más profundo de nuestros misterios (…), como si las grandes preguntas encontrasen (…) una respuesta que (…) ya deja en nosotros la certidumbre de la sabiduría.

…la bandera negra con la calavera, la seda de la Libertad, de la Desigualdad y la Gloria…


…un beso que no tenía fin, como si nos trasvasásemos el alma.

Recordé aquella frase clásica: “Uno se obliga a vivir porque alguna vez vivir es extraordinario”.

Contemplé tu coño –principio y fin de todas las cosas…

…con lumbre de delirio en nuestros ojos y en nuestros cuerpos…

…visión que hizo reverdecer en mí, el homicida que todos llevamos dentro.

...cuando a veces leo mis propios versos: siento como si otro hubiera vivido aquella historia.

...al llegar a la alta noche (…) había agasajado a mi hígado con abundancia y mi estado de lucidez alcanzaba considerables y melancólicas lejanías.

Se apoyó en la barra: era Cleopatra viendo partir sus naves hacia Actium. (…) Tiré una moneda al aire, salió el desastre.

…hay coños que han costado reinos…

…Semana Santa (…) en Sevilla. (…) el aire estalla de plenitud erótica, de exaltación de la Hembra.

…ese culo… turgente, redondito, mediterráneo, español, que es el culo de los culos.

la luz que iluminó a Virgilio, mientras soñaba La Eneida.

…más allá de una conversación inteligente frente a unas copas con destilaciones de probada nobleza no existe sino el espacio atroz de los bárbaros.

…tabaco negro (…), aguardientes, una inquebrantable devoción por Mozart y por Shakespeare, y el más absoluto desprecio por la capacidad de degradación de la especie humana.

…polla tiesa no cree en Dios.

Estábamos pasando el dedo por el filo del esplendor.

…todos mis fantasmas se daban por el culo unos a otros (…) yo ya no era yo, ni tú eras tú, sino algo que compartíamos con cada pedazo del mundo, una sensación mineral de estar en paz, parte de un latido misterioso, maravilloso, divino de la vida.

…la locura del Deseo en carne viva, el esplendor del caos, del Infierno, la exaltación de sueños muy profundos, muy grabados en nuestras carnes, seguramente desde las cavernas.

…una de las mejores impresiones que he escuchado nunca sobre Velázquez: “Jamás humilla la devoción de sus amantes” (…) es el pintor que más me conmueve (…). He seguido sus cuadros por todo el mundo.
(…) su tiempo, más sabio, no sacó de quicio las Artes.
…sabe que España es un error doloroso…
Las Meninas, como un brindis de despedida…
…la mirada con que nos contemplan para siempre aquellos fantasmas helados en un momento de su vivir.
…porque el cuadro sigue en nosotros. Las Meninas es quizá la única tela del mundo que no termina.
…estamos en el cuadro, y lo estamos para siempre simplemente porque la mirada de los personajes va más allá de nosotros y nos incluye.

España. (…) La derrota del buen caballero que pobló del sueño de la Caballería, la espantosa soledad de una meseta atroz, la incendiada locura de Durruti, la impotencia de nuestros reyes más nobles, ese instante sobrecogedor cuando Lope de Aguirre, en la lista de firmas que justificarán la muerte del Condestable, añade la suya y junto a ella escribe: traidor.
España. Nunca la entenderemos y nunca cesará de sacrificarnos.

…entonces ya todo fue como un ardiente día de sol sobre la mar. Limpio y puro. Con viento en las velas.

…mientras escuchaba aquellas músicas que tanto te gustaba a ti que sonaran mientras nos amábamos.

Era un orgasmo como si viniese de una luz anterior a la Creación…

…no hay quien le coma el coño a una mujer como otra mujer.


Hay miedo, aturde lo que por excepcional, diferencia. No es raro en un rebaño cada día más dócil, más sutilmente amaestrado. Al fin y al cabo de esa mansedumbre viven los indeseables.

…el gozo de aquella sobremesa ante un magnífico Oporto –esa suntuosa joya del silencio…

…el estrechamiento del cerco por parte de los cretinos.
“Esto es aburrido, que es lo peor que algo puede ser”.

…se trata de sentir en la piel lo que nos hace memorables.
…ese mismo roce del viento de la vida…

…la belleza sagrada de la Muerte.

…una hermosura madura, reposada, como el orden de los últimos cuartetos de Beethoven.

Los que son fieles (…) sólo conocen el lado trivial del amor. Los infieles son los que conocen las palpitaciones más violentas e inolvidables.

Cómo te encantaba la vida de Brummell.

-Me molesta la gente que no es hermosa –te dije.
(…) Pocas veces –creo que jamás- he conocido a alguien que no fuese un ser atractivo y que no acabase por desenmascarar alguna sordidez.
(…) que el cuerpo es parte principalísima de nuestro ser, que la hermosura es signo de algo.

La Traviata con la Callas, la del 58, con Valletti y Zanasi, en el Covent Garden, la que dirigió Rescigno.

Cuando veo a una mujer comer con alegría, disfrutando, me pongo cachondo. Y está bien, de vez en cuando, darse uno, con alguien a quien quieras, una comida brutal…

Qué curioso es el cine. Es quizás el único arte que puede producir una pieza perfecta, inolvidable, aun no siendo grande.

…uno de los instantes culminantes de la vida y visiones de un caballero es ese instante en que una mujer, con los brazos alzados sobre su cabeza, se quita la ropa y su rostro desaparece durante unos segundos…


(…) Es un libro para esa edad cuando al leer ya no se juzga sino que se contempla; cuando la página es un pedazo de vida.

…ahora los escritores –lo mismo que el resto del personal (…)- no tenían ya meta alguna sino el dinero.

…la “intelectualidad” actual es la primera en colaborar por cuatro pesetas en su propia extinción. (…) Nadie ha domesticado nunca en la Historia tanto a los escritores, y no sólo a los escritores, sino a la sociedad entera, como la democracia.

…como decía Stendhal, los arrebatos, salvo los de media hora y por las mujeres, son propios de bárbaros.

…de no haber vivido en una sociedad tan conformada por la mediocridad, qué vida extraordinaria y absolutamente dichosa podíamos haber llevado…

…ese vasto y resplandeciente mundo del que yo te hablaba. (…) los alminares fantásticos del Oriente, la pedregosa Grecia, las armoniosas bellezas de Italia, ríos y ciudades, atardeceres imborrables, playas remotas, bares y hoteles lujosos, y, en fin, la fastuosa seducción de los abismos. Y libros, música, cuadros…

...en nuestra forma de comprender el mundo, de vivir, de hablar, en nuestra alegría: un estilo donde nos reconocimos…
(…) La consagración (…) de esa fascinación que era (…) aprobación de la vida hasta la muerte. Ese brindis al Arte.

…tú eras para mí el relámpago donde de pronto comprendes la clave de la vida.

…el deseo que nos purificaba, como si saliéramos de las aguas primeras del mundo.

…estos propagadores de la salud a machamartillo son incansables.
(…) se pasan el día repitiéndonos que la muerte acecha tras cada deleite.
(…) un igualitario rebaño ya por fin totalmente amaestrado y, lo que es peor, higienizado.
(…) no fuman, no beben, hacen gimnasia, no leen a Stendhal, no son propensos a dejarse la piel en lechos suntuosos…, no darían su vida por un aria de Mozart o por La Traviata.

se debe morir de la misma forma que se ha vivido, contemplando lo que a lo largo de la vida has dispuesto como tu decorado.

...la muerte es una cortesana a la que se frecuenta pero de quien no se comenta en sociedad.

…nada pudo en siglos destruir a un escritor (…). El siglo XX lo consigue haciéndoles creer que son personas como las demás.

…los poetas –según afirmaba Rilke de Hölderlin- salen solos, como la luna.

…el único lujo es el tiempo, el tiempo al que dejas perderse, y el placer, el amor, la comida, el arte…


LA ESCLAVA INSTRUIDA
José María Álvarez
Colección de Erótica dirigida por Luis G. Berlanga
ed. Tusquets, 1992

 el poeta José María Álvarez
(foto Carmen Marí)

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