Seferis y la grecidad





   Injusticias de la historia, que en realidad son injusticias de los hombres que la escribieron. Un poeta olvidado, Seferis. ¿Quién lee hoy a Seferis…? Un poeta griego moderno, de una sentida devoción por la Cultura helenística, todavía bajo las humaredas de los incendios en sus versos. Su poesía duerme en un sepulcro de oro.
   Seferis está considerado como uno de los liricos modernos de mayor envergadura. Diplomático de profesión, conoció muy bien cuantas corrientes literarias se estaban gestando en Europa durante las primeras décadas del siglo, pero su gran obsesión poética tenía un tema más concreto: Grecia y la "grecidad": la tradición helenista y la moderna Grecia. Como señaló Henry Miller, Seferis "es el hombre que ha atrapado este espíritu de eternidad que se encuentra en toda Grecia, por todas partes, y lo ha trasplantado a sus poemas". En 1963 ganó el Premio Nobel de Literatura.

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HOGUERAS DE SAN JUAN


Nuestro destino, plomo vaciado, no puede cambiar
no puede hacerse nada.
Vaciaron el plomo en el agua bajo las estrellas aunque 
          arden las hogueras
Si te quedas desnuda frente al espejo a medianoche ves
ves pasar al hombre al fondo del espejo
al hombre en tu destino que gobierno tu cuerpo,
en la soledad y en el silencio al hombre
de la soledad y del silencio
aunque arden las hogueras.
La hora en que terminó el día y comenzó el otro
la hora en que se cortó el tiempo
aquel que desde ahora y antes desde el principio 
          gobernaba tu cuerpo
debes encontrarlo
debes buscarlo para que al menos lo encuentre
algún otro, cuando te hayas muerto.
Son los niños los que encienden las hogueras y gritan
           frente a las llamas en la noche cálida
           (Ocurrió, tal vez, jamás, fuego que no lo haya
            encendido un niño, oh Heróstrato)
y arrojan a las llamas sal para que crepiten (cuán
            extrañamente nos miran de pronto las casas, los
            tragaderos de hombres, cuando un fulgor las acaricia)

Pero tú, que conociste la gracia de la piedra sobre la 
            roca por el mar batida
la noche que cayó la calma
oíste desde lejos la voz humana de la soledad y del
            silencio
dentro de tu cuerpo
la noche aquella de San Juan
cuando se apagaron todas las hogueras
y estudiaste las cenizas bajo las estrellas.

Londres, julio 1932



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XV


El sueño, como un árbol, te envolvió con hojas verdes,
respirabas, como un árbol, en la serena luz,
miré tu figura en la fuente diáfana;
párpados cerrados y las pestañas rayando el agua.
En la blanda hierba mis dedos, encontraron tus dedos
retuve un instante tu pulso
y sentí en otra parte el dolor de tu corazón.

Bajo el plátano, cerca del agua, en los laureles
te transportaba el sueño y te despedazaba
a mi alrededor, cerca mío, sin poder tocarte entera,
unida a tu silencio;
viendo tu sombra crecer y empequeñecerse,
perderse en las otras sombras, dentro del otro
mundo que te retenía y te dejaba.

La vida que nos dieron a vivir, la vivimos.
Apiádate de los que pacientemente esperan
perdidos entre los laureles negros bajo los pesados
         plátanos
y de cuantos hablan solitarios a pozos y cisternas
y se ahogan en los ciclos de la voz.
Apiádate del compañero que compartió nuestra miseria
         y sudor
y se hundió dentro del sol como un cuervo más allá de
         los mármoles
sin esperanza de gozar nuestra retribución.

Dános, fuera del sueño, la serenidad.

Giorgos Seferis
ANTOLOGÍA POÉTICA
traducción de Pedro Ignacio Vucuña
ed. Visor, 1989



Giorgos Seferis (Esmirna, 1900 - Atenas, 1971)

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