Morituri


MORITURI

Nec spe nec metu. 


Si en el círculo irrumpo, carne y bronce,
y se yergue mi masa enardecida
con ese rayo fúlgido que empuño,
mi arrogante ademán miente su brío.
Las gradas bullen de un jolgorio aciago
cuando el regio pulgar niega clemencia
y una robusta vida se derrumba
contra el pétalo firme de mi espada.
Lo he visto tantas veces que ya es fábula
esta rueda mortal de que soy eje.
Pero si el adversario erguido avanza
y del túrgido brazo la red pende
adormecida como un sueño de algas,
su misterio me espanta más que el hombre
que la esgrime pues ¿no es acaso ella
la que rige la mano del reciario
y le dicta imperiosa la parábola
de su cernerse oscuro? Cierto día
no ha de valerme toda mi hosca ciencia
contra el abrazo blando de la araña
y la plebe salaz no ha de apiadarse
de un ovillo de mies bajo el tridente.
Más no sintáis ajeno mi infortunio:
para quien ha nacido todo es malla.

Miguel Ángel Velasco
Revista de Occidente nº 103 Diciembre 1989

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