Memoria del trasluz



     En la sección “Creación” del número 694 correspondiente a Abril de 2008, de la prestigiosa Revista literaria CUADERNOS HISPANOAMERICANOS, aparecieron varios poemas nuevos de Miguel Ángel Velasco, bajo el epígrafe MEMORIA DEL TRASLUZ. Se trataba de un adelanto del  magnífico poemario que vería la luz unos meses después con dicho título y con el que había obtenido el XXII Premio internacional del poesía “Antonio Oliver Belmás”. Los reproduzco a continuación. Son la mejor poesía depurada. Una lágrima de oro líquido para purificarse.

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A UNAS TELARAÑAS

Para Anna. En Kunbábony

El sol ya recogía
sus redes, como un velo
nupcial que al retirarse
escurriese la verde luz del bosque.

De un mástil a otro mástil,
cuatro ocelos abiertos en el ala
pavonada del día,
cuatro rosas de escarcha
cuajadas en el aire de septiembre,
cuatro confederadas
rosas de la bandera del otoño.

De la misma materia de esta escala
de amor el equilibrio trasparente
de la música pura que le pulsa
la mano del silencio
con la brisa
a estas arpas mojadas.

 *


MANCHAS


De mercurio en las dunas
de la colcha con fiebre
de la niñez.
                   Milagro
en los sudarios de la soledad.

Duras sombras de ámbar
devanadas del huso
de la arena, corcheas
en el oído de la caracola
que registra en su esmalte el atigrado
espectro del tifón.

Las vio Leonardo, grávidos bosquejos
que la intemperie urde con relentes
y soles en las tapias: rostros, pájaros,
las batallas de Ucello, remolinos
del polvo y de la sangre y los penachos
cuando el humo despierta de los mármoles.

Simetría de vino
derramado en las páginas
del libro en el que buscar cobijar
la espera.
                   Mariposa que al trasluz
de algún tiempo futuro
desplegará las alas calcinadas
de la memoria para ser aún
aquel petrel de mayo.

*


SZITAKÖTO
(Libélula)
 
Por los mullidos campos
cuatro sílabas duras
en aguda puntada.

Cómo tricota el fiel del equilibrio,
la joya de calambre,
para engastarse al punto en una fija
rosa de marear.

Caballito del diablo,
aguijón de guindilla, sobrevuelas
nuestro placer entre las amapolas,
el oficio feliz de hilar la grana
de seda a vientre, de cordón a beso.

Qué ir y venir la aguja por los prados.

Qué repaso el amor,
siempre en costura.

*

LÁMPARA Y RAMO


La brasa de la sal
y un búcaro cuajado
con la flor del almendro.
Custodia de dos cosas
en alianza de arder
que retiene muy fresca
la luz del vino, el pleno
destello de la copa
granada del amor.
La reverberación
de la hora en nosotros.
Cristalizado tallo
de lumbre, arco voltaico
de tu sed a mi sed,
de tu contorno aún.
Composición votiva,
la joya del salar
y ese broche de nieve
malva que va tocado
del ángel de la mina.
Sombras blancas del alma
atizadas del fuego
que trenza por las cales 
la vieja salamandra.

 *

LA LLAMA DE UNA VELA


¿Qué tira de ti, llama, hacia la tersa
campana de lo alto, 
hebra que abrevas en el capilar
de mi vigilia, para que así trences
la flor azul del humo
como si fuese el tallo de una vena?

Cuántas noches prendido a tu alminar,
viendo multiplicarse
el abanico de la combustión:
en un pico que hurga
el nido de la faltas.

En cardo del amor,
tupida llama cárdena,
desfiladero adentro del taller
donde pules las lentas parafinas
que entregas al joyero de la sombra.

MIGUEL ÁNGEL VELASCO
Revista Cuadernos Hispanoamericanos
nº694, abril 2008 

Miguel Ángel Velasco, poeta (1963-2010)

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