A decir verdad


 Óliver burlándose de mi vida de poeta hecha trizas


   Entre bronquitis aguda, pañales y biberones a destajo para Óliver, días que se acortan como no podéis imaginaros y noches durmiendo a salto de mata o directamente en duermevela, os he transcrito aquí, mis queridos amigos, mis textos seleccionados en su día de una nueva entrega de los apasionantes e interesantísimos Diarios del bueno de García Martín. La correspondiente al Diario titulado A DECIR VERDAD y publicado en 2006.

   José Luis García Martín ha sido sin duda una explosión para mí desde que descubrí su obra. Cuánto he aprendido yo con las cosas  de este hombre, madre mía... Por dónde empezar a contar... Lecturas recomendadas, libros, música, películas, qué sé yo...; anécdotas y lecciones suyas, de su vida, que yo hago mías, que me enseñan en este arduo camino que se me presenta de la entrada en la madurez de mi vida y en que me hallo plenamente inmerso; respuestas imprescindibles a mil preguntas que tenía ahí agazapadas; chaskarrillos que a todo el mundo interesan (miente el que diga que no) y descubrimientos atónitos de los tejemanejes e intrigas palaciegas del casposo mundillo literario español, con todas sus miserias puestas encima de la mesa, sin pudor y con valentía. La verdad de la vida. Verdad histórica.
Valentía y bravura la de este hombre, como no le he visto yo a nadie en mi vida y menos en poesía, mundillo que está lleno de blandengues. 
Qué tío, Martín! Un crudo y salvaje guerrero griego... O chino.

*** 




En literatura, como en tantas otras cosas, qué rentable resulta el victimismo.


¿He aprendido yo a adaptarme después de tantos años? He aprendido a camuflarme, que no es exactamente lo mismo.


…leo a los escritores jóvenes y los leo… “con un cierto temor a que lo hagan mejor que yo”.


Somos sólo aprendices de fantasma, muertos con unos pocos días de permiso.


Hay personas que son menos molestas como enemigos que como amigos.


…las dos cualidades más necesarias para ser feliz: el egoísmo y la holgazanería.


…me gusta ver cómo el tiempo me va modelando, me va convirtiendo en otro. Hasta hace bien pocos años, era más lo que añadía que lo que quitaba. La vida se iba haciendo, poco a poco, más confortable.
…todos los sueños que todavía me hacen soñar poco a poco los voy convirtiendo en realidad. Son sueños que a la mayor parte de la gente le parecerían bien poca cosa…


…escribo poesía porque no sé cantar.


[sobre Venecia] Soporta bien toda la mala literatura y el blando romanticismo que se ha echado sobre ella. Siempre que se la vuelve a ver sorprende como la primera vez. Todo nos resulta familiar e inédito…
…el Canal Grande luce en todo su esplendor, se sacude cualquier tópico. No importa que haya sido descrito mil veces, que haya dado origen a tantos malos versos, a tantas relamidas postales.


Como crítico literario, sólo pongo dos condiciones: que la selección de libros sea, en lo fundamental, mía y que lo que diga de ellos sea exactamente lo que pienso, sin veladuras obligadas por las circunstancias.
…una de las funciones principales del crítico: seleccionar de la balumba de publicaciones los títulos de interés.


Yo no creo en ningún Dios, pero creo en todos los ritos.
…entiendo la emoción de los fieles, de pie bajo la cúpula, y acepto… la verdad de todas las mentiras.


Para hacer algo que valga verdaderamente la pena, hay que dedicar mucho tiempo a no hacer nada.
Confío poco en quien dice estar siempre tan ocupado que no tiene tiempo para nada.


(Pascal) “Pocas amistades quedarían en el mundo si uno supiera lo que su amigo dice de él en ausencia suya”


Cuando era más joven, vivía angustiado con la idea de defraudar a quienes confiaban en mí. Ahora ya sé que resulta inevitable y que no siempre es culpa nuestra.


De mis admiradores líbreme Dios que de mis detractores ya me libraré yo.


Los poemas, cuando lo son de verdad, viven su vida independiente del poeta.
…al menor descuido, se escapan con cualquier lector.


¡Poetillas! Todos, pero especialmente los que nunca llegarán a nada, tienen vocación de prima donna.


De mí mismo me canso pronto. De lo que no me canso nunca es de leer, comentar, elogiar, destrozar lo que escriben otros.


Siempre me han fascinado las locuras colectivas. Carezco por completo del efecto diapasón que mueve las multitudes. Vibrar porque todos vibran no va conmigo. Yo tiendo entonces a quedarme rígido, para compensar.


Es bien sabido que se elogia a cualquier escritor (los elogios no cuestan dinero y siempre pueden ser rentables), pero sólo se ataca a los que de verdad merecen la pena.


El buen columnista no debe ser demasiado joven. Nada más insufrible que una personilla de veinticinco años que pontifica sobre los acontecimientos desde la perspectiva de teorías mal digeridas y un vasto desconocimiento del mundo.


Ya sólo valgo para dar buenos consejos. Cómo me gustaría poder dar de vez en cuando algún mal ejemplo.


…un gremio como el nuestro en que los rencores amarillean y se resquebrajan, pero no caducan nunca…


No hay mayor castigo que compartir siempre mesa y cama con uno mismo. Cómo me gustaría salir de viaje, dejándome en casa con mis temores, mis manías…


¿Por qué me paso la vida fingiendo ser quien no soy? ¡Cuánto esfuerzo por parecer inteligente y malvado!


A los conceptos de “Dios”, “redención”, “más allá”, nunca les he prestado demasiada atención, ni siquiera cuando era niño… El ateísmo lo doy instintivamente por supuesto. Soy demasiado curioso, demasiado reflexivo, demasiado orgulloso para contentarme con una respuesta burda. Dios es una respuesta burda, una falta de consideración para los que se dedican a pensar.


…en lo que se refiere a los premios literarios, opino que se puede ganar uno, dos, incluso media docena, y ser un buen escritor, pero que si se han ganado más de sesenta, entonces seguro que no se pasa de habilidoso grafómano.


…me identifico con todas las actitudes negativas de las que hablan los manuales de psicología. No hay monstruo al que yo, en el fondo, no me parezca.


Soy tan cuidadoso, tan ordenado, que hasta tengo un cuaderno donde voy anotando los amigos que dejan de serlo. Los amigos literarios, quiero decir. Pongo la fecha aproximada del comienzo de la amistad y luego fecha y motivo de la ruptura. A veces me cuesta precisar el motivo.


En la literatura, como en la vida, pocos caminos hay de los que tarde o temprano no termine uno avergonzándose.


...ese pasatiempo ascendido a reina de la literatura que llamamos novela.
...los novelistas... oficinistas de la literatura...


...siempre he hecho lo correcto, nunca me he equivocado en nada. Salvo en lo fundamental.


...por no atreverme a arriesgar nunca nada acabé perdiéndolo todo.


...siempre he sido ...alguien que mira un poco por encima del hombro y con cierta condescendencia al hombre común, ese que lo deja todo para ponerse ante el televisor que... retransmite el partido del siglo, y cuya mayor ilusión es salir de copas...


Los poetastros son los mejores humoristas involuntarios.


...he dejado de leer los libros de los amigos. La mejor manera de que sigan siendo amigos es no leer sus obras y elogiarlas exorbitadamente.


Lo que uno escribe gusta a unos y disgusta a otros, como no podía ser de otra manera. Pero la irritación es siempre más activa que la gratitud. Y tiene mejor memoria.
A veces creo que sólo leen con atención los detractores.


...de sobra sé que no hay Dios, sólo un ciego azar. Y una bendita inconsciencia que nos permite reír, gozar, soñar, ignorar por unos instantes lo que a todos, pronto o tarde nos espera.


...cuanto peor es un libro, más gente asiste a la presentación.
...los elogios de una presentación, no se los cree el que los pronuncia; tampoco el público, que los considera obligatorias cortesías; sólo el presentado se los toma en serio y trata de negarlos con la boca chica para darse el gusto de que se los vuelvan a repetir.


Entre escritores las ofensas, por minúsculas que sean, si afectan a la vanidad suelen durar toda la vida.


Los premios de poesía suelen estar gafados: quien después de los cuarenta sigue concursando ya no juega en la misma división que Valente o Brines, sino en la de los muy respetables A. G. L. o C. M. [las iniciales las pongo yo,  él pone el nombre completo]
...a partir de cierta edad, los únicos premios que no le hacen a un escritor descender en el aprecio de los lectores avisados son (y más o menos por este orden): Premio de la Crítica, Premio Nacional de Literatura, Premio de las Letras, Premio Cervantes, Premio Príncipe de Asturias, Premio Nobel. Pero siempre es más elegante lucir las solapas limpias como Gil de Biedma o Luis Cernuda. 


Ahora vivo siempre componiendo el gesto, cuidando la frase, como posando para algún biógrafo futuro. Procuro, sobre todo, ser natural, que no se note que, haga lo que haga, siempre miro de reojo a la posteridad. Pero me temo que a veces se nota demasiado y sólo consigo ser ridículo.




A DECIR VERDAD
JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN
ed. Llibros del Pexe, 2006


José Luis García Martín, componiendo el gesto para la posteridad

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