Las berlinas del sueño



Intento olvidarlo, intento olvidarme del tema pero no me es posible, amigos. Sigo conmocionado. Pasan los días, las semanas, y me resisto a creerlo. La muerte del poeta Miguel Ángel Velasco me ha dejando totalmente k.o. 
Uno piensa, por un instante, en todos los versos, todos los poemas, los libros que aún nos habría entregado a sus lectores, a los que amábamos su poesía, que éramos muchos, muchos más de los que en un principio pudiera parecer  (yo lo estoy comprobando  en estas últimas semanas).
Paso cada noche por mi librería de casa como de puntillas -el ritual es siempre el mismo- cuando me dirijo a la cama a esperar el sueño -ese sueño que últimamente y después de la trágica noticia, tarda en venir-, y no puedo evitar echar un ojo a sus libros en el estante. Los tengo todos. Los fui "consiguiendo" poco a poco, descubriéndolos, sin prisa, como ha de entrar la Poesía en uno, como una fiesta de placer entre amigos, a la que hemos sido felizmente invitados. Fundirse en lo amado.
Toco, cojo sus libros ahora en mis manos y queman. Están calientes. Vivos. Me perforan las entrañas. Me hablan. Me dicen: "estoy aquí. Tranquilo, no me he ido. Mis poemas permanecerán siempre en ti. Salud, amigo..."




ANTES DEL ALBA Y A LA MISMA ROGANDO



ALBA o tormenta de luz para los ojos,
no seas puntual,
retrasa un poco tu llegada,
que ellos sigan hoy cerrados
como en un lienzo de Redon,
ajenos al vórtice de cosas
que piden ser miradas
al menos media vez.

Deja que permanezca caído el telón
de los párpados,
impide que el azul de la pupila se manche
mirando,
olvídate muy lejos tu escoba
barredora de astros,
que continúe la noche
más larga que otras veces.


*



OMAR KHAYYAM JUNTO A LA FUENTE DE SELSEBIL



Todos saben que jamás murmuré una oración
Que te baste saber que todo es misterio
Sólo el vino te librará de tus dudas
¡Vino en torrentes!
¡qué explote en mis venas!



DE besar viene un lunar impreso en una piel,
vislumbra luego las sílabas
de las grabadas frases en el barro
y consulta a los labios del ánfora
cuya respuesta es dulce.

Recibe Omar el fin del día
ajeno al noveno mes que a las sombras conmueve,
ajeno a las genuflexiones de las sectas
y al ala infatigable de Azrael sobre la noche.
No importa que la luna se muestre en lo alto deseable,
no harán falta para ascender peldaños,
bastará con sumergir los dedos en el cercano manantial
y obtenerla;
dormirá entonces el poeta
sabiendo que suya será hasta el alba.
* * *

¿Comprendes, querida, por qué mi corazón palpita en Merv?


Miguel Ángel Velasco
LAS BERLINAS DEL SUEÑO (1979-1981)
Premio Adonáis 1981, ed. Rialp, Madrid 1982

Miguel Ángel Velasco (1963-2010)

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