Dos poetas navarros en París (II)



LICEO ESPAÑOL “LUIS BUÑUEL”
38 Bd. Victor Hugo -  Neuilly-sur-Seine, Paris

12 de Noviembre de 2010, 11'30h de la mañana,
    
     Buenos días, amigas, amigos, soy Alfredo Rodríguez, vengo de Pamplona, Navarra y es un placer estar aquí, en esta ciudad tan hermosa, y en este Liceo que lleva el nombre de una celebridad del cine, de la Cultura en nuestro país, en España.
     Hemos venido, mi amigo, el poeta Javier Asiáin y yo, a hablaros de poesía, que es un tema que mucha gente tiene casi, casi olvidado, perdido en su inconsciente o subconsciente, qué sé yo... Porque sucede que la poesía duerme escondida en las catacumbas de las ciudades, en los sótanos de las casas, y de vez en cuando, hay que sacarla a la superficie para la buena higiene mental y salud del hombre, conviene airearla, sacarla a pasear, sentirla viva, ahí, palpitante y amarla. Amarla profundamente, para que nunca nos abandone.
    Siempre he pensado que una de las cosas, uno de los motivos, que hacen que a vosotros, los chicos y las chicas tan jóvenes, los adolescentes (esa palabra tan horrible, ‘adolescente’ o preadolescente, como se dice ahora en España), no os atraiga, no os sintáis, en la mayoría de los casos, atraídos por la poesía, por la magia, el encanto de la poesía —vamos, hablando claro, que no os entre ni con calzador—, yo estoy convencido que es por el orden, quizá equivocado, de lecturas en los programas de estudio, en los planes académicos de los colegios.
A un chico, a una chica, de 15, 16 años, no se le puede hacer leer así, de repente, el Quijote (digo el Quijote porque en el Quijote hay mucha poesía), ni le puedes hacer leer a Góngora, o el Cantar de Mio Cid, porque no va a entender nada, no va a “conectar”, o el Libro de Buen Amor, Garcilaso, Gonzalo de Berceo. Su cabeza, yo creo, aún no está preparada, asentada lo suficiente, para esas lecturas. Es un error obligarle a leer poesía de ese tipo en esa edad. Seguramente, esas lecturas deberían esperar mínimo hasta los 25 años.
Con 13, 14, 15 años, un joven, una joven, tendría que iniciarse en la poesía leyendo a otros poetas más recomendables para esa edad, más accesibles para esa mente, poetas como Rubén Darío, en su libro AZUL, por ejemplo —que es el poeta que hace digamos de eslabón entre poesía antigua y poesía moderna—, o Vicente Aleixandre, nuestro viejo premio Nobel olvidado, sus primeros libros, ESPADAS COMO LABIOS, por ejemplo, o un autor vivo, del que quizá os suene el nombre, un poeta español maravilloso: Antonio Colinas, que es un poeta del que uno puede estar siempre gozando, aprendiendo, un poeta que no tiene un solo verso malo, todos sus versos son magníficos.
Para introducir, para iniciar a los chicos en la Poesía, para que no acaben aborreciéndola ya de entrada —en cuyo caso nunca jamás volverán a ella—, yo pienso que se ha de empezar por ahí. 

*** 


Con el Cónsul General de España en Paris, D. Carlos Carderera Soler, después del recital



Centro Español APFEEF de París 6
39, rue Notre Dame des Champs


12 de Noviembre, 19'30 h. de la tarde


     Muy buenas tardes, muchas gracias por haber venido, para nosotros, los poetas, es muy importante el público, siempre estamos pendientes de si habrá o no asistencia de público a nuestros recitales de poesía –que han quedado casi como una reliquia del pasado. Soy Alfredo Rodríguez y estoy encantadísimo de estar aquí con ustedes, en esta ciudad maravillosa que yo personalmente tanto amo, una ciudad por completo escenográfica, en la que el ojo no cesa, mire donde mire, todo ha sido previamente pensado para su goce y excitación. Junto a mi buen amigo y mejor poeta Javier Asiáin —para mí es un honor y un placer acompañarle en este viaje, como le he acompañado en otros— para hablarles a ustedes de poesía y, si nos lo permiten, recitarles algunos de nuestros poemas.
Y venir aquí, en calidad no sólo de poetas, sino además, en calidad de poetas navarros, representando a nuestra tierra que es también la suya o la de muchos de ustedes. 
Bien, pues en ese sentido de la tierra, si Javier representaría quizá, como se suele de decir por allí, a la Navarra de toda la vida, porque sus orígenes hunden sus raíces ancestrales en Navarra,  yo, representaría quizá, por qué no decirlo, a esa otra mitad más o menos de la población navarra —y de ahí la riqueza especial de esta tierra de la que venimos y su diversidad cultural— cuyos padres vinieron hace ya muchos años (en mi caso, mis padres vinieron a Navarra hace ya más de cincuenta años, que se dice pronto) desde otras tierras, otras regiones menos favorecidas de España. 
Y tengo que decir que esto es una cosa de la que estoy muy orgulloso, de la que nunca jamás renegaré. Porque toda esta gente, todos ellos vinieron a ayudar a levantar Navarra, con su trabajo, con su esfuerzo, con su sudor hicieron crecer nuestra tierra, hacer que sea lo que es hoy, su grandeza. Nosotros somos sus hijos y hemos heredado como nuestra la tierra que les ha acogido a ellos desde hace tantos años y ya para siempre, y que después de nosotros acogerá y dará su fruto a nuestros hijos.
A ellos, a mis padres, que vinieron del Sur de España, del sur de Extremadura, que buscaron un nuevo comienzo en la fértil tierra navarra, quisiera yo dedicar los poemas que voy a recitarles.


Alfredo Rodríguez y Javier Asiáin, poetas navarros 
en las profundidades de la famosa Shakespeare & Co., 
Paris, Noviembre 2010

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