De la lengua al ojo


      

     El ritual se repite a menudo y es maravilloso que sea así. Que siga así siempre, dios… Llegar de “trabajar” —ya se sabe, los poetas por desgracia tenemos que trabajar. Ejem. No digo nada—, una ojeadita al buzón del correo postal (mi sarcófago de las musas) y allí la felicidad, la alegría que a uno de nuevo le espera: entreveo, entre propagandas y estúpidas cartas de banco, lo que parece un sobre grande y a mi nombre, sobre mágico que parece contener un librito. 

     En el remite la ciudad de piedra, Cáceres, esa pequeña y preciosa ciudad que todo el mundo parece haber descubierto hace poco y que yo, por desgracia, aún no he visitado, a pesar de ser tierra de mis padres, pero cuya belleza ya llevaba yo muchos años escuchando referir. 
Y en el encabezamiento, el nombre de un poeta amigo, ya un maestro, Santos Domínguez, que tiene la amabilidad de enviarme una plaquette con los poemas de una lectura en Alcobendas bajo el título "De la lengua al ojo".
     Porque los versos de Santos Domínguez tienen el colorido de la obra maestra. Se perciben a través de los sentidos y tienen efecto inmediato sobre la conciencia.
Se lo dije el otro día a él personalmente y lo digo ahora aquí en este pequeño foro: Qué elegancia, qué clase tienen tus poemas, amigo. Respiran hondura y pureza a partes iguales. Qué pena no tener por aquí, por Navarra, un poeta de tu altura, para poder beber de ti desde más cerca. Con tu manera de concebir la poesía, esa experiencia tan intensa. Y su línea de belleza, balaustrada de oro. Sentirla.

***




PARA APAGAR LAS LÁMPARAS

de todo lo que pertenece al cuerpo,
son las alas las que más participan de lo divino
PLATÓN


Son la infancia del mundo,
la claridad que gira
en la constancia circular del aire,
sobre un fondo de músicas moradas en la tarde.

Desconocen su sombra y en su cielo de huidas
son remotos y libres, son antorchas de fugas
que viajan por la noche inabarcable
del solsticio y las islas.

Sobre mares con luna y oleajes oscuros
son la altura que tiene la vigilia
negra de los insomnes.

En su noche encendida, en sus altas montañas,
la llama infinitiva en la que arde el presente.

Signos en movimiento, savia que habita el aire
entra el día en su canto para apagar las lámparas
con palabras que elevan la mirada hacia el límite,
en la frontera fría de una luz destemplada.

Son la campana azul que suena transparente
en la secreta elipse del mundo en giro ciego.

Metáfora de un tiempo en fuga sola,
del puro sucederse de los días
del pájaro lucífugo al alba de la alondra.

Donde flota la luz y borra los recuerdos
y disuelve el pasado sin memoria
en las horas más quietas.

Alrededor el aire, sólo el aire con pájaros.

**




PLATA MUDA
(De Chirico)

¿Y habrá estatuas de sal del otro lado?
Olga Orozco


Por las cúpulas frías del desierto de un sueño,
donde posa la luna
su antigua soledad inhabitable en el reloj de un arco,
viene la plata helada.

Viene la plata sola por las olas que insisten
en socavar la arena
y en dispersar los pecios y enterrar las columnas
bajo las herraduras de un galope en la orilla.

Por la música blanca que baja de las violas
hasta el ojo del hombre y el alfiler del grito
que sube al corazón desde la sangre,
por el mármol en sombra que cae en los acueductos
viene la plata helada y sola de una rosa
sin sueño y sin memoria.

Hay máscaras sin nadie que vuelven con la noche
a posar su vacío en la arena desierta.

La ceguera de mármol de la estatua.
Sobre las alamedas sus párpados de yeso
en las noches con luna.

Su plata sola y muda
se posa indiferente
sobre la incertidumbre del pintor o el poeta.


**





AÑOS LUZ

¿Quién sabe de nosotros? Ni árboles ni estrellas
R.M. Rilke


Si alguna vez, ausente,
ves que pasa la sombra del pasado
sin lluvia ni coartadas en las que cobijarte.

Si vieras otra vez
dos lunas en un sueño de playas en agosto
y acequias en la siesta somera de los peces,
acuérdate de mí sin llanto y sin nostalgia.

Acuérdate de mí,
hija de la memoria y su oscuro sustrato.
Que busque tu mirada raíces y serpientes
o bóvedas sin fondo,
auroras boreales o incendios subterráneos.

Acuérdate de mí por montañas con brezo
o arroyos espectrales.
De mí por las regiones perplejas de los hielos
si detrás del asedio de los vientos constantes
o en las olas más altas ves la luz de una isla
y en la espuma del mar la soledad del náufrago,
el mapa de la noche sin árboles ni estrellas.

Tú, diosa blanca. Tú, dueña de las mareas
y el latido nocturno del cárabo en el bosque.

Sobre el mar de la noche yo también oigo ahora
el canto numeroso de los astros.
Veo el imán de la luna, los puñales del sílice
detrás del aire azul de las galaxias.

Oigo el silencio blanco de estrellas sucesivas,
veo pozos de penumbra y charcos subterráneos
donde bate sus alas el pájaro del sueño.

Siento el vacío sideral del mundo,
el vértigo del tiempo,
los años luz, los años de las sombras.



SANTOS DOMÍNGUEZ
“De la lengua al ojo”
Lectura de Poemas / La Esfera. Alcobendas 2010

 Santos Domínguez, poeta (Cáceres, 1955)

Publicar un comentario

  © Blogger template Shush by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP