¿César Borgia en Navarra?



     Recuerdo la primera vez que escuché hablar de la estancia de César Borgia en Navarra. La última estancia de su vida. Fue en Venezia en 2005 y fue, cómo no, a mi maestro y amigo José María Álvarez. Y me sacó los colores, joder, vaya que sí. Me estaban hablando de mi tierra, de mi propia tierra, y yo missing. Desaparecido en combate. Qué feliz y atrevida es la ignorancia...

     Estábamos sentados él, Carmen, Mamen y yo, tomándonos un prosecco o un fragolino, creo recordar, por una de las Mercerias, cerca de su casa en Venezia, y ya no sé muy bien cómo surgió el tema. 
     
     Ah sí, ya sé: Álvarez hablaba de que él había estado hacía muchos años en Viana, Navarra, junto al poeta Luis Antonio de Villena visitando la tumba de César Borgia. Era la única vez que había pisado mi tierra. Nos contó que habían dado un recital en Logroño y que después, una tarde-noche de frío y lluvia intensos, fueron expresamente a Viana para ver esa tumba. Y yo callado. Sin saber qué decir ni por dónde salir.  Yo haciéndome el loco por no saber nada del tema. Yo estupefacto. Yo que no sabía ni quién era el tal César Borgia, del que vagamente me sonaba el nombre.

     Así conocemos en Navarra nuestra propia Historia. Me he pasado más de media vida estudiando, hasta salí de la famosísima y prestigiosísima Universidad de Navarra con un título de licenciado en la mano, y nunca jamás me habló nadie de César Borgia ni de su tumba en Viana. Ni de las negras sombras que se cernían sobre su historia y su vida. La aventura de su apasionante vida.




     Después de venir de Venezia y nada más llegar a Pamplona lo primero que hice fue planear un viaje iniciático a Viana, la localidad navarra limítrofe con tierras riojanas, un precioso pueblo medieval construido como en un alto, en un cabezo, que me sedujo al instante de visitarlo. Entrar en la parte medieval de Viana es entrar en el Pasado. El viaje fue como un ritornello de mi sueño de juventud, dentro de esa tenaz búsqueda mía por las viejas historias míticas. Los antiguos relatos heredados. Terminemos juntos lo que juntos hemos iniciado, ese es otro de mis lemas.

     Al "pobre" Borgia, cardenal de la iglesia romana, la propia iglesia lo sacó fuera, a la calle, al morir. Literalmente. A las puertas del templo me encontré la tumba. Allí estaba. Fría y desnuda. Y en un bosque de Viana, me contaron, encontró la muerte. A traición. Ya se sabe, castigo a los mortales demasiado atrevidos. Las medias verdades y lo precario del Favor.

     Vino a parar aquí, fíjate tú lo qué son las cosas, uno de los príncipes de Europa en el Renacimiento, un príncipe de frontera, osado y guerrero, cruel y sanguinario, temerario y atrevido, botín del mundo abandonado. Hasta esta tierra en la que nunca parece suceder nada que sea digno de elogio, digno de entrar en la Historia -historia que cuenta lo que la tradición ha transmitido, ni más ni menos-, y cuando algo interesante sucede, algo que podría enriquecernos, nos lo ocultan. Como los saqueadores de la Antigüedad desvalijaban pozos funerarios.

Alfredo Rodríguez, el poeta en estado contemplativo, 
Viana, Navarra, Abril 2006    

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