¿Amar? Sí a todo

   
Me encuentro con mi compinche, con mi compadre, mi compañero, mi querídisimo amigo Luis Miguel Alonso Nájera, en el flamante restaurante gastronómico del remozado e impresionante Palacio Guendulain -una de esas joyas que nos tenían vetada a todos los grises y obedientes habitantes de esta vieja Ciudad del Norte- con vistas a  la recoleta y coqueta Plaza del Consejo con su fuente y su pequeño Neptuno con tridente encaramado, para degustar nuestra comida habitual de los viernes, en que debatimos sobre lo divino y lo humano, hablamos de la vida o de lo que haga falta (hoy el tema parece que se centra particularmente en las series, THE TUDORS y SPARTACUS, combinado también con la agria cuestion de los motivos que al parecer llevaron a la disolución de ASTROLABIO, que Luis Miguel compara con  lo que ocurrió a la muerte de Alejandro Magno y la separación definitiva de sus generales, cada uno por su lado) y filosofamos, no dejamos títere con cabeza y al final, y como siempre, a los postres y cafés y cuando ya el efecto alegre y desinhibidor del buen vino de Navarra va cortando los últimos hilos que nos unen a esta barbarie, acabamos hablando de cosas más íntimas, como el amor o el sexo. En fin, la vida misma. Qué os voy a contar...


Ya os he hablado de este hombre en más de una ocasión: Luis Miguel Alonso Nájera es un tipo muy curioso, una suerte de artista total, un auténtico hombre del Renacimiento habitando entre nosotros. Arquitecto, perdón, doctor en Arquitectura, profesor de interiorismo en la escuela de Artes, cantante lírico, actor de teatro, figurante en Óperas o lo que haga falta, viajero incansable, amante de la Cultura y la vida mediterránea, senador romano en su anterior vida, ilustre  conferenciante, musicólogo y cinéfilo, divertido intelectual, refinado contertulio y elegante poeta. Y no sé si olvido algo. Me da que sí...


Hoy que parece que vivimos tan a prisa que ya no tenemos tiempo ni para sentarnos a hablar, que hemos olvidado lo que significaba para la buena salud mental del hombre mantener una conversación agradable y civilizada  (la gente ya no tiene nada propio que decir, sólo repite una y otra vez lo que escucha decir por la tele) resulta tan reconfortante para nuestra alma fatigada mantener de vez en cuando este tipo de conversaciones  que nos hagan volver a parecer humanos...




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¿Tú le has dicho alguna vez te quiero a alguien? [le pregunto  yo a mi compadre en un momento final ya de nuestra larga conversación de sobremesa, los camareros nos miran inquietos] ¿Crees que es necesario decirlo? ¿constantemente, como lo digo yo cada día, o con una sola vez  cada veinticuatro horas bastaría? ¿Tiene hoy ya sentido, tú crees, seguir diciendo te quiero? O suena ya falso. Alguien me dijo una vez (alguien muy cercano) que no entendía mi forma de usar la palabra 'amar' constantemente. ¿Se pueden amar las cosas? ¿Se puede amar la Poesía? Yo lo tengo muy claro, amigo Luismi. Sí a todo.


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La verdad es que esto del amor es algo tan poliédrico [me va respondiendo el bueno de Luismi], que no sé por dónde empezar. Desde que descubrí, gracias a los reveladores textos de Eduardo Punset, que toda la parafernalia amorosa no es sino un mensaje que la naturaleza ha insertado en cada especie para que tienda a reproducirse ad infinitum, tengo los esquemas un tanto confundidos sobre este tema, el Tema quizá con mayúsculas. Ahora bien, si aceptamos ese origen y aceptamos también que somos especie evolucionada y consciente que ha "sacralizado" sus principios vitales, sigamos pues construyendo lírica sobre este motor de vida.


Claro que sí, ¿quién no ha dicho alguna vez las palabras mágicas? ¿Quién no se ha arrepentido más de una vez de haberlo hecho? Es necesario decirlo porque, si bien es cierto que "obras son amores...", la palabra es aperitivo del festín amoroso, prepara los jugos para digerir esa respectiva comida -en el más amplio sentido de la palabra- que supone la vivencia del amor, y reafirma una seguridad que siempre necesitamos refrescar, aunque a veces esta frase sea doloroso engaño.

Hay que repetirlo... de vez en cuando, que no hay regla fija en esto, ni en casi nada. Ahora bien, hasta del más celestial manjar podríamos quedar hastiados si lo ingiriéramos en exceso, así que también debemos tener cuidado en no saturar de declaraciones amorosas a la persona amada. Más interesante me parece alternarlo periódicamente con unas flores o unas buenas entradas de platea para el concierto al que la otra parte contratante desearía asistir.

Hoy y siempre tiene sentido decir que se ama, mientras sigamos viviendo, mientras el amor sea ilusión y esperanza, mientras queramos reproducirnos físicamente o bien reproducirnos a nosotros mismos como protagonistas de cada mañana que podamos compartir.


Parece que el acto de amar -a la pareja, familia, amigos, animales, naturaleza, objetos que nos acompañan, la palabra, los recuerdos...- sea el más noble que podemos hacer en nuestra vida. Y es así porque del amor surge todo lo que nos enriquece vitalmente, porque el amor está inscrito en nosotros para crear vida, mientras que el desamor anticipa el silencio de la muerte.


Y la Poesía, querido Alfredo, es muy digna de amor -como cualquier Arte- puesto que contiene el amor a la palabra, a la arquitectura de la expresión, a la sugerencia, a la complicidad con el lector que revive en ella su vida real y soñada. Coincido, buen amigo: sí a todo.



Luis Miguel Alonso Nájera y Alfredo Rodríguez, 
perpetrando un extraño experimento lúdico musical en los tiempos de Astrolabio 
(Oroz Betelu, Navarra, Agosto 2007)

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