Museo de Cera (edición anotada) V


     
     Otra pequeña dosis más, otra pequeña y maravillosa muestra de aquellos poemas de MUSEO DE CERA, la obra total de José María Álvarez, que a mí personalmente más me fascinaron en su día y aún hoy me siguen fascinando y seduciendo.

      Álvarez no sólo es un escritor, un poeta; es un modo de concebir la escritura, la poesía. Poesía de verdad, en vena, para los días del indomable. La coherencia en la vida y en la totalidad de la obra creativa de un poeta verdadero. La eternidad de la obra de arte. Y la poesía, como la única esperanza de explicarnos a nosotros mismos, si es que hay en nosotros algo que permanece.

     Acompañan como siempre al final unas anotaciones mías de andar por casa aclaratorias de algunos términos. Puro divertimento que quizá a alguien puedan servir. Me conformaré con ello.






***




LAS GRANDES CALMAS

 «El reino de Murcia, cuya belleza material aventaja a todo lo que se puede
hallar en Italia»
CASANOVA


Cuando llegan los días de las grandes calmas[1]
el Mar Menor parece
la más delicada pintura sobre seda. La luz
ciega; la neblina que transparenta
las islas es como esa veladura
con que los años envuelven los recuerdos.

        Cuando llegan los días
de las grandes calmas, sientes
la mar llamándote. Y hacia sus orillas te diriges. Los senderos
de cañas, son los mismo
que vieron tus ojos al abrirse
a la vida. Por esa orilla entonces,
paseas, contemplas la superficie de las aguas, oyes
el sonido casi imperceptible de las olas
deshaciéndose en la arena de la playa.

Y algo
que ya no es ni
tu memoria, ni tus sueños, sino
algo que compartes con esas guijas, con esa mar, con
el sol y los peces y ese perro
que duerme junto a ti: una sensación
mineral de estar en paz, te
funde
con esa luz. Y
comprendes—tu carne sabe—
que no eres, como todo ese ámbito,
mas que parte de un latido misterioso,
maravilloso, divino
       de la Vida.








AHAB[2]

 «Qué momento, oh dioses!, qué espectáculo»
MAMERTINO

Para Emil Cioran
agradeciéndole su acogida


Los mares y los cielos
Son espesos calientes como sangre
Oigo la vida en mi carne
Es su rumor el que amo
Más poderoso que el ojo sin vida
Del Leviatán[3] La muerte es un espejo
Que no refleja sino nuestro rostro
Mirándola Que sepa
Cuánto la odias
Sé que he de hundirme con Moby Dick
Y que ella emergerá mostrando
Mi cadáver sobre su lomo
Pero cada vez que surja de las aguas
También brillará al sol
Mi arpón clavado en ella








RECUERDO DE UNA LECTURA DE
“THE UNVANQUISHED”[4]

«En la aurora de nuestra juventud, las escenas del Arte nos deslumbran
con su grandeza, y ansiamos protagonizarlas; poder tocar el arco iris...»
ARTHUR SCHOPENHAUER

«—¿Qué pretende usted dar a entender con eso?»
FRANZ KAFKA


En la cabina[5] (como el vientre donde nos hicimos),
envuelto en las sábanas de yerto y fresco roce,
remetidas, el cuerpo ajustadísimo;
pero frío en los pies. Casi toda la noche
leyendo su novela. Después
los pies empezaron a calentarse,
hasta demasiado, era molesto, pero se enfriaban
las manos. De vez en cuando
un trago de cognac y un cigarrillo.
Luego traté de dormir un poco, pero
era imposible. La fuerza, el aliento
de lo que usted contaba en esas páginas
me tenía en tensión. Con los ojos cerrados
mi cabeza era un relámpago donde centelleaban
escenas, imágenes que usted creaba en mi imaginación
como los niños oían el mundo bajo las faldas de Granny[6],
envueltos en su olor caliente. La cabina y yo y
ese resplandor éramos una masa animal que penetraba
con furia en una obscuridad de viento,
sólida. Encendí otra vez la luz
y seguí leyendo. Después me adormecí. Y al despertar
—una parada, rumor
de conversaciones en un anden—
estuve unos minutos tratando de situarme
con cierta exactitud. Y aún medio dormido tomé el libro
que estaba tirado sobre la moqueta. Levanté
la ventanilla; el sol hería
como un cristal roto. Densas polvaredas
como limaduras de hierro oxidado
se habían pegado al cristal,
parecían insectos reventados por el impacto.
Y usted, Faulkner,
seguía contándome ese relato admirable
con palabras que restallaban en mi imaginación
con la misma furia.
Por el cristal, velozmente,
con fantásticas variaciones provocadas
por la irisación[7], un paisaje aplastado destellaba,
montañas a lo lejos, gasolineras solitarias.
Me llevé el libro al vagón restaurant
y seguí leyendo mientras desayunaba.
De pronto tuve la misma sensación
que aquella tarde de mi niñez, cuando en el calor
de una siesta de Agosto, me sentí devorado, deslumbrado
por las leyendas de Gustav Schwab[8], o la emoción de la primera
vez que leí “La isla del tesoro”, o el día en que las Coplas[9]  
de Manrique entraron en mi vida: la certidumbre
de que ya no era igual el antes y el después
de ese momento, que esas páginas
modificaban, enriquecían
mi idea del mundo, ya eran yo, para siempre,
con la intensidad del amor o del miedo,
de una forma tan física como el sabor
del café que estaba bebiendo, tan vivas como el sol que abrasaba
el vidrio de la ventanilla.
Sí, mías. Mi memoria,
los cegadores y lisos campos donde la felicidad
no puede ser traicionada. 








EL BUFÓN CALABACILLAS[10]

«La rádula es tenioglosa»
DE UNA GUÍA DE MOLUSCOS

«Esto requiere una descripción más extensa y un tono épico más levantado. Trataremos de responder a esas dos exigencias»
RAFAEL CANSINOS-ASSÉNS


Ni aquellos para quienes un día
Seas incomprensible
Se atreverán a olvidarte.





UNA HISTORIA INMORTAL[11]


«Viola —Oh, amigos, dónde estamos?
Capitán—En Illyria, señora»
WILLIAM SHAKESPEARE

«No puede usted imaginarse qué travesía»
IVAN TURGUENIEV


La fama o el olvido El vano sueño
de las diversas formas de gobierno
La misteriosa muerte El oleaje
de la vida

      Inquietudes que el tiempo
modifica o destierra

        Pero algo irá siempre
contigo algo
que sucedió en un libro en una
película ciertos
rostros cuya mirada
de amor templa
tu memoria Y

ese dolor
el que Stendhal decía
seco
reflexivo
sin lágrimas
sin consuelo[12]



 





FOR GOD, YOU HAVE HERE A GOODLY
DWELLING, AND RICH[13]

«Famosa memoria»
WILLIAM SHAKESPEARE

«Estoy abierto a todo lo que pueda instruirme»
BERNARD MANDEVILLE

«Creo que la única historia digna de consideración es aquella que trata
de mi familia»
THOMAS, CONDE DE ARUNDEL


Es la Venezia que adoro
Donde soy feliz Pero acaso
No la amaba ya antes de contemplarla
Ese deslumbramiento no había sido
Designado por antiguas láminas por libros
Donde se narra su destino?
Como escribir fuera siempre el espectáculo
Lunar de los Angeles de Rilke[14] la Belleza
La Estela de los Estuardo de Canova[15]
Y así París si fue mi juventud
Son evocaciones como saliendo de la niebla de Verlaine
De noticiarios de la Liberación del 44[16]
Mi paso por aquel puente repetía
Los de Dante Y mi asombro ante Roma o Esmirna[17] o lstanbul
Es el de todos cuantos me precedieron
Y me lo enseñaron fundido con mis ojos
Como yo estaré en otros
Sobre las ardientes arenas he sentido
La presencia desesperada de
Lawrence[18] En cada estación la muerte de la Karenina[19]
Ante paisajes que amo o ciertas telas
O emocionado ante una fachada imagino
Qué sentirían allí Montaigne Stendhal Goethe
Como miré los firmamentos sicilianos
Con los ojos del Príncipe[20] Y con Stevenson he navegado
En busca de fortuna y toda tierra en la lejanía
Era la que Hawkins[21] vio saliendo del amanecer
En el capitulo XII de LA ISLA[22]
Tantas mujeres no han sido sino la esfinge
Con la que yo decoraba una historia
Cuya contemplación era lo que me satisfacía
Y en cuántas páginas
De Shakespeare o de Tácito
O de Plutarco vi desfilar instantes de mi vida
Y al suceder en ellas engarzarse
Con la vasta respiración de lo nacido
En aquel campo de batalla yo noté
El paso de Fabrizio
Del Dongo[23] que también cruzaba en otro sueño
La soledad es el viento
Contra la fortaleza de Essaouira[24]
Alguien me ha precedido
Hasta en mí mismo en la pasión
Por la Callas[25] y la lealtad
Al viejo Sur Confederado[26]
Un niño que yo fui creó a lo largo de sus noches
Al hombre que ahora escribe








DESIERTOS

 «He sido minucioso al describir Neill’s Harbour, porque opino que en
época no lejana será de gran utilidad para los balleneros»
WILLIAM EDWARD PARRY

«Con el cuidado de un profesional y la serenidad que las circunstancias
requerían, se saltó la tapa de los sesos».
EDUARDO CHAMORRO

A mi maestro Orson Welles


No hay Dios en las arenas abrasadas.
He visto lo que los antiguos reyes
levantaron para perpetuar su estirpe y su muerte.
He visto al sol ponerse más allá de ciudades
que difícilmente podríais creer que existieran.
Y he visto a un hombre suplicar para que una serpiente
acabara con su vida. Y he visto la lepra. Y las luces de Alejandría.
He contemplado el esplendor de los reinos
de más allá del desierto
y escuché el canto de los guerreros nómadas
de las arenas, y mis noches oyeron
las lamentaciones de los héroes
ante las cenizas del campamento de su amada.
He luchado en el mar, y contra el león, y contra otros hombres.
Fui cautivo y sané cuerpos.
He gozado el lecho de una princesa
y los placeres de las mujeres de la casa de Karib’el[27].
¿Qué vino no he bebido o qué raza
no he tenido bajo mi cuerpo?
Sé cuanto un esclavo
debe saber, y cuanto sabe un protegido del Rey.
Mi espada es regalo de un jefe de hombres
y mis cicatrices recuerdo de otro jefe de hombres.

La Luna brilla esta noche con toda su hermosura
sobre las naves y el puerto.
La ciudad duerme. Todos tienen un sitio
que pueden llamar suyo.
Sólo yo, el poeta, soy ceniza en el viento.







ADORABLES CRIATURAS

 «Los estadistas aconsejan al Príncipe tenga medios en que se divierta el
pueblo, porque la melancolía no dé lugar a levantar ánimos a novedad»
FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA MATA

«Fue un año estupendo»
FRANK SINATRA


Son cosas de la noche,
como los taxis, la lluvia o el neón.
Criaturas fascinantes
que pasan y te excitan.
Llama al camarero, que traiga más ginebra.
Y sigue bebiendo, contemplándolas,
hasta que el alba disuelva
la belleza amada.





LA ESCLAVA LIBRE[28]

  «Una vez dentro de la casa de Miss Hamilton comenzó a perder su sangfroid[29]. 
Cuando de pronto se encontró rodeado por un grupo de mujeres desnudas me miró consternado.
—Elija una —le dije—. Puede elegir
 —Elija por mi—murmuró sonrojándose violentamente»
HENRY MILLER

«Que para siempre vayas
Por ardientes alcobas»
JULES LAFORGUE


De las mujeres que amé
Sólo queda una fotografía

Heladas por el tiempo
En su imposible terciopelo

Como esos ojos que a veces miran
En la madrugada desde el fin de una barra 







LOS OJOS DEL PLACER

  «Quien vino después reinó como un malvado»
OSCAR WILDE

Para María del Mar Bonet,
“noça inefable, enyor, rara visit en
la nit[30]”.


Conserva cuanto puedas de aquel día,

la luz espléndida naciendo
por los enormes ventanales,
o las manos del Príncipe[31] entregándote
su libro, los jardines, la voz
de Callas en «L’altre notte in fondo
al mare»[32], las copas
de vodka
adorablemente frías,

mas sobre todo guarda
el cuerpo inmaculado que gozaste,
el abandono supremo de sus ojos
una vez que el deseo fue cumplido.






LA FIERA AMANSA LAS MÚSICAS

 «Primero (y último) de una estirpe que durante siglos no había sabido hacer ni siquiera la suma de sus propios gastos ni la resta de sus propias deudas, poseía una marcada y real inclinación por las matemáticas»
GIUSEPPE TOMASI DE LAMPEDUSA

«—Y ¿cuál es su pecado dominante?»
—Visitar a una moza»
FÉLIX MARÍA DE SAMANIEGO


Sexualmente
Somos casos perdidos









BLASON DU CORPS FÉMININ[33]

 «Y pues veis y habéis notado
 regularmente en qué paran
de los más finos anhelos
y más amantes constancias
(por falta de verdaderos
amadores, y de gratas,
ardientes correspondencias)
 las mas amorosas ansias»
MARGARITA HICKEY PELLIZZONI

«Conozco la puerta secreta de la muerte»
ROBERT LOUIS STEVENSON


el cielo era
como ojos grises grises
(no, no mejores la escena ) el cielo era
una mierda de cielo
en la place Vendôme[34]
había pájaros muertos en los parabrisas
y cómo entraba el primer vodka
a las 8 de una mañana de amianto
entre putas disfrazadas de princesas
y el rencor en los ojos del servicio qué
raya
de vida! Ben Webster[35] no había dejado de tocar
toda la noche o tocaba
en mi cabeza y que hermosos eran habían sido
aquellos zapatos de tacón tirados
a los pies de una cama aquellas medias la
braguita enredándose  en los pies aquel sabor a ostra
de un sexo desconocido la voz de una mujer susurrando obscenidades
y luego aquella sucia
luz de un alba con brillo de cubito
de hielo y hay ruido ya en la
calle sé que sonó un teléfono
en ese instante y que ella habló con alguien muy querido
y que luego me dijo no ha pasado
nada de esto ha pasado
y debes irte y fuera el sol hería
como el filo de una copa rota

          magnífico deseo
de una noche de alegría
hace ya treinta y muchos
años
en un hotel de place Vendôme[36] y que revive ahora
porque tus pasos te han traído
al salir del museo[37] sin pretenderlo
al mismo bar
y el sabor del vodka que has pedido
le ha devuelto a tu carne ese recuerdo
y otra vez retumba la desolación y aunque no
recuerdas cómo era
el rostro de aquella mujer pero sí el olor
y sí aquellos zapatos de tacón abandonados y cómo estaban húmedos sus labios
sobre todo el olor
de hembra caliente
      y pides otro trago y brindas
por el que fuiste entonces
por como ardió tu carne aquella noche
por Ben Webster por ella
y aunque hoy quizá ya no pudieras
sentir aquel deslumbramiento
sabes que fue mejor aquello que esto
y vuelves a brindar por esa noche
y por aquella cama
donde brilló donde proclamaste
la fuerza de tu deseo
   contra el caos del Mundo 







Repasando y cotejando mis anotaciones a MUSEO DE CERA
Villa Gracia, Verano 2007



[1] Todos los años, a lo largo del mes de enero, el mar Mediterráneo se apacigua o encalma. Son las habituales «calmas de enero o de los Reyes», que así les dicen los pescadores. En meteorología, la calma es el estado de la atmósfera cuando no hay viento o su velocidad es inferior a un kilómetro por hora. Las calmas de enero tienen un especial efecto en el Mar Menor. Sus playas ahora muestran una mayor horizontalidad y nitidez, enmarcadas por unas puestas de sol fabulosas, con unos lechos de arena que ahora se ofrecen vírgenes y solitarios, en estado puro.
[2] El capitán Ahab, es el personaje principal de la novela moby dick, de Herman Melville. Ahab es antes que nada un héroe, pero también es responsable de la muerte de su tripulación, incluido él, con la sola excepción del narrador, un superviviente llamado Ismael. Es Ahab quien habla en el monólogo dramático del poema.
[3] Monstruo marino descrito en el libro de Job, que suele interpretarse como la representación del demonio. En este caso se refiere a Moby Dick, la ballena blanca imposible de matar.
[4] los invictos. Novela del escritor americano William Faulkner (1897-1962), escrita en 1938, y compuesta por 6 relatos en torno a los Sartoris, una de las familias más antiguas del condado de Yoknapatawpha y una de las más mencionadas en las obras de Faulkner.
[5] Se refiere al coche-cama de un tren.
[6] La abuelita. Es un personaje de esa novela de Faulkner.
[7] Reflejo tornasolado, fulgor.
[8] Se trata de la obra titulada las más bellas leyendas de la antigüedad clásica, escrita entre 1838 y 1840 por el escritor y erudito alemán Gustav Schwab (1792-1850). El libro ha gozado siempre de una merecida popularidad, y ha sido considerada como un medio excelente para introducir a jóvenes y adultos en los vericuetos de la mitología clásica..
[9] coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique (1440-1479)..
[10] Conmovedor oleo sobre lienzo de Velázquez, fechado en 1636, en el Museo del Prado. Según Álvarez, la cara del bufón, la mirada estrábica, la expresión plácida y relajada es el “rostro” de España. Siempre tengo en mi mesa de trabajo (tanto en Villa Gracia como en París) una reproducción de ese cuadro, para que no se me olvide nunca. Yo no he visto nunca a España tan clara como en ese rostro.
[11] una historia inmortal es el título de un film dirigido en 1968 por Orson Welles y protagonizada por él mismo y por Jeanne Moreau. Se trata de un mediometraje -no llega, a la hora de duración- que es una de sus indiscutidas obras maestras.
[12] Serían palabras tomadas del diario de Stendhal.
[13] ¡Por Dios, que tenéis aquí una bella y rica vivienda!  Se trata de un parlamento de Falstaff, personaje de Shakespeare que Álvarez ama, en la Escena III, del Acto V, en la tragedia la segunda parte del rey enrique iv.
[14] En las elegías de duino, obra de Rainer Maria Rilke, el poeta se halla bajo la fuerte impresión de su encuentro con el mundo de estos espíritus superiores que son los ángeles (cuya belleza "es el comienzo de lo terrible"). Los ángeles de Rilke poco o nada tienen que ver con los ángeles de la guarda o los mensajeros del Dios vivo de la tradición cristiana y menos aún con esos seres un tanto afeminados que aparecen en la pintura europea de los siglos XVII y XVIII. Desde su poder y lejanía ellos pueden llegar a ser no sólo terribles, sino también "aves mortíferas" para el alma humana.
[15] Antonio Canova. Escultor italiano neoclásico (1757-1822). Su obra la estela de  los estuardo -una de las obras de Arte más amadas por Álvarez-, data de 1817 y es el sepulcro de los príncipes Estuardos. Está en el Vaticano y supone un índice de la pluralidad de recursos e imaginación del artista. Se trata de una puerta ante la que montan guardia dos ángeles, uno frente a otro, apoyados a cada lado de la puerta.
[16] La liberación en 1944 de la ciudad de París por las tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial.
[17] Esmirna o Izmir, en Turquia. Desde la antigüedad ha constituido la entrada marítima a Anatolia occidental. La misma Izmir, llamada Esmirma por los griegos es una de las Patrias de Homero (725 aC) y la ciudad más antigua del Egeo, anterior incluso a Troya.
[18] Lawrence de Arabia, otro de sus mitos.
[19] Anna Karerina, el personaje central de la obra cumbre de Lev Tolstói, que al final de la novela se suicida bajo las ruedas de un tren, seducida por la ocasión “inesperada” de dar a su historia de amor una forma acabada y bella .
[20] Otro de los mitos alvarezianos: Giuseppe Tomasi, Príncipe de Lampedusa y Duque de Palma di Montechiaro (1896-1957), escritor siciliano, autor de una única novela, El GATOPARDO.
[21] Jim Hawkins, el personaje adolescente de la famosa novela de Stevenson la isla del tesoro.
[22] El capítulo XII de la isla del tesoro (otro de los mitos alvarezianos) lleva por título consejo de guerra. En dicho capítulo, el capitán Smollet reúne a toda la tripulación y les pregunta a ver si alguien ha visto la isla alguna vez. John Silver responde que si. Entonces el capitán le enseña una copia del mapa donde no figuran las cruces y la pregunta algún sitio donde poder amarrar el barco. Cuando todos vuelven a su sitio Jim le dice al doctor Livesey que necesita hablar con ellos urgentemente. Cuando se reúnen y Jim les explica todo lo del motín que se prepara, deciden que lo mejor es seguir adelante como si no pasara nada.
[23] Fabrizio del Dongo es el personaje principal de la novela de Stendhal, La cartuja de Parma (otra de las preferidas por Álvarez), que narra la historia del joven patricio italiano Fabrizio, y sus aventuras durante los últimos años del dominio napoleónico en Europa.
[24] Ciudad costera en la zona sur de Marruecos dominada por los Vientos Alisios. Los portugueses a finales del s. XV fortificaron la ciudad construyendo muros y murallas para protegerlos de invasores y piratas, y la llamaron Mogador.
[25] María Callas, la famosa soprano venerada por Álvarez.
[26] Otro de los mitos alvarezianos: el Sur Confederado. Eran once Estados independientes del Sur. La guerra vino cuando el Norte pretendió la unificación. Entonces los Estados del Sur se unieron para la guerra, entre 1861 y 1865, en lo que se llamó los Estados Confederados de América.
[27] Se refiere a un burdel.
[28] Título de un film de Raoul Walsh, de 1957. Melodrama racial anclado en la Guerra de Secesión estadounidense.
[29] Sangre fría (perder los estribos).
[30] Noça inefable, añoranza, rara visita en la noche. Se trata de un verso extraído de la elegía x, de Carles Riba, Obres completes I, Ed. Selecta, Barcelona, 1965.
[31] Se trata del Príncipe veneciano Gianfranco Ivancic, amigo personal del poeta.
[32] La otra noche en el fondo del mar. Aria del Acto III de la Ópera italiana mefistófeles, de Arrigo Boito. Maria Callas la canta con la Philharmonia Orchestra, Tullio Serafin, en grabación de 1954.
[33] Blasón del cuerpo femenino. Expresión que empleaban ciertos exquisitos poetas del siglo XVI para referirse a una forma específica de rostro y una complexión física precisa de mujer.
[34] Elegante y lujosa plaza parisina, una de las más famosas y glamourosas del mundo.
[35] Saxofonista (tenor) norteamericano de jazz. (1909-1973). Uno de los favoritos de Álvarez.
[36] La escena del poema transcurre en el famoso hotel Ritz.
[37] Es el Louvre.

MUSEO DE CERA
JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ
Edición anotada inédita de Alfredo Rodríguez

Publicar un comentario

  © Blogger template Shush by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP