los quince minuticos de gloria

     
       
     Cuando ya pensaba que se habían 'olvidao' de este pobre poeta enamorado, este indomable, este veneno ardiente, tóxico hacia adentro, que mira por dónde andaba el hombre ya haciendo cábalas extrañas en su cabeza -supongo que a más de uno le pitarían los oídos con los juramentos-, porque hacía ya dos meses que les había dejado un ejemplar de mi librillo, RITUAL DE COMBATIR DESNUDO, en la Recepción del Diario -el del ala derecha de esta vieja Ciudad del Norte tan verde, mohina y melancólica-, para la Redacción de Cultura, tuvieron a bien llamarme y hacerme una entrevista o entrevistilla, literaria también, como a mí me gustan (odio que me pregunten chorradillas del tipo de: ¿en qué trabajas? ¿vives de la poesía? ¿qué piensa tu familia de todo esto? ¿y tus amigos? ¿y en el trabajo que te dicen? ¿estás 'casao'? ¿tienes churumbeles que alimentar?), como la que había tenido lugar también y para mi sorpresa (ya empezaba a pensar que en ese Diario me tenían 'vetao') semanas atrás en el otro Diario regional, el de la competencia y ala izquierda.

     La periodista en esta feliz ocasión (siempre es mujer la 'elegida', no me digáis porqué, pero a los hombrecitos del Diario debemos meterles miedo los poetas...), Nerea Alejos, me pareció sobre todo una persona encantadora, muy interesada por la Poesía (me refiero a la Poesía en general), y que además, cosa harto importantísima, había tenido la deferencia de leerse el libro, algo no muy habitual, casi diría yo inimaginable, entre periodistas. A un periodista no le metes un libro de poemas ni con calzador.

     Estas cosas, qué duda cabe, se agradecen (a nadie le amarga un dulce), que a un poeta le tomen en serio, que le tengan en consideración, que le hagan sentirse poeta. Que no se le burlen a la cara ni le hagan vacío. Y ello, aunque sea durante quince o veinte minutos. Los quince minuticos de gloria de que hablaba Woody Allen, que le hacen sentirse a uno importante por una vez en la Vida. Un toque de arrebato para el placer de los sentidos.






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Tus poemas recrean un mundo homérico. ¿Qué fuentes de inspiración has manejado?


Bueno, Homero está en el principio de todo para cualquier poeta y sí, hay imágenes muy claras de la épica griega que sitúan la escena del libro. Pero además, en los poemas de “Ritual” lo que se intenta es un diálogo de tú a tú con la tradición cultural mediterránea, a la que me considero adscrito como poeta. Sin esa visión cultural viva, no hay obra. Tan sólo una ilustración o un decorado.


Fue José María Álvarez quien te abrió la puerta al mundo de los antiguos. ¿La vuelta a los clásicos se puede interpretar como una rebeldía?


El poeta José María Álvarez me abrió las puertas a la Cultura y me abrió los ojos a un mundo maravilloso. Me hizo aprender a amar la poesía de verdad. Me fascinó. Nuestra relación personal ya casi ha trascendido a la de maestro y discípulo, para entrar de lleno en un terreno de feliz amistad y conexión. Su rebeldía es ya mi rebeldía, la he hecho mía. Y sí, claro, sin un mínimo conocimiento de los clásicos es muy difícil pretender escribir una poesía que merezca la pena.


Amor es mi pecado, símbolo y alimento, dice uno de tus versos. ¿Sin amor no hay poesía?


Es curioso que te hayas acordado de ese verso en concreto. “Amor es mi pecado” iba a ser en un principio el título del libro. Es una idea que me rondaba la cabeza desde que leí un soneto maravilloso de Shakespeare. Pero no me refiero a un amor entre personas. Se trata de un Amor con mayúsculas a la propia poesía, una entrega total a la creación poética, un gozo. La poesía es un combate en el que desnudamos nuestro corazón y nuestra alma para enfrentarnos a solas con Ella.


En tus poemas también subyace la idea de la lucha y del destino. ¿Cuánto has tenido que luchar para cumplir tu destino de convertirte en poeta?


Bueno, yo no creo que uno se convierta en poeta. Uno, o es poeta, o no lo es. Y si lo es, lo es desde siempre y para siempre. Hay una lucha diaria del poeta contra sí mismo, una lucha por conseguir ese verso perfecto, ese poema perfecto, esa página perfecta que nos haga trascender al Tiempo. Y el único alimento para ello es la lectura.


Tu amigo Javier Asiáin considera que en Navarra hay un extraordinario caldo de cultivo de poetas, pero tú también vives entre Ibiza y París. ¿Te influye esa mezcla de escenarios tan dispares?


Sí, he descubierto desde hace unos años la Ibiza “esencial” de mi maestro Antonio Colinas y la disfruto cada vez que voy, su armonía, su luz.  Es la Ibiza rural y ecológica que él tanto ama y que yo estoy aprendiendo a amar. En cuanto a París, es una ciudad con mil y un detalles, una ciudad que no acabas de ver nunca, un museo en la calle. Suelo ir invitado a la casa de José María Álvarez. De tanto ir a París, uno tiene a veces la sensación de que ya no va ni viene, sino de que está allí, de que forma parte de su escenario.


Los premios de poesía son claves para darse a conocer y ganarse un hueco en el mundo literario. Tú ya ganaste uno en 2007, en Oviedo. ¿Sigues luchando por esta clase de reconocimientos? 


Últimamente estoy un poco descreído de los premios. Vamos, que no acabo de creérmelos del todo. Ya sólo concurso en premios muy modestos. Los grandes creo que están todos amañados o adulterados. El que me concedieron en Asturias era muy sencillo pero me permitió la publicación de un libro, que es lo que todo poeta ansía: publicar sus poemas.



Entrevista Diario de Navarra
Por Nerea Alejos
Pamplona, 21 de Junio de 2010 


 Alfredo Rodríguez, Dalt Vila, Ibiza, Verano 2009

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