Epistolas de Pedro

el poeta Pedro A. González Moreno, mesura, agudeza y exquisita cortesía

     
     Las cartas que te envía el gran poeta manchego Pedro A. González Moreno son antológicas, literarias, un auténtico documento histórico vivo que amas.  Tienen más sangre que las venas de la tierra. Ese hombre vale su peso en oro, dios... En Oro puro. Te hace sentir poeta como nadie en tu vida te lo había hecho sentir antes. Ni tu propia mujer, ni tu amante, ni tu mejor amigo o enemigo. Encienden el fuego sobre el altar.

      Pedro se entrega a ti desinteresadamente. Primero se toma la molestia de leerte, lo cual ya es mucho decir -hay gente que dice que ha leído tu libro y aún no ha hecho ni abrirlo-, y ello con muchísimo cariño. Dándote paso como poeta, coronándote con laurel. Aderezando el vino con nepentes, hace un análisis generoso y pormenorizado de tus versos como no te lo habrían hecho nunca ni te lo harían jamás. Ni tu mejor amigo, como digo, ni tu maestro. Un toque de arrebato para el placer de los sentidos.

     Y no se trata de elogios vagos, genéricos y gratuitos (lo que sería una carta-plantilla de burda cortesía), no, ni muchísimo menos. No es eso. Eso no le sirve a un poeta. Ahí se vería el plumero enseguida. Esas cosas se saben... Se trata, como digo, de entregarse a tu poesía, individualizarte, sacar de ti lo mejor, lo que ni tú mismo has "visto" (si es que hay algo en tu poesía que merezca la pena, claro). Anábasis del alma.

     No hay dinero para pagar eso, amigos. A mí, personalmente, esas cartas de Pedro me lo pagan todo. Todo mi esfuerzo, toda mi entrega; son la mejor recompensa para un poeta. Esas palabras suyas son más sinceras y tienen más valor que el mayor y mejor y más cuantioso premio de poesía que haya en este país. Su esfuerzo contigo no tiene precio. Uno termina de leer esas cartas y siente que todas sus dudas, sus inseguridades y complejos como escribidor de versos, quedan enterrados. Todas las cosas que pudo ser o no ser salen a la luz. Están ahí. Ella, tu amante, la Poesía, se mezcla en ti, en inextricable abrazo, deja de serte extraña. El juego de espejos que multiplican los reflejos.

     Se lo dije hace un tiempo: lo tuyo, Pedro, es el género epistolar. Alguien debería dentro de unos años recuperar, recopilar todo ese material de trabajo (no me importaría hacerlo yo mismo, que adoro recopilar cosas, datos, textos de otros autores), todas esas cartas -pidiendo copia de ellas a sus respectivos destinatarios en toda España- y editar y publicar con ellas un libro. Porque esas epístolas son históricas. Son literatura. De la buena, de la que te hace vibrar de emoción el alma. Viático administrado.

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