El río de sombra (selección personal) II

Simonetta Vespucci en blanco y negro (foto A. Colinas)

     
   
    Pocos versos de nadie me han hecho sentir a mí más hondo, pocas muy pocas -contadas- veces un hombre (o una mujer) me ha hecho sentir a mí con sus palabras escritas en papel lo que he sido capaz de sentir una y otra vez, "aquello" que he experimentado, leyendo y releyendo hasta la saciedad, hasta hacerlos míos, carne de mi carne, sangre de mi sangre, los versos de Antonio Colinas, los de su obra total, EL RÍO DE SOMBRA

     Versos sueltos de los que pende el símbolo de lo eterno, y que van dejando honda impresión en quien los lee. Escarpados, intransitables para el corazón de quien vive una vida mundana como acaso pudiera ser la nuestra. Enseñoreando el mar como naves de guerra, recobran para el alma fortalezas del desierto.


***




 


aún aquí lame el sol gramíneas arrasadas,
raíces negras, urces, zarzas indomables



*
                                         


                                 ...quisiera
él también penetrar en el misterio



*



viene la noche hasta las piedras,
viene la brisa oscura a acariciar el lomo de las piedras,
blanda la piedra por el beso
con sabor a siglos

(...)
la luz burila limbos en la piedra


cueva en Lucillo, León (foto A. Colinas)


*



y en los cielos enamorados
de nuestra adolescencia
que nunca más veremos



*



Pobre de ti, estás ansioso, enfermo,
y, a cada instante, oyes a tu lado
la engañosa palabra realidad



*
 


Aquí tocas la médula del mundo
en la soledad de las piedras astilladas
(...)
Es el miedo a la muerte quien detiene tus pasos



*



La sombra crea un río dulcísimo de sombra



*



Dichosos sois, ya que le dais la espalda
a la nueva barbarie y apuráis
el año en armonía con la tierra



*



quiero ponerte aquí,
al lado de los días de la isla,
al lado de estas páginas
que escribí con la luz



*



Oscuro oboe de bruma: cómo sepulta el mar
tu solemne sonido que despierta a los muertos.
Aquí, en esta ladera que cubre el olivar
sangre y labio repiten musicales conciertos.



*



Y, como los delfines, saltaban de la mente
nuestros mejores sueños del amor de otros días
en países lejanos, ceniza de las brasas.



*



...en el umbral del bosque
último, tras el cual cielo y mar sólo había. 




*



...¿Y cuál es la escritura
absoluta del hombre cuando va a morir?



*



Y, allá arriba, iba ardiendo como en luz de oro el mundo,
los siglos que ya han sido y aquellos que serán.



*



Cuerpo de la mujer, milagro de los dioses, 
¿de dónde llega hoy tu mensaje de hoguera...



*



la palabra o veneno con que el hombre conjura
su condenada vida, la poesía...



*



Respiraba muy lento, pues me habitaba
una ciencia absoluta, esencia del gran Todo.



*



pierdo el conocimiento y, al perderlo, lo adquiero



*



El dolor se abre paso en mí como una náusea



*



Arrastrado por el curso de los astros,
en una sucesión infinita de noches,
inmenso es el silencio,
el vacío del mundo.



*



nieva sobre el almendro florido



*



Llamas negras se escapan del cerco de los labios.
Y son los labios urnas en la noche.



*



Habla, diosa, a través de las hojas del encinar,
enciéndeme, envía tu embriaguez



*


                                
                              ...Tu voz, como un relámpago, violeta, 
quebraba el muro negro de la más negra noche, de la noche
que estaba más allá de la noche, para entreabrir en él una nueva aurora...



*



¡Quién pudiera, otra vez, ser sólo niño,
manantial renaciendo en lo secreto!



*


                                
                            ...siempre habrá
esa voz de los otros corroyendo
la voz de los poetas...



*



El poeta ha aliviado mis heridas
El verso es la palabra que redime.


el poeta Antonio Colinas, en la cima del Castro de Las Labradas, Junio 2010

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