una entrevistilla en diario de noticias


Bueno, a todo el mundo nos gusta salir en la foto, para qué vamos a engañarnos. Y quien diga que no, se está tirando un farol. Es bonito salir en los periódicos, coño -siempre que no sea por un algún asesinato, claro-, y que en el pie de foto aparezca tu nombre junto con una inscripción que rece: "poeta". Eso ya es lo más... Hay alguno por ahí que mataría por eso...

Ya sabemos, como dice el ilustre José Luis García Martín, que la vanidad es una enfermedad profesional de los poetas. Todos la "sufrimos" en mayor o menor medida. Si no tienes un poquito (o un muchito) de vanidad dedícate a otra cosa, porque la poesía no es lo tuyo. Esta claro. Si alguien piensa lo contrario, es decir, si alguien escribe poesía pero no se ve a sí mismo como vanidoso, o sea, no se da cuenta, no lo percibe -los demás sí-, bufff..., entonces la cosa es más grave.

Pero eso no es malo, hombre. Al contrario, es bueno, es normal que así sea. La vanidad es congénita al hecho de la creación poética. Alguien debería hacer un estudio sociológico sobre el tema. El problema resulta cuando esa vanidad se empieza a apoderar de ti, empieza a enquistarse como un mal endémico e irresoluble que se extiende inexorable por tu cuerpo y tu alma hasta anularte casi como persona y por supuesto como poeta. Yo he sido testigo directo de algún que otro caso verdaderamente grave.

A lo que vamos, la cuestión es que, por fin, y después de más de un mes de haber presentado en la librería Auzolán de Pamplona mi último poemario, Ritual de combatir desnudo, se apiadaron de mí en uno de los periódicos locales (el del ala "izquierda") y me hicieron una entrevista. No, no tengo ningún enchufe en el periódico, ni les estuve dando el coñazo para que me la hicieran. Simplemente, y mes y medio atrás, una mañana me escapé del trabajo y les dejé un ejemplar del libro en Recepción.
 
La periodista que me hizo la entrevista (siempre que hay que entrevistar a un poeta en Pamplona, siempre, siempre, mandan a una fémina, lo cual para mí es un gran placer y un motivo de orgullo, dicho sea de paso -si alguien lee y tiene cultura en este país de garrulos ésas son las mujeres-, pero es curioso cómo siempre nos entrevistan a los poetas periodistas del sexo femenino. Es como si a los  'hombrecitos' de la redacción del periódico les diera "cosa" entrevistar a un poeta), Ana Oliveira se llama, parece que se tomaba en serio la poesía. Algo inédito, inusitado y sorpresivo en el mundillo periodístico, que suele enfrentarse a esto de la Poesía como a algo veleidoso, excéntrico, raro..., sin prestarle el más mínimo interés mediático.



Por primera vez, dios mío, una entrevista literaria, de las que a mí me gustan, con preguntas inteligentes que remiten al libro, y sin ninguna mención a la vida privada y mundana del poeta (ya sabéis, esas estupideces del tipo ¿y por qué escribes?, ¿pretendes vivir de la poesía?, ¿en qué trabajas? (como si la poesía no fuera un trabajo sino tocarse el higo...), ¿estás casado?, ¿tienes hijos?, ¿qué te dicen en el trabajo de que seas poeta?, ¿y la familia qué piensa de esto?)



***


-La primera pregunta es obligada y sé que muy general, pero hay que hacerla: ¿qué es lo que nos encontramos en este 'Ritual de combatir desnudo'?

Bueno, lo que nos encontramos en “Ritual de combatir desnudo” es un acto de fe, un acto de amor a la propia Poesía en sí –aunque suene un poco pedante-, una entrega, que quiere ser total, a la terrible hermosura de la Poesía y a su eterno femenino. Esa poesía aparece personificada a lo largo de los poemas del libro bien en una diosa antigua con la que soñamos, bien en una mujer de armas tomar que nos complica la vida.

-¿De dónde han surgido estos poemas, qué los ha motivado?

En una de mis visitas a la casa del poeta Antonio Colinas en Ibiza yo le preguntaba por la identidad de esa mujer que aparece y desaparece en sus versos italianos, los de “Sepulcro en Tarquinia”. Él evitaba contestar, no quería revelarme su nombre, pero yo insistía. Al final asintió: esa mujer es el Eterno Femenino. Esa idea del Eterno Femenino me estuvo rondando en la cabeza durante tiempo hasta que empezaron a surgir los poemas. Los poemas venían a mí bajo esa forma. Venían “en serie”, como encadenados unos a otros. Yo no elegía ese mensaje, sino que ese mensaje poético me elegía a mí.

-¿Qué supone esta obra en tu evolución como poeta, qué cambios o incorporaciones notas que contiene este nuevo trabajo? Y, a la vez, ¿qué constantes se perciben siempre en tus versos?

Bueno, no soy yo quien debería decir esto, pero creo que supone un paso adelante en mi recorrido como poeta. Creo que mi voz poética va cogiendo forma, se va puliendo, y el mensaje de mi poesía se va poco a poco perfilando, definiéndose más. Pero aún me queda mucho camino.
El cambio o incorporación fundamental creo que es esa incursión sencilla que hago en el terreno de la métrica, del verso medido. De repente me di cuenta de que los libros de poemas que más amaba, de los que más me alimentaba como poeta, estaban escritos siguiendo una métrica más o menos clásica. ¿Por qué yo no podía escribir también así? Quería probar, y creo que el resultado es bastante digno, aunque aún tengo mucho que aprender.

-El amor está muy presente en estos versos, ¿pero qué tipos de amor y que otros temas abordas en el libro?

Sí, pero no es un amor de pareja. Es un Amor con mayúsculas, es una entrega íntima y total al arte y oficio de la Poesía, que aparece personificada con forma y atributo de Mujer en el monólogo dramático de los poemas.
No hay más temas. Sólo Poesía y Mujer. Lo demás no me interesa, porque ahí está contenida la esencia de todo.

-¿Qué influencias respira el poemario?

Bueno, siempre digo que soy hijo adoptivo de la tradición cultural mediterránea. Creo que mi poesía está marcada a sangre y fuego por esa Cultura clásica mediterránea. Esa Cultura clásica no es algo superado ni caduco, sino que es algo vivo, algo al alcance, algo útil.

-El prólogo es de Antonio Colinas, un lujo, ¿no?

Sí, son unas breves palabras, pero muy sentidas; además todo lo que venga de Colinas es para mí un verdadero magisterio. Cualquiera que ame de verdad la Poesía, que sea capaz de emocionarse con la obra de Antonio Colinas, sabe que sus palabras son siempre un placer para la inteligencia.

-¿A quién le recomiendas este trabajo? Y ¿qué expectativas tienes puestas tú en él?

Bueno, un poeta nunca sabe a quién le podrán “llegar” de verdad los poemas que escribe, a quien le podrán “tocar”. Yo me he llevado muchas sorpresas agradables en este sentido. Quien menos me pensaba, un compañero de trabajo por ejemplo, ha sido capaz de hacerme ver cosas en mis poemas que ni yo mismo había visto. Ha visto donde nadie había visto.
Mi única expectativa es que el libro supere la dura prueba del paso del tiempo. Que cuando pasen los años no tenga que avergonzarme nunca de haber escrito estos poemas.
  

Entrevista por Ana Oliveira Lizarribar, 
Diario de Noticias, 17 de Junio de 2010
Alfredo Rodríguez
sobre “Ritual de combatir desnudo”

 Alfredo Rodríguez, Gijón, Noviembre 2008

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