Museo de Cera (edición anotada) IV


Que José María Álvarez es uno de los mejores poetas que ha dado este país es un hecho incuestionable, aunque algunos se empeñen en ignorarlo con/por buena o mala fe.

Que su Obra poética es una de las de mayor altura y emoción literaria dentro de la Lírica europea desde el último tercio del siglo XX y hasta nuestros días -en que está a punto de ver la luz un nuevo y maravilloso poemario,  al que yo he tenido el placer inmenso de  tener acceso y degustar en primicia y en privado, poemario que yo veo escrito y concebido en la misma línea "histórica" de los mejores momentos de su magna obra MUSEO DE CERA, y que lleva por título LOS OBSCUROS LEOPARDOS DE LA LUNA (rescatando aquel viejo verso de Yeats)-, es otra realidad ineludible, aunque algunos se emperren en silenciarle, a él y a su Obra, por no sé qué oscuros motivos y venganzas, o simplemente por desconocimiento y estulticia. 

Y que, como digo, extraños motivos extraliterarios de variada catadura le han mantenido injustamente silenciado, así como su extraordinaria y fascinante Obra ninguneada y apartada de los circuitos y círculos oficiales y oficiosos, es otra evidencia fácilmente demostrable con hechos y omisiones y palabras por escrito.

Entrego aquí otra vez una nueva remesa de aquellos viejos poemas alvarezianos que yo más disfruté en su día, con pequeñas (o a veces largas) anotaciones a pie de página, aclaratorias de términos y conceptos, que he ido confeccionando y recopilando a lo largo del tiempo para mí mismo.

***




CORAL[1]  

«El sacrificio ha sido favorable»
ARISTÓFANES

«La gloria conquistada por los adolescentes»
PÍNDARO

El otro día, hojeando un viejo álbum
de fotografías,
apareciste[2]. En una playa
que ciega el sol (seguramente,
Le Lavandou[3]), orgullosa y alegre
        sobre las brasas
de aquel Verano.

Como un pinchazo
esa imagen me trae
algo de la pasión que sacudió esos días.
Contemplé largo rato la fotografía:
tus ojos dichosos, tu boca, esa
mano que
desenfocada
parece querer tapar el objetivo.

¿Te das cuenta? No has envejecido.
Dios sabe dónde
estarás, ni siquiera si aún vives. Pero ahí,
ah cómo brilla
intacta
tu sonrisa,
los crepitantes ojos del deseo.
Te había olvidado. Pero ahora
que esa fotografía te devuelve,
me doy cuenta de cómo la memoria
  generosa
te había guardado sin decírmelo
para darme algún día
este regalo. Poder casi tocar
un instante de felicidad.

Tanto se ha ido...
y entonces apareces
tú,
en esa playa de la juventud,
y me haces este regalo,
la posibilidad
de que viva en alguien el que fui,
la imagen deseada de quien era,
esa que hasta yo mismo ya he olvidado.
Porque igual que la otra tarde tú viniste
puede que alguna vez, si tu recuerdas esos días,
de ellos emerja un joven mediterráneo y sonriendo
y recuerdes el placer de esas horas
y algo de la pasión que entonces
abrasó nuestros cuerpos
aún te toque.

Gracias.





APOTEOSIS DE ADRIANO[4]

  Como dice Proust: «Certes, ce qui palpite ainsi au fond de moi, ce doit être l´image, lesouvenir visuel, qui, lié à cette saveur, tente de la suivre jusqu´à moi»

«Nombró el mundo»
EULOGIO FLORENTINO SANZ

Lo primero es una mención
en una página amarillenta
de un volumen de Cantú[5], el segundo
de la edición de Gaspar-Roig
de 1854. Tengo
doce o trece años y descanso
en una hamaca bajo los pinos
que rodean la casa de mi abuelo en el campo.
El ruido de las chicharras impregna una brisa cálida;
cerca, en la era, el sol de Agosto abrasa el barro
de los pajares. He tomado ese libro
de la biblioteca de la casa. Leo de pronto:
“Era una mezcla portentosa de virtudes y vicio”
El estilo vanilocuente de Cantú
seguía narrando las razones de ese escándalo. A
mí aquellas palabras me atrajeron:
un excelente Emperador que aunaba
esas dos experiencias que ya entonces
constituían lo que amo,
perseverar en lo que muchos llaman vicios
y en lo que yo llamo Cultura.
Seguramente en aquel colegio
donde intentaron abozalar mi inteligencia
habría escuchado el nombre de Adriano,
pero es a esa siesta venturosa
a la que debo que su imagen
anidara en mi vida.
Cinco años después, un desolado
paraje, junto al “Muro de los Pictos[6]”,
esa muralla que él alzó
al furor escocés, casi en la desembocadura
del Tyne. Una neblina helada envuelve
el lugar; una voz agradable de mujer me indica: Son
fortificaciones de Adriano. Casi escucho
fragor de hierros en la niebla.
Hasta aquí llegó Roma, me digo con orgullo.
       Dos
años más tarde, es la VITA HADRIANI[7]
de Spartiano. Prosa no memorable, pero sí
las hazañas que prodiga.
Me conmueven la lucidez, y su coraje, la generosidad
de ese espíritu altísimo, y cómo me turbó
con el poema[8] que conserva
y que en Gregorovius[9] después encontraría
y en la versión de Pound[10]: “Animula
Vagula, Blandula”. Era una noche
de Primavera, en Murcia; cálida, mágica.
Luego es Gibbon[11].
Llueve sobre París. 1965. Hace muy poco
dejé el apartamiento de la rue Marx Dormoy[12] y ahora vivo
en una casita en Bry-sur-Marne[13]. Llueve, hace frío; no
mucho, pero ya enciendo la chimenea
y da gusto leer a su amparo.
Abro DECLINE AND FALL[14]. ”No quedó —leo—
provincia del Imperio
que no honrase con su presencia”. Admiré —qué cercano—
a ese incansable viajero.
  Después —el libro ardía en mis manos—
las memorias que a su nombre vincula
mi nunca bastante venerada Yourcenar[15].
Ah qué fiesta de los sentidos y la inteligencia.
No era una sombra de un mundo desaparecido,
sino alguien como yo, que podía
aconsejarme, hacerme ver qué absurdas
tantas de mis ilusiones, qué
ociosos este o aquel temor, qué
acertadas lealtades. Cómo latía en esas páginas
—Dion Casio[16] no la vio — esa alma errante
que desde las arenas de Arabia y Mauritania
a Bretaña salvaje,
extendió “el arco del Imperio”[17],
desde el Danubio al Rhin,
pacificando Asia, poblando los dilatados horizontes
de sabias arquitecturas, leyes justas,
ese griego de corazón, Graeculum[18],
el primer Emperador con barba de filósofo.
Son, una noche, las tres cartas
que le debemos a Dositeo[19]. Y -¿1980?- una relectura
lenta, paladeando cada palabra, cada pensamiento,
la hondura de su reflexión, de MÉMOIRES D’HADRIEN,
sentado en una sombra, en el Foro romano,
teniendo ante mis ojos los restos del inmenso
—cantan su belleza quienes jamás lo vieron—
templo de Roma y Venus[20].
                                                    Luego
fue Itálica[21]. Con la luz andaluza que bruñía
los árboles y los despojos de la gloria.
Pasé mis manos por aquellas piedras.
Toqué el Imperio. Dejé que me invadiera
una dicha solemne. Comprendí.
La memoria de Adriano, esa memoria donde la pasión se funde
con el Arte, placeres, leyes, gestas
de la espada, ¿no es lo mismo
que los Silencios de la Maestranza[22]? ¿El rostro de Adriano,
el orden de vivir que irradia, su sabiduría,
no lo he visto a veces en alguno que me topo
paseando junto al río, en ese puente
por el que bajará la Esperanza de Triana[23],
mientras me encamino a la grandeza
de los vinos y tapas del “Sol y Sombra”[24]?
        Y es en la Primavera
del 85, Villa Adriana[25], esas ruinas inefables
de lo que él nos regaló
como museo de reproducciones
de lo que había amado en este mundo,
el Liceo de Atenas[26], la Academia[27],
el Pórtico de los Colores, canopes[28] que eran la memoria
del Egipto, estanques a la sombra de luminosas arboledas
donde las ninfas extendían sus mantos,
aves de lumbre, furia de los sentidos, y la alta Biblioteca[29]
donde dejar volar los pensamientos. Allí, por esas sendas
Adriano paseó con otros seres escogidos
o bajo la noche al amor se entregaba
con hermosas mujeres y adolescentes como ángeles. Allí toqué
la piel de la cima del refinado espíritu
de un gran Jefe de Hombres. En su honor
—él los había escuchado en los largos atardeceres—
dije yo allí en voz alta versos de la ENEIDA, de Homero, de Propercio[30],
de Safo[31]. Dije ;
“Interea medium Aeneas iam classe tenebat
certus iter fluctusque atros Aquilone secabat
moenia respiciens, quae iam infelicis Elissae
conlucent flammis”[32], evoqué
las astucias de Ulises, el cuerpo
de esa virgen de rubios cabellos
del Libro II de las ELEGíAS[33]... Las palabras resonaban
sobre el silencio de las ruinas
como si fueran luz del sol.
       Y ahora, una vez más,
esta tarde de bronce, junto al Arno[34],
vuelves a mí en la fotografía que las manos de una joven
sostienen, un Antinoo[35]. La joven lo contempla conmovida.
Pienso que como pocos otros símbolos
de lo que amo, tu memoria
ha acompañado asiduamente
mi vida. ¿Cuántas veces
he pasado —hasta ya ni mirarlo—
ante esa Moles Hadriani[36], ese Sant’Angelo[37]
que me lleva a San Pietro? Cuando ni miras algo,
es que ya está en tu sangre, tan tú como tu carne.
Como lo es el busto de las Termas[38],
o el asombroso del Vaticano[39], y cerca de él,
ese divino Antinoo como Baco, ese joven bitinio[40]
cuya sensualidad, cuya belleza
–ah, haber podido ver el de Antoniano de Afrodisias[41]
incendiaron tu alma. Cuantísimas mañanas
lo primero que mis ojos han contemplado al despertar
ha sido el Panteón[42], por mi ventana sobre la placita;
cuántas noches, la última
copa junto a la fuente
ha brindado por su belleza,
ha brindado por ti.

Un gran maestro dijo que uno
se obliga a vivir porque de vez en cuando
vivir es extraordinario, es memorable[43].
      Entre esos instantes
—Juan de la Cruz o pasear por Istanbul, Mozart, Velázquez,
Nabokov, Borges, Shakespeare, el mar,
eso que a veces hay en la mirada
de una mujer—,
pensar en lo que hiciste,
tu recuerdo de Emperador tan sabio y valeroso,
enriquece mi vida, anima
mi pensamiento. Bien podría
decirte lo mismo que hace años
ofrecí a Marco Aurelio[44] en unos versos:
Te hubiera seguido con orgullo[45].



DOS CABALGAN JUNTOS[46]

«Un orden de vivir, es la sabiduría»
JAIME GIL DE BIEDMA

In memorian Antonio Machado

Dejo vivir mi cuerpo y lo contemplo.
Lo veo amar y lo veo escribir.
Lo veo vivir. Y a veces
somos uno en algún sitio.
Acabaremos juntos.





WUTHERING HEIGHTS[47]

«¿Conoces a Job Terry? No hay quien no conozca a Job Terry en todo
 el Pacifico»
RICHARD E. DANA

«Soy yo cuando estoy en escena»
FANNY WHITESIDE BROUGH

«El que soy en mis  telas es sin duda el verdadero»
DIEGO VELÁZQUEZ

«Este es el animal que no ha existido»
RAINER MARIA RILKE

A mi maestro Jean Renoir

Hazte traer
cuanto precises. No salgas. ¿Para
qué? No hay ya lugares
donde puedas ser feliz.
Los negocios que te permiten
vivir, resuélvelos por el teléfono. O escribe
cartas, éstas a los amigos,
con el mejor estilo que disfrutes.
De vez en cuando, mira
si arde la ciudad. Conserva limpio
tu 38[48]. Cuida con toda
delicadeza tus rosales.
Y siéntete orgulloso
de que los pájaros aniden
en tu jardín, que ofrece paz.
Bajo sus árboles acude cada tarde
y contempla el crepúsculo. Da gracias
a tus dioses por esa
mágica estancia, por el día
vivido, por los libros, la música, los cuadros
que de la Muerte salvas.
Y cuando piedra o bala rompan tus cristales,
no levantes los ojos
de aquello que te ocupa; más, perdidos
en el bellísimo paisaje de tus libros
elije la más noble
edición que poseas de TREASURE ISLAND[49].
Y mientras populacho y soldadesca
con fin de igual vileza se acuchillan,
tú lee sereno, escucha a Rubinstein[50]
interpretando a Chopin. Acaricia
la frente de tu perro[51].
Y en la alta noche
encamina tus pasos hacia el sueño.



PARÁBOLA DE LOS CIEGOS[52]

«Alhajas como crepúsculos»
VICENTE HUIDOBRO

«Veneraciones sacras
me sirven de consuelo»
FERNANDO DE VALENZUELA Y ENCISO

A mi maestro Omar Khayyam

Pasaremos. Ceniza
De un sueño.
Como pasaron Delfos[53],
Alejandro, Palmira[54].
Pasarán las palabras
Con que los grandes
A los grandes recordaron.
Después un viento
De oro y hierro
Igualará montes y llanos,
Dignidad y soberbia.
Y, muerto,
Girará este planeta
Eternamente, con su carga atroz,
Grandiosa, inexplicable.



DU NUR ZIEHST WIE DER MOND[55]

 «Sentí que la enferma Venecia y yo nos parecíamos en este momento crepuscular, anheloso y sin embargo soberbio; que ambos simbolizábamos algo semejante, destinado a menoscabarse y a perderse: la actitud de una casta (¿de una idea?) frente a la vida: y que con todas nuestras debilidades arbitrarias, nuestras vanidades y nuestras corrupciones,Venecia y los hombres de mi estirpe— que habían iniciado su progreso en el mundo. hacia la meta aristocrática, con similar reciura heroica, y que se fueron desmoronando juntos, en la marchita melancolía del refinamiento— habían contribuido a darle a ese mundo, a ese mundo que se iría volviendo, cuando creía volverse mejor, cada vez más uniformado y mediocre, un tono, una orgullosa grandeza, cuya falta lo privaría de una forma insustituible de intensidad y de pasión»
MANUEL MUJICA LAÍNEZ

Para Badr Tawfik

Sirvo a la Literatura
Y adoro a sus dioses
Y en los placeres de la noche
La conversación la música
Jóvenes cuerpos iluminados por el deseo
Calmo mis inquietudes





ACONTECIMIENTO DEL OPIO

«¿El capitán Nemo, vive todavía?»
JULES VERNE

Quien ha besado esos labios,
ya
nunca
Quien ha contemplado
el desierto que brilla en esa Luna,
sus tesoros hundidos.
Mudado por su luz que baña de otro sentido
todo,
sabe que sólo tiene ya
un oponente digno de él: lo
Desconocido.
       Y se deja arrastrar por ese éxtasis
hasta sentir que se disuelve
en la abundancia del movimiento
       de algo
que es más
que
la vida.

La hechicera arquitectura de la Civilización.
¿Tocaríamos tanto esplendor sin
pertenecerle? Esa Belleza, abrazándonos
como las alas de aquel cisne que fecundó a la hembra[56],
nos sorbe en su vértigo de dicha.

Oh. Que nos arrebate.
     Sí, como
el suicida de la sociedad.
                                     
Piedra de ansia.

Somos su carne.

En algún lugar de esa lámina de insomnio anida
(¿Oyes su respiración en la obscuridad?)
lo que para vivir necesitamos que esté
ahí.
Ahí, sí, como el sol o la mar.
Deslumbrando al sabio y asombrando al bárbaro.
Ah, ese Encantamiento
aplaca
cuanto lacera no ya nuestra memoria, aunque
la unte de un dulcísimo bálsamo, sino
que calma algo dentro de nosotros,
algo que no sabemos lo que es,
pero que araña la carne.

La música, el Arte, la Poesía,
misteriosas ofrendas en un altar impenetrable.
También, acaso,
l’affreux rire de l’idiot[57].

Entrego mi mente a su silencio desollado vivo,
saboreo los jugos que manan de su sexo,
anonada mi yo,
su Gracia asciende por mi cuerpo y mi inteligencia.

Esa plenitud que viene
¿de dónde?
arrasando cuanto no sea su grandeza,

y que ahora pasa por mí
y se pierde
en el futuro. 





A VOUS PARLE, COMPAINGS DE GALLE[58]

«Como se passa la vida
 como se viene la muerte
tan callando»
JORGE MANRIQUE

«Piensa, ya sin asombro, que esa cara
Es él»
JORGE LUIS BORGES

La Noche brilla como los huesos de la furia.
La membrana del mar bruñida por su halo
es atravesada por un chasquido de luz
que salta sobre esa lámina cegadora
y queda detenido en el resplandor de plata.
En el silencio calcinado escucho
el rumor de la espuma —como uñas una tela—
rasgar la petrificación del paisaje.
El viento pasa sobre esa imagen muerta.
Restallan los palios[59] de la noche.
La Luna bate como latigazos
sobre las guijas de la playa.

Algo dentro de mí
ah esa crin espesa y dura,
se abre paso.

Como si sólo en esas rajas de la vida
tocara su última razón mi existencia.

Noche de la que parten
hondísimas raíces, oh excesiva, oh magnánima.
Como si del fondo de algo que no sabemos
pero que habita en nosotros,
a ti nos uniera un vasto río de vida,
de embriaguez y asombro de existir.

Tus paredes son ásperas
como las de la Locura.
       Todos los sentidos,
tensos como el olfato del lobo,
atraviesan tu brutal coágulo y casi tocan
la inmensa bestialidad que ha alumbrado esta expansión.

Pero si sobre esa desnuda e incomprensible succión
sembramos

entonces se nos concedería.
Sí,
        se nos concedería.

Y por todos los cercos de la noche,
despojos de eternidad, muros de olvido.

La grasa de los rebaños ardiendo en los altares[60].

Oh Luna,
Señora mía,
despójame de la inteligencia.
No es la inteligencia quien ha creado todo esto.
         Te entrego
mi cuerpo. Que de cada una
de sus cicatrices, de su
memoria, y de su dicha, se eleve
un canto de alabanza.

Te entrego
mi carne y mi voluntad y mi razón. Que yo sea
sólo una quemadura
de la ferocidad de tu poder.

Sí. Que muera en mí cuanto no sea alabanza,
cuanto en mí no se postre ante el Misterio.

No quiero despertar al Dios que duerme
en esa luz, sino lamer sus párpados.
Si los alza, me abrasaría.

Sólo aguardar en esta playa.

Y en esa yerta hora
vendría,
de más allá del silencio del mundo,
la nave del largo viaje.

¿Qué darle al fúnebre barquero?

Nada me queda, le dirás, mas
Mira
Esta es, intacta, mi alegría,
y es lo que ofrezco en pago de este viaje.
Ah barquero. Tampoco tú preguntes.
Vocat lux ultima victos[61]
El día final llama a los vencidos.

Y sobre el rostro de la Muerte
vi descender una lágrima de oro.





LA ISLA DEL TESORO[62]

  «Pintadas aves —cítaras de pluma—
 coronaban la bárbara capilla»
LUIS DE GÓNGORA

In memoriam Cervantes

Navegar con los hombres
Sin Dios ni patria
Ni Ley
Haber sentido
La cubierta y el aire de la mar
Como última tierra

Asaltar Maracaibo

Reír ante la horca

Y sobre las cenizas
De todo un mundo
izar
La seda negra de los perdedores



JOSÉ MARÍA ALVAREZ
MUSEO DE CERA
edición anotada inédita de Alfredo Rodríguez 

 

[1] Es otro de los nombres de piedras, tomados del lapidario de alfonso x el sabio, para dar títulos a los poemas del libro la lágrima de ahab (1999).
[2] Se trata de su primera mujer, Aline Elie.
[3] El poeta pasó una temporada durante su juventud en Le Lavandou y en Bormes les Mimosas, localidades de la Provence francesa, en la Costa Azul.
[4] Adriano, emperador romano de origen español.
[5] Se trata del italiano César Cantú, y la obra es su famosa Enciclopedia de historia universal.
[6] El Muro de Adriano era una construcción que fue mandada hacer por el emperador romano Adriano entre el año 122 y el 132. Este muro o muralla fue hecho para defender los territorios romanos de Britania de las guerreras tribus de los pictos (nombre que se traduce por “los pintados o los tatuados”), tribus que se extendían por la parte norte, zona que ahora es Escocia tras la invasión de los escotos provenientes de Irlanda. Esta frontera se extendía desde el golfo de Solway, en el oeste, hasta el estuario del río Tyne en el este, durante 117 km.
[7] la vida de Adriano, obra del cronista latino Aelius Spartianus, es uno de los textos más sólidos de la historia augusta (elenco de biografías de emperadores romanos que comprende el periodo 117-284). Spartiano redactó un siglo más tarde de la muerte de Adriano su Vita Hadriani,  y su Vita Aeli Caesaris, obra menor que nos da una imagen singularmente plausible del hijo adoptivo del emperador.
[8]Animula vagula blandula / hospes comesque corporis, / quae nunc abibis in loca / pallidula rigida nudula? / nec ut soles dabis iocos! Alma, vagabunda y cariñosa, / huésped y compañera del cuerpo, / ¿dónde vivirás? En lugares lívidos, severos y desnudos /  y jamás volverás a animarme como antes  Se trata de un poema escrito por el propio Adriano, que en hora cercana a la de la muerte, apostrofaba a su alma como a “huésped y compañera del cuerpo”.
[9] Ferdinand Gregorovius (1821-1891), historiador alemán, fue  no sólo un ágil erudito sino también un poeta. Y es autor de un espléndido ensayo acerca de Adriano.
[10] Recordando al descreído emperador sevillano, el poeta Ezra Pound, en su poema blandula, tenella, vagula , perteneciente a su poemario canzoni (publicado en 1911), conversó amistosamente con un alma a la que también sentía ajena a lo sobrenatural y más bien proclive a los juegos de los sentidos: “What hast thou, O my soul, with paradise?”.
[11] Edward Gibbon (1737-1794) Historiador británico.
[12] En el distrito 18 de París, al este de Montmartre. JMA vivió aquí en 1961.
[13] Localidad a 12 kilómetros de París, en la región de Isla de Francia, departamento de Valle del Marne, en el distrio de Nogent-sur-Marne.
[14] the history of the decline and fall of the roman empire (HISTORIA DE LA DECADENCIA Y CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO), publicada entre 1776 y 1778, es la obra magna de Gibbon, un trabajo fundamental cuya influencia perdura hasta hoy.
[15] Marguerite Yourcenar (1903-1987); poetisa, novelista, autora de teatro y traductora francesa. En mémoires d’hadrien (memorias de adriano), recrea la vida y muerte del emperador. La obra está escrita a modo de larga carta del emperador a Marco Aurelio, su sucesor e hijo adoptivo. Adriano explica su pasado, describiendo sus triunfos, su amor por Antinoo y su filosofía. Fue una novela pionera, que ha servido de influencia en la posterior novelística histórica, convirtiéndose en una obra maestra moderna.
[16] (155-229) Historiador y senador de origen griego, que escribió el capítulo de su historia romana consagrado a Adriano unos cuarenta años después de la muerte del emperador.
[17] Esta expresión está tomada del parlamento de Antonio, al comienzo (escena I, acto I) del drama antonio y cleopatra, de Shakespeare. Dice Antonio: ¡Húndase Roma en el Tiber y que el arco inmenso de la arquitectura del imperio se desplome!
[18] El ”grieguecillo”. La palabra está tomada de la vita hadriani de Spartiano. Iuventutem suam in Graecis studiis imbuit tali ingenio ut  multi graeculum appellarent. Desarrolló su juventud en los estudios griegos con tal ingenio que muchos le llamaban el grieguecillo.
[19] Las tres cartas de Adriano referentes a su vida personal (Carta a Matidia, carta a Serviano, carta dirigida por el emperador moribundo a Antonino) , que se encuentran respectivamente en la selección de cartas compiladas por el gramático Dositeo, en la Vita Saturnini de Vopiscus, y en el Grenfelí and Hunr, Fayum Towns and their Papyri, 1900, son de discutible autenticidad; no obstante, las tres llevan en gran medida la señal del hombre a quien se atribuyen.
[20] Se trata de los monumentales restos del Templo de Venus y Roma, edificado por Adriano en 121 d.C. para simbolizar la unión entre Venus, progenitora de la gens Julia y Roma. Fue el mayor templo construido jamás en Roma.
[21] Itálica es la Ciudad Romana que se levantaba en lo que es ahora el municipio de Santiponce, en la provincia de Sevilla. Fue el lugar de origen de la familia del emperador Adriano que la elevó al estatuto de colonia, pasando a denominarse Colonia Aelia Augusta Italicensium.
[22] Silencio durante las corridas de toros en Sevilla, silencio espeso, que hace que en toda la plaza puedan oírse los gritos del matador, los bufidos del toro o los golpes en las tablas de los subalternos.
[23] Popular imagen barroca de la Virgen, que sacan en procesión en la Semana Santa sevillana.
[24] Bar "Sol y Sombra" en la calle Castilla del Barrio de Triana. La “grandeza” de sus tapas ya ha decaído.
[25] Es uno de las más famosos complejos arqueológicos romanos. Situada en Tívoli, fue construida en el siglo II. En ella se reúnen distintas construcciones (como la Piazza d`Oro, el Teatro Marítimo, el Pecicle o el Canopo ) que representan diferentes lugares y monumentos del mundo romano. Era en realidad una pequeña ciudad con edificios magníficos que recordaban lo mejor que Adriano había visto en sus viajes, especialmente de Oriente, Grecia y Egipto.
[26] Poco después de iniciar Alejandro su reinado, Aristóteles regresó a Atenas y allí fundó su propia escuela, alrededor del año 335 a.C., la célebre escuela de Atenas, conocida como el «Lyceum o Liceo de Atenas», donde desplegó una importante labor de investigación y enseñanza en las distintas ramas del saber.
[27] A la vuelta de su primer viaje a Sicilia (387), Platón fundó una escuela en Atenas. La escuela estaba ubicaba en los jardines consagrados al héroe Academos, por lo que recibió el nombre de "Academia".
[28] En el antiguo Egipto los cuatro “hijos de Horus” o de “Osiris” son los guardianes del embalsamamiento de todos los muertos, cuyas vísceras son colocadas bajo su protección en vasos denominados “canopes” ornamentados con sus efigies, es decir: un hombre, un mandril, un chacal y un halcón. En el poema Álvarez se está refiriendo a las ruinas del Canopo, otro de los monumentos de la Villa Adriana.
[29] Dentro del llamado Teatro Marítimo, residencia privada del emperador, se encontraba la torre para la biblioteca privada de Adriano.
[30] Sexto Propercio (47-15 adC), poeta lírico latino.
[31] Safo de Lesbos (650-580 adC). Poetisa griega.
[32] Entretanto Eneas ya mantenía seguro su rumbo / con la flota y del Aquilón negras cortaba las olas / volviéndose a mirar las murallas que ya resplandecen con las llamas / de la infeliz Elisa.  Son los primeros versos del Libro V de la eneida de Virgilio.
[33] Propercio escribió unos noventa poemas repartidos en cuatro libros de Elegías, de los cuales los tres primeros se dedican a Cintia, una liberta o una cortesana acaso, que hizo brotar en él el gusto por la poesía. Su obra posee una característica y recurrente melancolía, y expresa patéticamente un concepto trágico de un amor que se ve atacado por los celos, la tristeza y la desilusión.
[34] Río que atraviesa la ciudad de Florencia.
[35] Joven de gran belleza, favorito y amante del emperador Adriano. Tras su muerte fue deificado y adorado como una deidad. Muchos de los retratos que se hicieron de él se han conservado hasta nuestros días. Ha sido muy representado en el arte, especialmente en la escultura.
[36] Tumba mausoleo del emperador Adriano y posterior castillo de Sant’Angelo , en Roma.
[37] El Castillo de Sant'Angelo o Castel Sant' Angelo, monumento romano situado en la orilla derecha del río Tíber, en frente del pons Aelius (actual puente de Sant'Angelo), a poca distancia de la Ciudad del Vaticano, fue iniciado por Adriano en el año 135 para ser su mausoleo.
[38] Busto de Antinoo en el Museo de las Termas, en Roma.
[39] Álvarez habla de dos de los bustos de Antinoo que se encuentran en los Museos Vaticanos.
[40] Natural de Bitinia, país de Asia antigua.
[41] Antoniano de Afrodisias firma el Antinoo como Silvano de Lanuvium.
[42] El Panteón de Agripa o Panteón de Roma. En tiempos de Adriano el edificio fue enteramente reconstruido. En la ciudad se lo conoce popularmente como La Rotonda, de ahí el nombre de la plaza en que se encuentra. En esa misma plaza está el hotel Senato en el que José María Álvarez se hospeda siempre que viaja a Roma.
[43] Lo dijo Séneca.
[44] Fue emperador romano desde el año 161 hasta el 180. Está considerado como el último de los cinco buenos emperadores, junto con Nerva, Trajano, Adriano y Antonino Pío.
[45] Es en el poema de 1976 titulado, estatua de marco aurelio: Imagino que así fuiste. Como en la estatua / Donde aguardas el fin de las edades. / Los dos nobles destinos / —La limpia inteligencia, una espada honorable— / Fueron uno en tus Águilas. / Te hubiera seguido con orgullo.
[46] Magistral western de 1961, dirigido por John Ford, e interpretado por James Stewart.
[47] cumbres borrascosas. Título de la famosa novela dramática de la escritora inglesa Emily Brontë, publicada en 1847. El título de la obra se refiere a la casa solariega que es el escenario de la novela. Como en otras muchos poemas alvarezianos, puede ser o puede no ser. Se trata de un tema muy complejo. Es el juego de Álvarez que recorre todo museo de cera:  Puede ser un homenaje o puede ser simplemente que en ese momento lo que el poeta va a decir “entra en Cumbres”, y entonces usa ese título que ya es conocido. La poesía es como un diamante que tiene muchas caras: si coges sólo una te estás dejando las otras. Poliédrico -dice el poeta. 
[48] El revólver de 38 m/m. es un arma corta, semiautomática de poco peso y tamaño reducido, adaptable a la defensa personal.
[49] la isla del tesoro, de Stevenson. Es quizá la novela favorita de Álvarez.
[50] Arthur Rubinstein (1887-1982). Pianista polaco que hubo de trasladarse por motivos políticos a Estados Unidos.
[51] Los rosales, el jardín, los árboles, los libros, la música, los cuadros, el perro... Todo pertenece al hábitat real y cotidiano de JMA, en su casa de Villa Gracia, cerca del Mar Menor.
[52] La parábola del título es la del ciego guiando a otro ciego, que conduce a la caída de ambos. Se trata de un cuadro del pintor flamenco Pieter Bruegel, el Viejo, de 1568, que se expone en el Museo de Capodimonte de Nápoles.
[53] Situado en la Grecia central, el oráculo de Delfos fue el más famoso de la antigüedad y su fiabilidad se mantuvo durante varios cientos de años. Fue un gran recinto sagrado, dedicado principalmente al dios Apolo, al que acudían los griegos para preguntar a los dioses sobre cuestiones inquietantes.
[54] Ciudad antigua situada en el desierto de Siria, fue la capital del reino nabateo bajo el efímero reinado de la reina Zenobia entre los años 266-272 d. de C.
[55] Sólo tú sales solo como la luna  Se trata de un verso extraído del poema de Rilke titulado a hölderlin , perteneciente a la serie de poemas de 1906 a 1926 (en su parte llamada poemas acabados), y escrito en Irschenhausen, en septiembre de 1914.
[56] Zeus se prendó de la bella Leda, por ello mutó en cisne —que era perseguido por una águila, en realidad su hija Afrodita—. Leda se apiadó del cisne y lo abrazó. Ahí mismo la fecundó Zeus. De tal unión nació Pólux y Helena. Hay un poema de Yeats sobre el tema que fue el que inspiró a Álvarez.
[57] Se trata de parte de un verso extraído del poema une saison en enfer (una temporada en el infierno) de Rimbaud, escrito en 1873. Et le printemps m’a apporté l’affreux rire de l’idiot. Y la primavera me trajo la horrible risa del idiota.
[58] Me dirijo a vosotros, compañeros de camarilla  Es el primer verso (que da título) del poema número CLIX (159) dentro de la balada de la buena doctrina, en la obra el testamento del poeta medieval francés François Villon.
[59] Toldos que el viento bate.
[60] Es una referencia o imagen que viene de todo ese mundo clásico, donde se echaba grasa de animales en los altares para los sacrificios.
[61] Virgilio. Eneida, Libro II (668) Arma viri, ferte arma, vocat lux ultima victos. ¡A las armas, muchachos, a las armas! Que la luz postrera reclama a los vencidos.
[62] La novela que iluminó la adolescencia de Álvarez, y que aún le sigue fascinando. Éste es el poema que Álvarez sigue considerando como su más fiel autorretrato y que acostumbra siempre a incluir en sus recitales. Me parece una declaración de principios bastante...

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