Una emergencia: la poesía joven




 
[Encontré hace poco tiempo en uno de los millones de blog sobre poesía que pululan por la Red esta joya que os reproduzco a continuación y que yo suscribo en todas y cada una de sus líneas. La firma un poeta canario llamado Rafael-José Díaz, al que no tengo el gusto de conocer pero al que me encantaría saludar y darle mi más sincera enhorabuena por su valentía y por su mente tan lúcida]:


 El asqueroso circo mediático me resultaría soportable si se limitara a todo aquello que no me interesa. Cuando corrompe y emponzoña lo que desde la adolescencia ha sido una de mis pasiones, la poesía, me siento en cierto modo afectado por él, por mucho que intente convencerme a mí mismo de que no me concierne. 

-Asistir al espectáculo de decenas y decenas de supuestos poetas jóvenes siguiéndoles el juego a las autoproclamadas redes de editoriales de poesía emergente, en connivencia con medios de comunicación aparentemente independientes pero en el fondo entregados a las más rastreras leyes del mercado; 
-ver cómo estos poetas se acercan sigilosamente a poetas mayores en busca de prebendas, favores, contactos o recomendaciones
-acabar sabiendo que se les nombra, a algunos de estos poetas jóvenes, becarios durante años en instituciones de renombre ―aun cuando a esas mismas becas hayan optado poetas con muchos más méritos que ellos―, directores de fundaciones o de centros oficiales sin que sus logros hasta ese momento pasen de haber publicado dos o tres libros elogiados, eso sí, por críticos amigos, o premiados en algún concurso cuyo jurado apenas deliberó
-sentir vergüenza ajena al observar cómo todo este parnasillo de supuestos poetas jóvenes no hace sino repetir así, a sabiendas, las prácticas mafiosas con que medraron sus antecesores y que han sido, sin duda, adoptadas del mundo empresarial patrio, en el que con tanta frecuencia se dan ―pero las concesiones de premios, becas, direcciones de instituciones y un largo etcétera no están, por desgracia, sometidas a auditorías ni a controles externos de ningún tipo, por lo que el descaro, el nepotismo y la más completa arbitrariedad campan por sus respetos


-comprobar cómo a la mayor parte de las citas periódicas relacionadas con la poesía (ferias, festivales, ciclos, encuentros, jornadas, aulas de poesía) son invitados casi siempre los mismos nombres de poetas consagrados y poetas jóvenes, cómo, cuando un medio de comunicación decide lanzar una campaña de promoción de la poesía emergente son casi siempre previsibles los nombres o referencias que van a manejarse y cómo en los blogs que la mayoría de estos poetas escriben se citan unos a otros hasta la saciedad: 
todo esto, toda esta montaña de basura adornada con el sacrosanto nombre de la poesía, me da náuseas, me recuerda las palabras con que cierto amigo de mi juventud me animaba a que me fuera abriendo un espacio en el medio literario del país. Le dije (hace de esto más de quince años) que el único espacio en el que creía era el espacio del poema. Y lo sigo creyendo. 

Suponen una devaluación tal de la palabra prostituirla una y otra vez, malbaratarla al mejor postor, frotarla sin ninguna delicadeza, sin apenas amor, con cualquier otra palabra pronunciada sin amor y sin delicadeza, que he acabado pensando que es preferible convertirse en un poeta autista, un desaparecido que se mantenga al margen de esta fiesta indecente en que una tarta tan pequeña quiere ser repartida entre tantos. 


Se nos quiere hacer creer que asistimos a un nuevo esplendor de la poesía en este país: yo no logro, entre las montañas de libros que el parnasillo publica, leer apenas nada que me parezca deslumbrante, insólito, imprevisible o simplemente nuevo
-Nombres ensalzados que están hasta en la sopa (sopa literal porque bien que les da de comer) no han escrito un buen poema en toda su vida. 
-Ganadores de premios consistentes en miles y miles de euros renquean en cada verso y el resultado final es un fiasco en cada página del libro que publican en la consabida editorial de renombre. 
-Imágenes mediocres pululan enviscadas en un ritmo basto, inexistente o descaradamente monótono. 
-Elipsis vulgares o personificaciones dignas de colegiales se presentan como grandes descubrimientos que anuncian voces prometedoras o, incluso, se atreve a vaticinar algún crítico o antólogo, nuevas generaciones. 

Saturno devora a sus propios hijos y los defeca en forma de libros, blogs, revistas digitales o sesiones de perfopoesía que van acumulándose en los sótanos de este asqueroso circo mediático de comienzos del siglo veintiuno.

TRAVESÍAS

Cuaderno de apuntes de Rafael-José Díaz
27 de abril de 2010


Rafael-José Díaz, poeta (Tenerife, 1971)

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