la obra total


 
          Me gustan los libros-compendio, los libros-obra total (cajón de sastre, diría algún crítico maligno), como aquella obra total a la que decía aspirar Juan Ramón Jiménez, esos libros maravillosos que lo contienen todo, especie de enciclopedias, que pretenden quizá contener la vida entera de un hombre, donde se llenan las bodegas de preciadas especias: 
poemas (si no hay poesía no hay vida), diarios inéditos, ensayos poéticos, notas dispersas, críticas literarias, crónicas viajeras, qué sé yo..., todo lo que se le pueda ocurrir a uno y que quepa en un libro, para invernar en este paraje. Con tal de que no se trate de rollos ficticios o noveleros o novelísticos o paranoias extrañas de la mente, que nada me interesan y mucho me desagradan.
          Que sea Vida, una "novela" de la vida de un hombre (o mujer) -como diría García Martín-, durante un determinado periodo más o menos amplio de aquélla, o que podría también incluirla toda. Amuletos y talismanes de zafiro, rubí o diamante, si ese hombre es un inmenso poeta. Piedras engastasdas en el Oro de la vida, si son versos sus palabras. Palacios elevados.
          El caso es que disfruto ahí como un enano burlón. Y lo quiero saber todo, amigos. Entro ahí, y si no lo acabo sabiendo todo del autor en cuestión y sus aledaños no paro hasta conseguirlo. Me dejo llevar. Me reconozco a mí mismo en pequeños detalles de su vida o de su obra. Me siento en plena conexión con el mundo privado de ese escritor. Mantia de los espíritus. Me convierto en una especie de licántropo o asesino de la luna llena, que quiere tomarlo todo. Devorarlo.

 
 

          Normalmente suele tratarse -me refiero a dicho autor de la obra total- de un poeta que está de vuelta ya de todo, que quiere hacer en ese libro total borrón y cuenta nueva en su vida. Estibando en sus bodegas o en los ricos manantiales de tierra que brotaron desde tiempo atrás en ella. Empezar de cero, y a otra cosa mariposa...
          En esos libros busco nuestra raíz común y más antigua. La que misteriosamente nos une, a todos los que estamos en esto de la Poesía, en una tela de araña, como decía Álvarez en aquel prólogo maravilloso que me hizo. Desentierro los restos de Troya... y encuentro sellos de oro.
          Estoy hablando de libros como LIBRO DE LOS MÁRGENES, LOS DECORADOS DEL OLVIDO, AUTOBIOGRAFÍA SIN VIDA, AL OTRO LADO DEL ESPEJO, DEL PENSAMIENTO INSPIRADO, CIVILIZATION, TRES TRATADOS DE ARMONÍA, MEMORIAS DE ULTRATUMBA, DÉBIL ES LA CARNE, AÑOS DE PENITENCIA, UN TIEMPO QUE NO PASA, EL VIAJE HACIA EL CENTRO, EL RÍO DE SOMBRA, MEMORIAS DE CASANOVA, LOS AÑOS CONTADOS, LA RUTA DE OCCITANIA, BIBLIOTECA CIRCULANTE, DIETARIO DE GIMFERRER, ITINERARIO DE UN ESCRITOR, ENSAYOS DE MONTAIGNE, EL ARGUMENTO DE LA OBRA, EL OFICIO DE VIVIR, LOS DIARIOS DE GARCÍA MARTÍN, EL CUADERNO GRIS, PUNTOS CARDINALES, MEDITERRÁNEO-TUMULTOS DEL OLEAJE, RADIACIONES, CAMBIO DE DESTINO, PERROS AHORCADOS, CUADERNO VENECIANO, SALÓN DE PASOS PERDIDOS, MEMORIA DEL FUEGO, ESENCIA Y HERMOSURA, FICCIONARIO, y alguno más cuyo título ahora olvido, que me perdone su autor...
          No sé, me encantan ese tipo de libros, me gustaría tanto alguna vez escribir yo también algo así (ya sabéis, esto de la literatura tiene para el lector entusiasta mucho de querer sentirse protagonista, es inevitable, va en la esencia de cada poeta), me envuelven en su tela de araña, son mis conjuros para llamar a los espíritus, aquello que más debemos estimar y tener y cuya mordedura sólo se cura con la mandrágora.


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