Jordi Savall makes me happy


Jordi Savall me hace feliz. Muy feliz. Aparta de mí por momentos esa turbación que ensombrece nuestra vida. En gracia a que su Música, su manera de interpretar la Música Antigua que recupera para nuestros oídos, lleva en sí la Poesía tan bravamente como la Vida.

Lo descubrí hace tiempo. Él fue quien me condujo hasta el extraño y olvidado compositor del barroco italiano, Biagio Marini. Me fascinaron sus raros sonidos ancestrales, extraídos de ese instrumento maravilloso, tan dificilísimo de tocar, y de preciosista nombre, la viola da gamba. O de ese otro instrumento de melancólico sonido, reservas por el amor de las nueve Musas, de cuerdas pulsadas, el laud.

Me atrajo también Jordi Savall hasta la música del compositor del barroco francés Marin Marais, al que tampoco conocía; o al inglés John Dowland, cuya música ya es la Maravilla. Esplendorosa y elegante.

Jordi Savall es un investigador nato, un recuperador de la Música Antigua, Medieval, Clásica, del Renacimiento, Barroca, Árabe, Judia, Hispana... Pero además es un virtuoso de los instrumentos que tañe, un intérprete genial. Su trabajo es desde hace años incomensurable.

Lástima que los Cd's que tan prodigiosamente edita sean tan caros. Yo los adoro. Amo desde su formato -en digipack de lujo, con libreto interior interesantísimo-, hasta la última nota grabada en el disco. 


Esa Música, dios, esa Música me transporta de veras,  cuando todo a mi alrededor hace presentir lo contrario. Crea en mí el clima propicio para la ceremonia diaria de los versos. Restablece mi favor por la Poesía. Nadie entra así en mí, nadie como Jordi Savall. De su Música pende el símbolo de lo eterno. Lo ungido con el óleo sagrado.

Y puedo afirmar que ya no sé leer poesía ni menos escribirla sin Jordi Savall de fondo, tendida su Música en el ambiente, tocando esos instrumentos de cuerda extraños, como de Otro Mundo. De notas escarpadas, intransitables en su belleza,  que a través de poemas llegan a mí, hasta las fronteras del territorio de la mente, más allá del cual nadie ha explorado. El caso es que lo necesito como el aire, como las cosas de este mundo que no me han sido concedidas.

Por ello tengo en la discoteca de casa varios Cd's suyos (ya no me los descargo de internet, ya me aburre el burdo pirateo virtual), necesito tener el disco, ese lujo, físicamente, tocarlo, individualizado para mí, por lo que pudiese ocurrir -ya nadie lo sabe, nadie confía en nadie-, por si hubiera que salir algún día por patas con lo puesto de casa, poder llevármelos a Calípolis, tierra de artistas, ciudad ideal que sólo a los poetas nos espera. Toda su solemne grandeza, traída de la Edad Antigua.

Que su Música excelsa, sublime, de una belleza fina y delicada, no se pierda en la nada hueca, fría, absurda e informe de un vulgar mp3. Que así sea, mientras esta tierra que habitamos los poetas permanezca todavía bajo las humaredas de los incendios, de las criminales tropelías del Mundo. Que sea algún día en nosotros la Música de Savall testimonio de lo que fue la vida apasionada, incansable y alegre del poeta.

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