Fuego amigo




No hay biblioteca viva de la que no acaben sobrando libros. ¿A qué seguir comprando, a qué seguir escribiendo, a qué seguir publicando? Pero tampoco hay biblioteca de la que no falten infinitos libros. Hay que seguir comprando, escribiendo, publicando.


Hay demasiados poetas. Incluso demasiados buenos poetas. Afortunadamente no tenemos la obligación de conocerlos a todos.


me aburre leer novelas; no me las creo y más allá de las primeras cien o doscientas páginas dejan de hacerme gracia los truquitos técnicos y los juegos de manos literarios.


no todo el mundo se avergüenza de su intimidad, o de algunos aspectos de su intimidad, hasta el punto de decidir que se hagan públicos sólo después de su muerte.


…en la epidermis de un escritor no hay zona más sensible que su vanidad.


Como Borges, nunca salgo de mi biblioteca, pero mi biblioteca está esparcida por el mundo. Vaya donde vaya, allí hay un libro a mi espera.

 
Todos los poetas, si hemos de hacerles caso a ellos mismos o a sus turiferarios, son únicos y están alejados de grupos y capillitas, de ayudas oficiales y de tendencias dominantes. 


...lo de ponerse etiquetas ...es cosa de poetas principiantes o muy ingenuos; el resto no se pone etiquetas: se las ponen. Y algunos se indignan y otros se encogen de hombros. Pero ninguno vende más ni sale más en los periódicos porque le pongan una etiqueta u otra.  



No tendré mucha imaginación, pero domino el arte de convertir lo ajeno en mío y de hacer creíble cualquier fantasía. Podía dedicarme a escribir novelas. Lástima que, por lo general, me aburran tanto.


La vida de poeta es ya demasiado triste y corta y llena de rencores ajenos como para no lanzarse al vacío; siempre nos quedara (…) el consuelo, la red de trapecista de la prosa.


[editor] …dentro de su labor, poner lo más rápidamente posible los libros que publica al alcance de los lectores.


Definición de un mal editor: el que cree que su trabajo termina cuando el libro llega de la imprenta y no cuando llega a las manos de los lectores.


Hay editores a los que no les interesa vender los libros, sino sólo quitárselos de encima.


Mesa redonda por la mañana, mesa redonda por la tarde. (…) Vaguedades, lugares comunes, lecioncitas tediosas, yo me aburro, bostezo, acabo arremetiendo contra los profesores de literatura… Algo quizá no demasiado apropiado teniendo en cuenta el lugar donde estábamos, la Facultad de Filología. (…) Pero es que a mí el aburrimiento me saca siempre el anarquista que llevo dentro.


….los actos literarios (…) Son el reino de la vaciedad grandilocuente. (…) Yo trato de contenerme y poner cara impasible. (…) pero enseguida se me acaba la paciencia y empiezo a replicar, a subrayar inconsecuencias, a poner los pies sobre la tierra y hablar de literatura mencionando libros y autores concretos… Y los que no saben salirse del guión se enfadan muchísimo.


Mis crueldades me parece que no pasan de llamar mal poeta a algún mal poeta.


…este libro escueto y sabio (…) Yo lo he leído en el café del Rosal, junto a la ventana, mirando de vez en cuando los distraídos transeúntes que a su vez se me quedaban mirando. En mis ojos debía notarse la sensación de felicidad, la conciencia de que aquel instante en el que no parecía pasar nada —un café, un libro, una mañana fría y luminosa— era en realidad un milagro, un inmerecido regalo, algo digno de un dios que por error me había correspondido a mí. Literatura: arte de vivir al día, de vivir cada día como si fuera el único de nuestra vida.

 José Luis García Martín en su ritual milagroso de cada día

¡Qué engorro tener que comentar amablemente libros que no te interesan nada! Cada vez miento con más facilidad. Y eso me preocupa.


Con tal de que no me obliguen a leerlo, soy capaz de elogiar desmesuradamente a cualquier poeta. En privado, claro. En público me temo que todavía no he aprendido a mentir.


Sólo los muy tontos se irritan cuando se les alude, no importa si negativamente… El resto lo ve como una forma de publicidad.



…la poesía… nos deja mudos,… nos pone frente a nosotros mismos,… nos revela nuestra miseria, nuestra insuficiencia, nuestra nada.


…cada vez me interesan menos las novelas contemporáneas con pretensiones… De las novelas ahora lo que más me interesa es lo que hay de testimonio de un tiempo al margen de la voluntad del autor… La novela, en su origen, no era más que un pasatiempo.


Para escribir un libro hace falta talento; para criticarlo basta con mala intención.


El secreto está en saber mirar. En no dejar que resbale por el desagüe de la desmemoria, como agua usada, toda la belleza del mundo.


Siempre que lloramos una muerte lloramos también nuestra propia muerte.


Preferir… una recopilación de las inspiraciones del azar a un libro bien estructurado y premeditado. Lo prefiero como lector. También como escritor.


¡Qué tropa los poetas! Siempre desdeñando los honores que se conceden a otros, siempre rebosantes de engreída vanidad. (…) tratando de deslumbrar a un periodista, tratando de demostrar que somos más listos, más profundos y más honestos que nadie. Unos pobres peleles de rutilante calva, eso es lo que somos.

el placer de abrir un viejo libro, leído cien veces, y volver a comprobar que el mundo está bien hecho, por lo menos en algunos instantes.


Por mucho que se haya escrito, la mayor parte de las obras maestras… están siempre por escribir.

…a la gente que no compra libros, no sé por qué, siempre les cojo un poco de manía. A la gente que no compra libros y es poeta o profesor de literatura o crítico literario, claro, no a la gente común. Luego son los que dicen que los poetas jóvenes escriben todos igual y otras tonterías por el estilo.


La única obra sin ningún defecto es la que no existe. No puedo, sin embargo, evitar la impresión de que me paso la vida improvisando, publicando borradores.


En todo verdadero poeta, o por lo menos en todos los poetas que a mí me interesan (y casi me atrevería a decir que en todas las personas que me interesan), la experiencia cultural forma parte de su experiencia cotidiana.
si no hay en sus versos cultura y vida, tradición asumida, recreada y personalizada, no habrá, me parece a mí, nada que valga la pena.



…esos amigos escritores… me admiraban como crítico que elogiaba sus libros (en cuanto les ponía algún reparo, ya empezaban a pensar que quizá habían sobrevalorado mi capacidad crítica).


…como crítico trato siempre a mis amigos con un poco más de rigor que a los demás escritores…


Lo único que me interesa de la vida privada de los escritores es lo que ellos mismos cuentan en sus libros. Desde ese momento deja de ser vida privada para convertirse en un elemento más de su literatura.


…todas mis lecturas fundamentales han sido fruto del azar…


¡Qué extraño mundo el de la literatura! Hasta los que han cobrado ciento por uno se quejan.


El mundo sólo existe para servir de decorado a las historias que cuentan los libros.


¡Qué patético… a partir de cierta edad, el poeta mediocre que pretende lucirse en público! …Entre los treinta y los cuarenta años, todavía hay esperanza, pero a partir de los cuarenta o se es un buen poeta o se calla uno.



…me gusta ser un poeta de incógnito. (…) le he cogido gusto a eso.


suelen caerme muy mal los escritores que no compran libros. No mis libros, claro, sino cualquier libro. Yo no me fiaría nunca del juicio crítico de quien sólo lee, si es que lee, los libros que le envían los autores o las editoriales.


(…) Para poder seguir admirándole había que ir dejando de leerle a medida que iba publicando más y más. Supongo que eso pasa con la mayoría de los escritores.


(…) su poesía me interesa poco, y eso es algo que un poeta nota siempre y no perdona nunca.


Debería quejarme un poco, según es habitual, decir que eso me pasa por estar al margen de mafias y grupos literarios. Debería quejarme, pero no me apetece. La verdad es que estoy bastante de acuerdo con mi destino literario. Un escritor que escribe lo que le apetece no puede luego pretender que todos le aplaudan.
 

(…) ni siquiera envía a la crítica un ejemplar de los libros que edita: parece que van directamente a la nave de las afueras de Sevilla para reaparecer dentro de cien años convertidos en valiosas piezas de anticuario.


¡Qué cosa tan terrible es envejecer, llenarse de odio contra el mundo, sustituir el fecundo caos de la realidad por un punzante puñado de ideas fijas, de ideas como cuchillos sin mango que hacen daño sobre todo al que los maneja!


La inconsciencia, la hermosa inconsciencia que nos permite seguir viviendo, olvidar, no mirar a lo que nos espera.


La música me sirve para descansar de la lectura. (…) Pero no puedo escuchar demasiado tiempo. La música te hace bajar y bajar escalones dentro de ti mismo, y llegas a donde no querrías llegar. (…) 
los libros… al contrario que la música, me sacan de mí y me hacen olvidar…



…en la Universidad se está bien si uno no hace política universitaria y puede darse el lujo, como yo, de renunciar a hacer carrera universitaria.



eso de tener amigos entre los escritores exige demasiado sacrificio (…) 
…la deontología profesional debería prohibirlo…
…para qué quiere uno tener amigos que sólo son amigos mientras dices públicamente que te parece admirable cualquier bodrio que escriban.


No me interesan a mí esas amistades que se basan en el cambalache y la estafa a los lectores. Creo que voy a dar de baja a todos mis amigos escritores. Así me evito problemas.



Hay ya demasiados libros en el mundo (…) …basta haber cambiado alguna vez de casa para darse cuenta…


La palabra plagio se utiliza con excesiva ligereza. Hacer obra propia con materiales no enteramente propios es lo que ha hecho la literatura de todos los tiempos. Es un arte encontrar el material ajeno que mejor nos expresa y es un arte darle un nuevo sentido.



…en el diario conviene decir la verdad, y quizá nada más que la verdad, pero desde luego no toda la verdad. Sería demasiado aburrido. Un escritor vale tanto por lo que dice como por lo que calla.


Me gusta hacer colección de instantes. Por eso escribo… diarios. Siento que estos momentos se pierdan para siempre.



FUEGO AMIGO 
José Luis García Martín 
 Llibros del Pexe, Gijón 2000

 José Luis García Martín, asomado con inteligencia a la Vida de Poeta

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