Alvarez's blues





Cuando hice pública —necesitaba hacerlo, era demasiado bueno, demasiado maravilloso lo que me estaba ocurriendo, lo que estaba viviendo, y quería compartirlo, hacer partícipes a los demás, a los poetas amigos, de esta alegría y encantamiento— toda esta historia maravillosa que me había sucedido (y que me sigue sucediendo hasta hoy y espero que por muchos años, toco madera) con el genial poeta José María Álvarez —que hasta tuve la "osadía", incomprendida para muchos, de sacar un libro, mi primer poemario, con ese título tan polémico y que tanta cola trajo, de SALVAR LA VIDA CON ÁLVAREZ— una palabra ajena, un apelativo "cariñoso" me golpeó en la cara, una palabra, lógica por otra parte viniendo de quien venía, que pretendía definir, hacer un diagnóstico rápido de aquella extraña "dolencia" mía:  
-enfermizo, eso tuyo con Álvarez es enfermizo.


 Villa Gracia, Cartagena, 2007



Y empezaron las fuerzas de la Incomprensión a ponerse en guardia y funcionamiento:  
-deja de imitar a Álvarez; 
-estás engullido por el mito; 
-tienes que ser tú mismo, tu poesía es mejor; 
-tienes que "matar al padre para que el hijo nazca"; 
-eso que escribes no es más que una mala copia del original; 
-¿cómo te puede gustar la poesía de ese tío al que todo el mundo odia? si hay una cola de gente que le odia desde Madrid hasta Cartagena (sic); 
-¿Álvarez? ¿y quién es Álvarez?


Yo lo intenté todo durante años
-les hablé y les he estado hablando de Álvarez y de su maravilloso mundo hasta la saciedad, hasta acabar siendo un pelma, el pelma que siempre está con la misma historia; 
-les he fotocopiado sus poemas (pagando yo las fotocopias), una selección mía de sus poemas; les he dejado en préstamo sus libros, cosa que no me gusta hacer, porque la gente se los queda...; 
-les traje aquí al propio Álvarez in person (gracias a mi amigo José Luis Allo, todo hay que decirlo) y les hice su presentación en sociedad en Navarra, en 2006; 
-le acompañé en la Feria del Libro de Pamplona y tuvieron oportunidad de hablar con él. 

 José María Álvarez y Alfredo Rodríguez, Pamplona 2006


Pero nada. Nada de nada. No supieron —o no quisieron— ver nada. No extrajeron nada. Era como si les diera miedo acercarse a él. Como si hubieran visto un fantasma. No le leyeron. Algunos ni siquiera se quedaron a escucharle recitar. Yo les estaba poniendo en bandeja de plata a uno de los mejores poetas españoles de todos los tiempos —la espada de Arturo en la piedra— y ellos haciendo mutis por el foro y/o diciéndome, o pensándolo, que lo mío era "enfermizo". Porca miseria.


 
 Alfredo Rodríguez, París 2009

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