Un hombre ha terminado de escribir




Aún hay tiempo para la esperanza. Para acabar con todas las reticencias. Aún es posible la reconciliación de este pobre poeta enamorado, el que ahora escribe este dietario, con los premios de poesía, su batalla perdida. Queda un resquicio de luz para volver a creer, una pequeña rendija en la persiana rota de la vida de poeta por la que se cuela un soplo de aire fresco. Ganas de seguir ahí. Aquiles ciñendo su armadura.


Resulta que un poeta navarro —no uno cualquiera, claro, sino uno de los mejores que ha habido y no sólo en los últimos años sino en toda la afligida historia de la poesía navarra— ha ganado un Premio de los grandes. De los de bien de pasta (a un poeta hay que mimarle, hombre, hay que valorarle, un poeta es un artista, no un pelele) y publicación y distribución a nivel estatal (si un libro de poemas no se distribuye fuera de Navarra es como si no existe, se muere, agua de borrajas).


Alfonso Pascal Ros, un poeta de los buenos, y de aquí, un tío legal, sincero y directo, sin doble capa ni doble fondo ni segunda piel, qué más se puede pedir..., un hombre tímido y reservado pero a la vez arriesgado y valiente, ha obtenido en estos días de sofocante calor el IV Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Pamplona” con un poemario se sugerente y calmado título, UN HOMBRE HA TERMINADO DE ESCRIBIR.




Pero vayamos por partes. Y, eso sí, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. En Navarra no existía la Poesía, no teníamos nada —y no precisamente por falta de talento ni de dinero—, estábamos más solos y abandonados que Robinson desnudo en su playa desierta. Totalmente aislados del mundo en nuestra cabaña.  

Y aparecieron un par de tipos, José Luis Allo y Javier Asiáin, y le dieron la vuelta a la tortilla. Se dijeron, pero por qué aquí no, qué pasa aquí pues… Y empezaron a moverse, a revolver Roma con Santiago, y crearon tertulias literarias hoy consolidadas, fundaron revistas de poesía, organizaron encuentros con otros poetas y congresos de poesía, trayendo a Navarra a poetas de primera fila y, por último y de momento, esto, la caña de la caña: el Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Pamplona”. Con mucha ilusión y esfuerzo se liaron la manta a la cabeza y la armaron. Con dos cojones. La edición anual del Certamen ya lleva varios años funcionando y con mucho éxito de participación de poetas de todo el mundo.


 José Luis Allo (primero por la derecha) y Javier Asiáin (segundo por la derecha)


El poeta José Luis Allo es un tío inquieto y visionario.  Casi se podría decir que sin él, sencillamente, la Poesía no existiría en Navarra. Estaríamos aún viviendo en las cavernas mitológicas de Platón. Y es que nadie como él ha hecho tanto por la Poesía en Navarra, nadie se ha movido tanto, nadie ha ayudado, empujado tanto siempre a los jóvenes y no tan jóvenes poetas. Habría que levantarle algún día una escultura en la plaza del Castillo, al lado de la del rey Carlos III, para que los críos sepan quién era este poeta y lo que hizo en Navarra.


En cuanto al poeta Javier Asiáin, qué decir de él que no se haya dicho ya en este pequeño botín del mundo. Su nombre es sinónimo de Poesía, de la buena Poesía en Navarra. Denominación de origen. Y su poesía, su obra poética, una gestación en las entrañas de esta tierra olvidada del Norte. Porque nadie ha llegado tan lejos aquí con sus versos -aunque algunos se empeñen en ignorarlo-, desde que explotara como poeta hace ya bastantes años en su lejana adolescencia, y hasta hoy. Si hay un poeta que nos represente allende fronteras ése es sin duda Javier.


 Javier Asiáin (segundo por la izquierda, junto a Jesús Munárriz, miembro del jurado) en la ceremonía del último fallo del "Ciudad de Pamplona".


Pero bueno, volviendo a Alfonso Pascal Ros, hay que decir, lo primero, que se trata de un poeta de largo recorrido, (vamos, que no empezó ayer precisamente en esto de la poesía), alguien que se sabe poeta por encima de todo, y ahí está la calidad de su obra para demostrarlo. Un poeta sin una obra detrás que le avale no es un poeta, es sólo un fantoche, un figurante. Con este Premio, Alfonso se sitúa por derecho propio en el mascarón de proa de la poesía navarra.


Este Premio lo confirma todo. Porque Alfonso Pascal Ros no tiene que demostrar ya nada a estas alturas de la película. Nada que no haya dicho ya con sus versos, que es donde un poeta ha de hablar. Vanguardia en su obra, pero con un poso de Historia y de realidad cultural viva, descaro poético y soltura  en su obra, pero a la vez elegancia y hondura, sin la cual no hay poesía que llevarse a la boca. Saber hacer en sus versos, finura e inteligencia. No decir nada sin conocimiento de causa.



Se lo dije el otro día personalmente: ya tengo ganas de meterle el diente a su nuevo poemario, flamante ganador del “Ciudad de Pamplona”, UN HOMBRE HA TERMINADO DE ESCRIBIR. Seguro que la vida de poeta tiembla en esos versos, seguro que nos deparará sorpresas en sus páginas, en consonancia con su espíritu guerrero de poeta. Seguro que aprendemos otra vez con él todos aquellos que amamos la buena Poesía, y se nos alegra el corazón por ello. Horas de placer en su lectura nos esperan.




 Alfonso Pascal Ros, poeta (Pamplona, 1965)

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