Tras la luz poniente




La mayoría de la poesía que se destila en los libros de poemas premiados (con premios gordos) no sé por qué pero no me suele “tocar”. No es el suyo mi camino.  Me muestro siempre a esos poemarios renuente. Será porque pienso que la mayor parte de esos premios suelen estar amañados, adjudicados de antemano o en el último momento (es lo mismo) o de alguna u otra manera adulterados en el proceso selectivo inicial o final.  El caso es que, por un motivo u otro, esos libros no me los creo. Me los compro y los leo con muchos prejuicios, y eso, qué duda  cabe, influye en mi “diagnóstico” final negativo contra los mismos. No sé, pensad lo que queráis, quizá sea la impotencia del perdedor, el consuelo del derrotado.

Pero hay veces -muy pocas- en que salta la chispa, la química, el trallazo violento de la Poesía, y entonces, esta regla no se cumple en mí, y de repente, me topo con auténticas obras de arte. Como este poemario que tengo ahora en mis manos, y que releo con gusto en estos día de calor, de Juan Manuel González. Lo descubrí hace unos años y me sedujo de inmediato en su lectura: TRAS LA LUZ PONIENTE, se titula. Tenéis que buscarlo como sea y leerlo, porque es una Maravilla, Fortuna de Constantinopla, página iluminada, Regla de Maestro.



 *



LA TARDE, CADA VEZ MÁS CORTA


Antes de cruzar la raya fronteriza,
bajo los vencejos tejiendo el cielo con hilos de bramante,
tras las huellas de cascos antiguos, hundidos, borrachos de agua,
herencia de la lluvia que enmarece el paso de los días,
se intuye, contra el viento, el rumor de los maíces por nacer,
el crujir desaparecido de las carretas con sus varales,
la claridad de las anchas tardes infantiles
reclinadas sobre el sonido de los regueros,
la sombra de los tilos en rebrote,
las plegarias de las santateresas, verdes, arrodilladas,
vigilantes de un mundo caliente y mullido, esperanzado.

A cada uno le es dado y arrebatado,
una vez en la vida, su verdadero paraíso.
Aquel en el que las cerezas se cazaban con largas cañas,
las avellanas y los almendrucos se entregaban en mano,
después de atravesar la transparencia de las acequias,
encaramados en hojas, a la espalda de libélulas y tabarros.
Aquel, en el que el tiempo no tenía cuerpo,
dormía a la entrada del jardín, enroscado, 
frente a la mirada noble, y húmeda, de los mejores perros,
y estarse solo no era quedase en soledad,
sino acompañado de cien destellos, penetrado de todo.
En ese territorio, que no sabía de la memoria,
ni de la conciencia, ni de para qué vuela el espolón de la muerte, 
no se oían graznidos, cercanos truenos, 
ni la mentira angustiosa de los trisagios al caer la tormenta;
crecía el zureo de las becadas, el cuajar del centeno
para abrir largos túneles de ternura, sendas acogedoras de terrón fértil.
Hurones y martas, liebres y lebreles, se hermanaban
frente a nosotros, insectos deslumbrados por el graznar eterno de las zarzamoras.
Imperio de avefrías, de peonzas danzantes, garduñas y lentos grajos,
de herrizas, nichos de sangre germinal en las lomas,
que permitían sueños de savia, amarillos, y azules,
en las rendijas porosas de las troneras, de las torres aún no derruidas.

Hoy, antes de cruzar la raya fronteriza,
al vadear la levedad del arroyo dormido, umbría de chopos,
que separa, según dicen, Castilla de Portugal,
la helada, invisible, densa, hiere los campos,
encostra de blanco roblizas y manantios, tallos y troncos,
obedeciendo a la crueldad rígida de las estrellas
que aguardan el final de las horas en que la luz combate.
Su poder nocturno, tercamente inexorable,
clava agujas de reloj contra nuestro viaje más secreto,
libera los tendones de los recuerdos, acorta la tarde,
establece sin remedio como, una vez en la vida,
a cada uno le es dado, y arrebatado, su verdadero paraíso.

Desde el Fuerte de la Concepción, en Aldea del Obispo, entrando en Portugal


*





ENTRE EL HUMO DORADO



Silente abrazo del humo

derramándose dorado desde tu cuello,
hasta el final de la quietud
que se adormece en los hilvanes carmín recogidos en tu falda,
cautivos del sexo inmóvil
cubierto por la luz transparente
surgida, como brotes de bambú,
al posarse todos los instantes del atardecer en tu mirada.

Lejos, en las veredas abiertas hacia Oeiras,
juegan tejos y enebrales una interminable partida de ajedrez con la Muerte,
junto a ti, las enredaderas nos vigilan y defienden,
combaten el peso de los días
con un lento vagar de zarcillos y hojas triangulares,
en cuyo envés aún puedo escribir, ocultar los sentimientos,
el miedo a la pérdida,
la intución de que esto es sólo un paréntesis entre batallas y derrotas.

Sujeto la ligera pipa de caña,
cazoleta de porcelana recubierta de tallos de esmalte;
mezclo la masa anaranjada, la enciendo,
una vez tras otra, mecánicamente,
hasta que el alma de la amapola prohibida
vuela de mis labios a tu boca,
obligándonos a entornar los párpados
para ver el color interior de la vida,
ese que late cuando, sin el más pequeño movimiento,
entramos despacio, de puntillas, el uno en el otro...

No hay flores de plomo,
apenas gotas azucaradas de satén y adormidera,
ardiendo clandestinas, únicamente para nosotros.
Alguien, con discreción,
quema varillas de sándalo, de jazmín...
ante una estatuilla oriental, Siva danzante, negra.
Te pediría una taza de té, a compartir,
pero cualquier movimiento es imposible, suburbial e inútil,
frente a la necesidad de observarte, reclinada ante mí,
tu óvalo, de nieve, tapiz invernal de pájaros y opio, caído sobre mis manos.

Verdor de cipreses contra la ventana,
árboles de cristal, pulso frágil, quebradizo;
sueño que te desabrochas la blusa,
el pelo, vencido, se te disgrega al azar sobre las sábanas.
Me derrumbo bajo tu peso de gaviotas
y la ciudad se pone en marcha, vuelta brigadas de estrellas.
Te pediría una taza de té, un filtro para olvidar,
pero la bruma, el humo dorado, nos protege,
nos nutre y envuelve, nos cubre de sudor y de rocío;
hace de nosotros cazadores,
cazadores emboscados, sin recuerdos, en el borde iluminando de la noche.



JUAN MANUEL GONZÁLEZ
TRAS LA LUZ PONIENTE
ed. Visor, Madrid 2007




Juan Manuel González, poeta 
(Madrid, 1954-2008)

Publicar un comentario

  © Blogger template Shush by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP