¿poesía? pero si no rima...



No nos engañemos: si fuera por las grandes editoriales, esas que hacen caja con los best-sellers de turno (ya sean biografías de políticos o novelas sobre zombies, valgan los ejemplos), la poesía habría desaparecido de las librerías hace mucho tiempo. A no ser que el autor sea un famoso. No un poeta famoso, aclaro: un famoso, sin más, sea este cantante, futbolista, torero o astronauta. 

Y así ocurre que, en muchas librerías, la única poesía que podemos encontrar, aparte de ciertas sinopsis de contracubierta (algunos editores son unos cachondos, es evidente), son los volúmenes anotados de Cátedra. Así, el común lector, ese que devora novelas sin ton ni son, sigue pensando que la poesía rima sí o sí, y que  Quevedo y Bécquer siguen siendo el no va más. El común lector, si sigue comprando en esas librerías, no tendrá manera de conocer que, desde Bécquer, la poesía ha evolucionado tanto que ya no la reconocería ni su madre (alguna habitante de la Antigua Grecia, musa entre las musas, si hay que hacerle caso a Robert Graves). 


Hagamos la prueba: démosle a uno de esos comunes lectores (alguien alejado de los círculos poéticos del lugar, que siempre los hay) una servilleta con un poema escrito en ella de, por ejemplo, Leopoldo María Panero; por ejemplo

No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.

El común lector se preguntará por qué no rima. ¿Es esto poesía? Podrás hablarle entonces de todos los avances que se hicieron en los últimos cien años, del Modernismo, las vanguardias. Incluso de que aquí tuvimos a varios monstruos de la decapitación de la rima (seguro que les suenan Lorca o Alberti aunque no haya leído nada de ellos). Tal vez entienda que las cosas han evolucionado muchísimo. Incluso podemos llegar a convencerle de que Panero, aparte de ser un loco entrañable (a ratos) es uno de los poetas más importantes de la historia de la literatura en nuestro idioma. Aunque sus poemas no rimen. 



Podemos rizar el rizo y alcanzarle a ese común lector un ejemplar de Cuadernos amarillo, rojo, verde y azul, del malogrado Pedro Casariego Córdoba. Mejor no comentarle que su viuda, Ana, se apellida Ruiz de la Prada o atará cabos que no existen tras un rápido vistazo al librito. Para quien no lo haya visto nunca, el título no engaña: está dividido en cuatro partes, cada una impresa en papel de un diferente color (excelente la edición de Árdora, por cierto). Las ilustraciones son del propio autor, y forman un todo con el texto. ¿Es esto poesía?, nos volverá a preguntar. Sí, y no sólo las letras, también los dibujos: ellos forman parte de lo que el autor quería contar. Efectivamente, esto también es poesía, aunque no rime, esté impresa en papel de colores y tenga dibujos que parecen hechos por un niño.



Afortunadamente para las grandes editoriales, la poesía se sigue moviendo pero nunca les quitará espacio en las grandes librerías y centros comerciales. La poesía sigue evolucionando, eso sí, gracias a editores independientes, a asociaciones culturales, a grupos universitarios, y a individuos anónimos que dejaron de ser comunes lectores, visitaron librerías sin luces de neón en donde no se acepta el pago con tarjeta y empezaron a escribir poemas sin rima en servilletas de bar, mas difícilmente llegará a ser considerada popular. Y creo que es más feliz así. 


 Víctor Miguel Gallardo 
blog LECTURALIA 
28 de Febrero de 2010

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