Noche más allá de la Noche


NOCHE MÁS ALLÁ DE LA NOCHE es sin duda uno de los mejores libros de poemas jamás escritos por un poeta español. Porque Antonio Colinas -el hombre que de veras asimiló el arte antiguo- en este magistral poemario ya toma una senda de altura que no abandonará jamás y que le llevará a medirse con las huestes de los mejores poetas del mundo.

Y ello destilando un cuerpo de poemas maravillosos con el que uno aprende a amar la Poesía de verdad y sueña con hacerse poeta. Uno llega en efecto a poder sentir que la Poesía es lo más importante de su vida. El principio de la búsqueda.

Aquí Colinas da su do de pecho creador. Joya del arte. Es su libro más doloroso, de una Belleza dolorosa. El poeta atravesaba una mala temporada con serios problemas de salud, y ese dolor físico se refleja claramente en algunos momentos del libro. Como en el Canto XII, brutal y siniestro poema escrito desde ese dolor físico de la enfermedad real.



NOCHE MÁS ALLÁ DE LA NOCHE logrará la deseada fusión de pensamiento y poesía; fueron dos años los entregados casi exclusivamente a la escritura del poemario, en el que el poeta creía poetizar los momentos claves del espíritu y la cultura universales (Grecia, Roma, el Renacimiento, la mística, el Siglo de las Luces, el Romanticismo, etc), sin dejar de lado la experiencia personal. Ésta es la que guía una de las posibles lecturas del libro que, en su conjunto, es -en sus propias palabras- un viaje terrible a través de todas las noches posibles hacia la luz de una noche que estaba "más allá de la noche" (el título de la obra es reflejo de un verso de la quinta elegía del poeta catalán Carles Riba).

La obra ha quedado ahí, para la posteridad, para la delicia de cualquiera que pretenda acercarse a la Belleza de la Poesía.


Empieza en una selva y acaba en un jardín. Cosmología y metafísica. El alma del poeta en "concierto" con el cosmos. La noche / La luz. Mística coliniana a flor de piel. Poemario nocturno.

El crepúsculo de la tarde y el crepúsculo de la vida. La influencia de los astros, de la naturaleza, del cosmos en nosotros, en nuestro estado de ánimo de cada día. La música de las esferas. Musicalidad, poesía de los sentidos, de las sensaciones, se puede "oler" este poema, "tocar", palpar, "ver", aprehender.

Oscuro oboe de bruma, cómo sepulta el mar
tu solemne sonido que despierta a los muertos.
(...)
¿Qué secretos oculta este cosmos que arde
en la muerte y qué nos reserva el acaso?
(...)
Oscuro oboe de bruma, entreabre las venas
del mundo en esta paz y arrasa la Historia.

Otra vez la omnipresente Noche.


aroma que no aroma en la nada vacía.
(...)
El cuerpo del desierto y el cuerpo de la mar
se penetran de noche

 
El mar. Poesía excesiva, que se desborda.

Ibiza. Naturaleza omnipresente. Romanticismo. Los delfines. Simbología.

Los delfines saltaban encima de la muerte.



Antonio Colinas subiendo y bajando montes por Ibiza, buscando fuentes perdidas, grutas, cuevas y cavernas de antiguas deidades púnicas.
 
(...) ¿Cual es la escritura
absoluta del hombre cuando va a morir? 

(...) una noche de labios. 

Ulises / Odiseo
 
Y otra noche cayó del lado de la aurora
como un fúnebre velo,(...)
 
El Partenón.

Fue como ir ascendiendo de un mar de culpa y miedo
hasta el sol que abrasaba el dolor de mi noche.
Y allá arriba ardía en luz de oro el mundo.

Escena impresionante, emocionantísima secuencia la del legionario que muere recordando los versos de Virgilio.
 
Y una originalísima manera de hablar de la muerte, en el Canto XIII. 

La mujer: Venezia. El poeta que observa a Venezia como a la mujer de mujeres, la Diosa Mujer de la Belleza, de la que todo nace. Y se despide de Ella para morir como última visión en la Tierra.

Cuerpo de la mujer, milagro de los dioses


El poeta que bebe el agua de la fuente de la Poesía para conjurar la vida. La escena se sitúa en los Montes de León (donde transcurría la infancia de Colinas). Magnífica definición de la Poesía.
 
(...) palabra o veneno con que el hombre conjura
su condenada vida, la poesía (...)
(...)
y, estando en ti sumido, me sentiré ausente.

La consecución final del poema como ideal de la belleza en la Tierra. La "ascensión" católica del alma a los cielos y la podredumbre del cuerpo. La Poesía sobreviviendo a la muerte corporal.
 
(...) y en la segada boca
la perpetuada hoguera de los versos quemando

La transmutación o transubstanciación del Poeta al acercarse a un lugar mágico habitado por la Poesía, un lugar sagrado, histórico para la Poesía.

Ya no necesitaba saber, pues me habitaba
una ciencia absoluta, esencia del gran todo.
 
La Noche omnipresente como salvadora del poeta, como locus amoenus, lugar plácido y misterioso.

(...) Regresé a este mundo
besado por la noche, con la noche acostado


Colinas escuchando estupefacto una Misa gregoriana. Ejemplo del más puro, sangrante  y maravilloso barroquismo poético.

y los hombres, durmiendo, ensayan su morir

Parece que habla de Córdoba o de Granada. Colinas levitando...
 
Hasta el dolor estaba como purificado,
pues no pesaba el cuerpo en los cañaverales,
suspendido en un aura hechizada, lunar,
que amansaba la sierra, cada nervio del mundo.

Colinas otra vez subiendo y bajando montañas por la Ibiza ecológica y rural que él ama. Hay una ruta de fuentes ocultas por los Montes de Ibiza.

Aquí, en Arabí, el agua de la fuente
del Olvido me turba la memoria y la sangre.

Otra vez la Noche y la Luz. Insuperable altura de vuelo. Magia verbal.

Mas la mente aún se halla muy lejos del jardín,
beoda está del sueño, del otro que yo he sido.
(...)
(...) No despierto, retorno
del que he sido al que soy, de lo insondable al mundo
(...)
Lentamente despierto mientras la noche va
desangrando la luz del que he sido y del mundo.


Es una especie de tragedia griega el Canto XXII.

Y quizá me atrevería a decir que abusa un poco el maestro de los juegos de palabras en el Canto XXIII, pero a Colinas todo se le perdona...

La Amada: la luna en el Canto XXIV.

Colinas y su teoría astral: los astros, estrellas y planetas nos influyen cada día en nuestro semblante, en nuestro estado de ánimo. En el Canto XXVII.

Rememorando el locus amoenus de su infancia recorriendo los Montes de León -una constante en su obra-. Divagando con las estrellas y la luna en el Canto XXIX.

Entre versos de oro, magníficos. 

(...) Y será el corazón
una brasa en la noche (...)

Y las manos de oro de la luz se fundieron
un instante en los lomos salvajes de las bestias.

El poeta vuelve a un lugar posiblemente de la infancia, parece una especie de ermita perdida en el Monte, en el Canto XXXII.

La Mística del Cosmos, una constante en la obra del poeta, en el Canto XXXIII.

Otra vez las estrellas de Colinas en el Canto XXXIV.

Psicodelia del verso. Aquí el poeta parece haber ingerido un fármaco precioso. Poema lisérgico.

Me he sentado en el centro del bosque a respirar.
He respirado al lado del mar fuego de luz.

 
Y enlazando con el primer poema del libro, cerrando el círculo -como a mí me gusta que suceda en los mejores poemarios- esta letanía tremenda (con temática prestada de su querida maestra María Zambrano) del Post-Scriptum.

Suena, oboe profundo, y deshaz ya el nudo
de trágico existir (...)

Antonio Colinas y la poética de la armonía.

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