Café con Libros (I)




Perder el tiempo es, a menudo, la mejor forma de ganarlo. Y arreglar el mundo alrededor de unas tazas de café, una grata costumbre sin la que no existiría el mundo contemporáneo. En los cafés de Londres surgió el periodismo; en los de París, la Ilustración; y en los de Madrid, el liberalismo, Valle-Inclán y las vanguardias. En estas tertulias veraniegas no aspiramos a tanto. Solo a hablar libremente de libros y de sus alrededores. No está prohibida la maledicencia, sí el aburrimiento. 

*



Ángel.--¿Habéis visto la última antología de poesía española? ¡Qué disparate! Se titula Los chicos están bien (de las chicas no dice nada) e incluye poetas de más de cuarenta años.

Marcos.-- Habrá que citar entonces a Ángel González: “Joven poeta de cuarenta años. / ¿Último logro de la geriatría? / No: retrasado mental, sencillamente”.

Martín.-- Conozco el libro, conozco al autor, Manuel Vilas, y no se trata de una antología propiamente dicha, sino de las actas de unas jornadas de poesía última que tuvieron lugar en Zaragoza hace pocos meses. Por eso hay tantos poetas de Zaragoza. Era la condición para que los políticos autonómicos pusieran el dinero. Viene a ser como si José Luis Argüelles y Miguel Barrero publicaran un volumen dedicado al reciente encuentro de Mieres.

Ángel.-- Pues qué quieres que te diga, yo puedo entender que la mayor parte de los poetas jóvenes no sean poetas, pero que además no sean jóvenes ya me parece demasiado.

Almuzara.-- Pero hablemos de cosas más serias. Qué maravillosa portada la de Un mundo escrito, de Jan Morris. A un lado la iglesia de San Jeremías con su secreto campanile, y el barroco palacio Labia; luego la desembocadura del canal de Cannaregio, con el puente de las Guglie y al fondo los altos edificios del ghetto...





Silvia.-- ¡Otro libro sobre Venecia! ¿No cansa ya tanta Venecia?


Martín.-- En realidad apenas si se alude a Venecia en ese libro de Jan Morris que habla de sus viajes a lo largo de medio siglo.


Marcos.-- La foto de la portada debía ser de Nueva York, una ciudad que descubrió por primera vez en 1953 y a la que desde entonces ha vuelto casi todos los años. El volumen, muy amplio, se estructura por décadas y en cada una de ellas aparece un retrato de Nueva York. Vemos así como la ciudad deslumbrante y optimista de después de la guerra mundial se transforma en la jungla de asfalto de los años setenta, cuando el Central Park era uno de los lugares más peligrosos del planeta.


Almuzara.-- ¡Curioso personaje esta mujer, Jan Morris! Cuando el neozelandés Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norkay alcanzaron por primera vez el Everest, en 1953, ella les acompañó, como corresponsal del Times, casi hasta la cumbre. Fue la primera en dar la noticia. Pero entonces no era una mujer, sino un hombre.


Ángel-- ¿Cómo dices?


Almuzara.-- Jan Morris, antes de ser Jan Morris, fue James Morris. El cambio definitivo tuvo lugar en 1972, en Casablanca. De ello se habla en uno de los capítulos más espléndidos y conmovedores de este libro, que no es solo un libro de viajes, sino también historia y autobiografía. Su visita a Casablanca –dice— fue como la visita a un mago: “Yo me veía, caminando aquel atardecer por calles estridentes, como un personaje de cuento de hadas a punto de ser transformado. ¿De pato a cisne? ¿De sapo a príncipe? Era más mágico que cualquiera de aquellas transformaciones, me respondí: de hombre a mujer. Esa era la última ciudad que vería como hombre”.


 Jan Morris, Inglaterra 1926, siempre hay un antes y un después


Silvia.—Resulta fácil imaginar que el cambio no fue como las transformaciones de los cuentos de hadas. Cuánto dolor, cuánta fuerza de voluntad tuvo que hacer falta para que aquel niño que había nacido en una aldea de Gales en 1926 se decidiera a ser lo que siempre había sido. En 1974 contó todo el proceso en un libro, Acertijo. Jan Morris fue una de las primeras personas que se atrevió a dar un paso que todavía hoy ni es bien comprendido ni resulta precisamente fácil.


Almuzara.-- Pero El mundo escrito apenas habla de eso. Simplemente alude a ello, como parte de su biografía, y de la manera más natural posible. Jan Morris no es un caso clínico, sino una gran escritora y una gran viajera. Pocos libros más apasionantes que este libro. Habla de viajes en el espacio que se han convertido en viajes también en el tiempo. Habla del viejo Jerusalén, cuando todavía estaba bajo el dominio árabe, y de la melancolía de Trieste recién incorporado a Italia, habla de un Londres que ya solo existe en la memoria y de una Cuba en la que dialoga con el Che Guevara. Ningún rincón del mundo le resulta ajeno a esta periodista que se arriesga en los lugares más peligrosos, pero que también sabe disfrutar, y hacernos disfrutar, de secretos paraísos.


Martín.-- Yo he tomado nota de las indicaciones que en Jartum, la capital del Sudán, le dio el entonces ministro de Orientación Nacional (luego ejecutado por desorientar a la nación). Le dijo que el deber de un periodista consistía en ofrecer “noticias emocionantes, atractivas y positivas, que coincidan siempre que sea posible con la verdad”.


Almuzara.-- Si coinciden bien, pero si no coinciden, peor para la verdad. Esa sigue siendo la principal norma de estilo de buena parte de los periódicos del mundo mundial.


Caterina.-- Mejor no entremos en política y sigamos con la literatura. Qué emocionante el último libro, un cuento para niños, de Berta Piñán. Las ilustraciones, de Antonia Santolaya, están bien, pero son un tanto convencionales. Nada que ver con las que Pablo Amargo puso a otro libro suyo. Las cosas que le gustan a Fran tiene la estructura de “engaño-desengaño” que Bousoño ha estudiado en algunos poemas. Una niña habla de su familia: “A las dos personas a las que yo más quiero en el mundo son a mami y a Fran. A Fran le gusta un montón que se lo diga, que le diga te quiero, te quiero mucho Fran o boberías por el estilo. Pero lo que más le gusta a Fran, porque se nota, es achuchar a mami”. Parece que está hablando de la felicidad cotidiana de una familia normal. Y al final descubrimos que Fran es Francisca. Y tras el primer efecto de sorpresa nos damos cuenta de que estaba hablando precisamente de eso: de la felicidad cotidiana de una familia normal.


 Silvia Ugidos, Caterina Valdés, y Javier Almuzara, poetas asturianos, felices en Venecia, Junio 2008


Marcos.-- Por mucho que los obispos –ellos sí que forman familias normales— se empeñen en otra cosa.


Ángel.-- O sea un cuento con moraleja, como los de antes, aunque la moraleja sea distinta. Pero yo sigo con lo mío. Este disparate de Manuel Vilas sobre la poesía última. Fijáos lo que dice en el prólogo: “Las tendencias, como los chicos, están bien. La exploración metafísica está bien y está bien la nueva poesía social. Todos estamos bien. La poesía está bien. Los poetas están bien. El mundo está bien. Y Jorge Guillén está bien”.


Silvia.-- Solo le falta gritar “¡Viva la Pepa!”


Martín.-- Supongo que será un párrafo humorístico. Algún día me gustaría escribir un manual para uso de poetas triunfadores: todo tiene que parecerles bien, incluso Luis Antonio de Villena...


Almuzara.--  O José Luis García Martín.


Martín.-- ... si les sirve para escalar.


Silvia.--- Si escribes ese manual, pásaselo a José Luis Argüelles y a Miguel Barrero, que yo estuve en Mieres y me parece que todavía andan un poco despistados.




Café con Libros
De Mieres a Venecia pasando por el resto del mundo
José Luis García Martín

 

José Luis García Martín oteando el horizonte de la literatura española, Pisa, Italia, Julio 2007

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