adiós a la Isla de las Sargantanas


 
Este verano al final parece que no volvemos por las Pitiusas. Ha dado un vuelco nuestra vida. La cávea del teatro de Dioniso se ha quedado pequeña y necesita por lo visto de ampliación. El caso es que habíamos reservado desde Enero un pequeño hotelito con encanto paradisiaco en una playita virgen del paraíso hispano: Formentera. Donde reposaron los dioses de la creación del mundo. Fueron a gozar de un descanso y allí se quedaron, como nosotros desde hace unos años: a vivir sumergidos en las aguas primordiales.

El plan era fantástico. Ya sabéis, sol y playa y más sol y más playa y tranquilidad absoluta, lecturas y más lecturas, faire l’amour (la mayor parte del día olvidando todo lo demás) y continuar con la sana costumbre de volcar todos los santos días contenidos en este viejo dietario del indomable (a ver hasta cuándo aguanto…, ya veremos…, esto empieza a ser una responsabilidad y yo detesto las responsabilidades) haciendo una pequeña crónica diaria de nuestras ocupaciones desde la Isla de las sargantanas verde esmeralda.



También, cómo no, pasaríamos unos cuantos días en Eivissa, la otra isla, la grande, la Isla Blanca. Estar tan cerca y no saltar a Ibiza hubiera sido imperdonable. Un sacrilegio que no estábamos dispuestos a cometer. Gaudium peccaminosum.

Nuestros días en Eivissa siempre son muy happy's, muy tranquilos. Días en fragante agua de rosas. Y es que nunca sé qué se piensa la gente que es Eivissa. Llevamos nosotros varios años yendo para allá (alguna vez hasta dos veces el mismo año) y aún no sé dónde c... se esconde la famosa marcha, dónde están esas puñeteras macrodiscotecas de las que todo el mundo habla. La gente fuera de sí y con el cuerpo y la cara descompuesta. No he pisado nunca una, ni las he visto. Deben estar bajo tierra.

Ibiza es un paraíso por descubrir, aunque la cosa suene así, a eslogan de agencia de viajes. Su riqueza interior, la increíble belleza de su tierra roja y el azul omnipresente del mar al torcer una curva, vayas donde vayas –porque en Ibiza necesitas coche, eso sí, fue lo primero que me dijo Colinas-, la filosofía de vida en reposo de sus gentes, apegada a la tierra, su Cultura milenaria –ahí sí que hay Cultura y rica tradición artística, y así se ha evidenciado en numerosos yacimientos arqueológicos. Tantas culturas, tantas Civilizaciones pasaron por allí, dejaron su huella, cruzaron su mar. Que hasta de los egipcios hay vestigios…



Pero no, definitivamente no, este verano parece que nos quedamos por aquí, por primera vez en… ¿cuántos años? (ya he perdido la cuenta), hacemos parada y fonda en estas lejanas y bárbaras tierras del Norte.

Felices acontecimientos en nuestra vida rutinaria y sosegada han hecho que cambiáramos los planes. La vida siempre vuelve a la vida. Y ahora la estamos esperando.

 Alfredo Rodríguez, Dalt Vila, Ibiza, Agosto 2008

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