U.C.I. Presentación



Javier Asiain me pide unas breves palabras de presentación para su poemario  “Unidad de Cuidados Intensivos”.  Pero para presentar un libro hay que presentar primero a su autor. 

Estos son sus obras: Efectos personales; Anatomía enferma; Votos perpetuos; Simulador de vuelo; Testamento de la espiga; Contraanálisis;  Unidad de Cuidados Intensivos.

Estos son algunos de sus premios: Premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid; Premio Francisco Yndurain; Premio internacional de poesía León Felipe; Premio de poesía Villa de Aoiz. Premio a la creación literaria del Gobierno de Navarra (dejo algunos de nombrar).

No caeré en el manido tópico, tan frecuente en este tipo de actos, de afirmar que nos encontramos ante una buena persona, porque aquí todos le conocemos y salta a la vista, y, además, siempre me ha parecido que ponderar las bondades de un autor en la presentación de uno de sus libros solo tiene como resultado el de restárselas a su obra.


No me extenderé señalando su firme compromiso con la poesía,  ni tampoco en aseverar que, con este poemario, el autor ha alcanzado su auténtica madurez, porque lo cierto es que hace ya mucho tiempo que Javier la alcanzó, y sería presuntuoso por mi parte erigirme en quien puede señalar cuándo los otros la han alcanzado o no.

Me limitaré tan sólo a señalar las características y algunas de las muchas virtudes que, a mi juicio, contiene este libro, que es y que supone -lo digo ya desde el principio- toda una innovación poética en el actual panorama poético, cuyo alcance e influencia no sabemos ni podemos todavía vislumbrar, pero que yo sospecho que será, en los años venideros, importantísima. Lo será, sin duda, al menos en Navarra; y ojalá que también lo sea más allá de las fronteras de nuestra pequeña comunidad, si el libro tiene la suerte de ser adecuadamente difundido, tal como merece.

Que un libro de poemas se titule “Unidad de Cuidados Intensivos” y ya desde el principio se nos muestre tan decididamente antirromántico, antirretórico y antipoético, podrá parecerles insólito a algunos, o cuanto menos, muy chocante.  Es verdad que Medicina y Poesía pertenecen a mundos muy diferentes: la primera a las ciencias, la segunda a las artes; la una preocupada por la salud, la otra ocupada en la belleza. Y aunque, ciertamente, los problemas que les conciernen a ambas no coincidan, no nos parecerán  tan distintas si aceptamos que la Medicina también es un arte, y también la poesía tiene algo (o mucho) de ciencia; o si recordamos, por ejemplo, aquella vieja frase según la cual los médicos tratan de sanar los males del cuerpo y los poetas los del alma.

Es posible encontrar otras conexiones entre ambas disciplinas. Quizá sepáis (yo lo he sabido hace poco) que, en la mitología griega, Apolo, el dios de la Poesía, lo es también de la Medicina. Apolo es probablemente el dios más polifacético y con más competencias de todo el Olimpo. Inicialmente parece que fue el dios de las plantas benéficas y, por tanto, el dios de la curación, el de la profecía por añadidura y, finalmente, el de la Medicina, dominio que dejaría después en manos de uno de sus hijos, el dios Asclepios para los griegos o Esculapios para los romanos.   Por ser Apolo  el dios de la salud y del vigor, terminó siéndolo de la belleza; y, siendo el dios de la belleza, pasó, por extensión, a serlo de la luz, del sol, de la música, de la armonía y de las artes en general; y, sobre todo, de la principal de todas las artes, al menos en el mundo antiguo: la poesía.  Las Musas, que inspiran a los poetas, eran parte de su séquito. 
Otro paralelismo que se puede establecer entre ambas disciplinas lo hallamos en los poemas que tratan dos tópicos literarios: el del  “Mal de amores” y el del “Remedios del amor” En el poemario que, precisamente, lleva por título “Remedios de amor”, Ovidio plantea la posibilidad de tratar el amor como una enfermedad, y  ofrece consejos y remedios para evitar los daños que nos pueda producir. Su tema es enseñar, sobre todo a los hombres enamorados, cómo evitar la idealización de las mujeres amadas que no les corresponden, y ofrecerles ayuda cuando el amor les sumerge en la desesperación.

Oh Apolo, inventor de la poesía y la Medicina, yo te invoco al principio de mi empresa; ciñe mis sienes de laureles, ven y socorre al que escribe como poeta y como médico, pues las dos artes están bajo tu divina tutela.

Acudid a mis lecciones, jóvenes burlados que encontrasteis en el amor tristísimos desencantos. Yo os enseñaré a sanar de vuestras dolencias, como os enseñé a amar, y la misma mano que os causó la herida os dará la salud. La misma tierra alimenta hierbas saludables y nocivas, y a menudo la ortiga crece junto a la rosa.

Apresúrate y no difieras día tras día la curación; de no emprenderla hoy, mañana te será más difícil. Yo he visto heridas fáciles de cicatrizar al principio, que llegaron a ser incurables por la dilación y el abandono. Si pasa el momento de aplicar el remedio, y el amor ya antiguo señorea tu débil corazón, el caso ofrecerá enormes dificultades: con todo, no desahuciaré al enfermo porque me llame demasiado tarde.


Otra analogía tiene que ver con el hecho de que no pocos médicos se han dedicado a la poesía. Por ejemplo, William Carlos Williams, que, aunque estudió medicina, alcanzó su fama como poeta. Principal representante de la poesía Norteamérica, tan solo por detrás del gran Walt Whitman, fue un escritor que buscaba un lenguaje accesible, claro y preciso. Williams es un poeta innovador que utilizó el verso libre y renovó la métrica inglesa.

Gottfried Benn, importantísimo poeta alemán y pionero de la “estética de lo feo”, escribió uno de los más desoladores e influyentes libros de poesía del siglo XX, “Morgue y otros poemas”, donde relata sus experiencias como médico en un Hospital.

En fin, son muchas y muy diferentes las conexiones que podríamos establecer entre poesía y medicina.  Pero UCI no tiene nada que ver con todo esto que he señalado. No es una loa a la medicina; no es un recetario para el mal de amores, como el libro de Ovidio, donde el amor es tratado como una enfermedad y en el que la poesía ofrece los remedio; ni tampoco es un libro, como el de Gottfried Benn, que tenga como escenario un Hospital y cuyos poemas versan sobre las actividades de un médico.

UCI es un poemario cuyo tema primordial es el amor. Este tema ya había sido tratado por Javier Asiain con anterioridad en su poemario “Votos perpetuos”, en el que la experiencia amorosa es expresada con un lenguaje religioso. El paralelismo entre la experiencia mística y la experiencia erótica proviene de tiempos remotos, y aparece ya en el “Cantar de los Cantares” del Antiguo Testamento; o los recoge, también, el gran poeta, muy admirado por Javier, Octavio Paz, para el que el cuerpo de la mujer se transforma en  una puerta hacia lo transcendente.  También lo hizo Javier en su libro el cual comparte con los anteriores la misma estética. Pero en UCI, aunque el tema es, de nuevo, el del amor, el mensaje del poemario es diferente, aunque complementario. No es ya sólo una exaltación de la práctica amorosa y del cuerpo de la amada (que también), o una declaración y promesa de lealtad y perenne amor, como aparece en “Votos perpetuos”. En este nuevo libro, Javier, acaso descendiendo a un espacio más común y terrenal, aunque no por ello siendo menos profundo, plantea la necesidad, la conveniencia del cuidado concienzudo y extremado del amor si se desea que éste perdure.


No obstante, la innovación de este poemario se encuentra otro lado. UCI es un libro arriesgado y extremadamente valiente en su tratamiento formal, como no podía ser de otra manera, dado que Javier es un poeta interesado siempre en la constante experimetación y en la innovación cuando se trata de la intimidad lírica. En este libro, combina un espacio, un imaginario (la medicina) con una idea o sentimiento (el amor), formando así una metáfora, estableciendo una relación sorprendente por lo extraño y por  lo distintos que son el uno del otro. En este poemario, ambos elementos están encadenados  y dan lugar a una metáfora extensa, a una comparación extendida, a una alegoría global que atraviesa poderosamente todo el poemario logrando una sorprendente profundidad al relacionar en todos sus poemas cosas tan disímiles.

Uno de los aspectos más reseñables de este poemario, que era ya una constante en los anteriores libros de Javier, pero que en éste se manifiesta de forma fundamental, es el de que su autor no parte de prejuicios que distingan entre materiales susceptibles de ser poetizados y materiales no válidos para un poema, así como tampoco cree en la distinción entre palabras nobles, elevadas o aptas para el poema, y palabras no indicadas para la poesía. Javier socava todo el imaginario que tradicionalmente se ha utilizado para la poesía amorosa, y ha buscado primero, y encontrado después, nuevas e inusuales maneras que, con contundencia, expresen los acontecimientos y las vicisitudes del amor. Un servicio hospitalario -la UCI- y una jerga médica no son ni el entorno más utilizado para relatar experiencias líricas, ni el lenguaje más frecuentemente esgrimido para hablar de ellas. Pero en esto radica el valor de la originalísima aportación que hace Javier. Sorpresivamente parece destruir todo lenguaje amoroso para recrearlo nuevamente y admirarlo desde una nueva mirada. 

Los poemas son más breves de lo que venían siendo hasta ahora en la obra de Javier. A veces su formato se encuentra cercano al aforismo, e incluso al Jaiku.  Más escueto, vivaz, mas intenso, con el resultado final de una poesía ágil, natural, muy accesible, Javier nos regala una poesía creada para transmitir emociones con naturalidad, con claridad y sencillez.  Gracias y enhorabuena. 

Santi Elso
Pamplona, 14 de Mayo de 2010
Librería Auzolán
Los poetas, Javier Asiáin y Santi Elso, avanzadilla de la Poesía navarra

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