Testamento de la Espiga



Buenas tardes.
Luego de casi dos meses aquí, comentando con vosotros mi último libro, hoy tengo el honor de hacer una breve presentación de mi amigo y colega Javier, que viene a hablaros de su “Testamento de la espiga”, un entrañable libro que yo tuve la suerte de conocer cuando ni siquiera estaba ultimado, porque a Javier, en aquellos días, aún le gustaba mostrar a sus íntimos los versos con los que peleaba antes de darlos por concluidos, quizá esperando nuestra crítica, nuestro visto bueno, o ambas cosas a la vez.

Recuerdo que su título provisional era “Cuando declinan los trigos”, y debo reconocer que fue, desde el principio, uno de mis preferidos, por el sabor a cultura tradicional que desprende, la denuncia de muchos de los despropósitos de nuestro tiempo, el sabor a infancia rural, la singularidad conseguida con las dos partes que componen el libro, dos partes muy bien diferenciadas en lo que respecta a temas y estilo y, en general, por la atmósfera envolvente del poemario en sí, que rezuma verdad y calidad humana y literaria, un reflejo, al fin, del alma de quien lo ha escrito, mi gran amigo Javier.


Como él será el encargado principal de hablar de su obra, puesto que es hoy el protagonista del dinámico Club de Lectura de la biblioteca de Noáin, antes que entrar en profundos y minuciosos análisis literarios, yo preferiría hacer una semblanza de la personalidad del autor, algo que no deja de ser un asunto esencial, desde mi punto de vista. Porque, ¿qué mueve a una persona a hacer algo? Nada, o casi nada, ocurre por azar. Y sin ser tan arrogante como para pensar que el escritor, el poeta, es un ser superior acaso, yo sí diría que es un ser especial, con una sensibilidad diferente, de la que se deriva, a todas luces, una mirada exclusiva.

Así, Javier ve poesía allá donde posa los ojos. O si no la ve, capta algo que le invita a transformar lo que ha visto y a convertirlo en esos monumentos de metáforas y sugerentes imágenes a que nos tiene acostumbrados y que tantos reconocimientos importantes le han reportado en su no demasiado larga, pero sí muy fructífera, carrera literaria. Porque Javier es el hombre de los premios, un auténtico campeón de los concursos más importantes que se convocan en nuestra Comunidad y también de otros lugares de España.

Pero siendo esto tan espectacular como es, para mí, quizá, sea aún más importante saber lo buen amigo que es, un amigo que siempre está ahí, que se desvive por ayudarte si te ve en un apuro, que abandona cualquier otra obligación con tal de cumplir con lo que él considera su deber moral y que se alegra infinitamente de los éxitos de sus amigos.

Desafortunadamente, no existe demasiada gente así en los días que corren. Y yo puedo afirmar, de primera mano, que Javier no duda en actuar de esta manera, porque lo que para otro significaría una pérdida de tiempo, para él es un gesto insoslayable y noble que te brinda de forma incondicional.
Loli Albero y Javier Asiáin, compañeros de Viaje

Él me acompañó en las presentaciones de mis últimos dos libros y, en particular la primera vez, fue una compañía cuyo valor incalculable nunca olvidaré, ya que incluso a última hora, falló la presencia del editor y él, Javier, supo suplir esa ausencia con verdadera profesionalidad y brillantez. Era la primera vez que yo me enfrentaba a un público y su intervención, con aquel maravilloso relato, bordó lo que, sin su ayuda, sólo habría sido un pobre discursillo de principianta.

Javier, con su genial escritura y oratoria, su carácter de líder, persuasivo, de una amabilidad natural con la que seduce a todo el que le escucha, ha sido de gran ayuda para mí en esas dos ocasiones, y en las dos coincidieron en su vida personal y familiar otros compromisos, pero no vino a ponerme una excusa, estuvo ahí.

Por eso mismo, yo también he hecho en esta ocasión un esfuerzo. Hace apenas unas horas que he vuelto de un viaje (por motivos literarios) y he tenido que preparar este pequeño discurso a contra reloj, sin apenas dormir, pero creo, sinceramente, que se lo debía.

Javier Asiáin Urtasun es un gran amigo, un viejo amigo, al que conozco desde niño, cuando jugaba con mi hermano pequeño. Toda mi familia le quiere, y hasta mi abuela, si nos está mirando desde arriba, le estará enviando sus bendiciones. Javier ya era un niño muy especial, que no rehuía a los ancianos, sino que conversaba con ellos e incluso les prodigaba detalles (recuerdo un cestito de mimbre con que obsequió a mi abuela en una ocasión, y la alegría con que ella lo acogió, convirtiéndolo en el costurero de sus labores).

El cestito de mimbre lo había hecho en el colegio con sus propias manos. Los versos que hila en sus sucesivos libros los teje con el corazón, con su inmenso corazón de poeta.

Queda claro cuánto lo valoro cómo persona y deduzco que ese carácter le viene, entre otros muchos motivos (familiares, educacionales, ambientales…) de su condición de poeta, de su sensibilidad diferente y de su mirada exclusiva.

Por eso, deseaba subrayar estas particularidades antes que las meramente artísticas, sobre las que se han pronunciado y se seguirán pronunciando expertos más expertos que yo. “Por sus obras los conoceréis” –decimos. Y en este caso podríamos aplicarlo a sus obras literarias, que han ennoblecido el panorama poético de Navarra hasta cuotas muy altas, gracias a su talento natural y a su entrega apasionada y absoluta.

Sí, sus obras hablan de él, y en concreto “Testamento de la espiga” habla del Javier más puro y auténtico, de ese hijo y nieto de campesinos que en su trato diario con la tierra han desvelado las verdades más ciertas y soterradas de la existencia, en la pura y simple sencillez del trabajo y que él, desde su condición de poeta, ha transmutado en versos lo que sus mayores cultivaron tanto con la azada como con el ejemplo de vida, en el ejercicio de sus valores profundos.

Por mi parte, sólo he intentado que lo conozcan también desde una perspectiva meramente humana, que es, en esencia, la que nos engrandece como personas y hasta, dependiendo de la calidad, puede convertirnos en poetas. La calidad de Javier es excelente. Pasen y vean.


           
LOLI ALBERO GIL

Para el recital de Javier Asiáin sobre TESTAMENTO DE LA ESPIGA
Biblioteca Pública de Noáin 
27 de Abril de 2010




Loli Albero Gil, poeta navarra romántica

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