A la sombra del verso II





La teología es una rama de la literatura fantástica, afirmaba Borges. Los hombres crearon a los dioses, como a las sirenas y a los centauros, entremezclando sueños y semejanzas, realidad y disparate. Pero la literatura fantástica no es más que un subgénero del realismo. Dios no existe, pero insiste, como los fantasmas que nos acosan las noches de insomnio. 


Escritos entre los siglos V y XIX, en el sur de la India, en Tamil Nadu, estos anónimos poemas tamiles descreen de sacerdotes y rituales y buscan en el corazón del hombre un Dios humano, demasiado humano.






ASÍ

Un estanque sin lotos,
una noche sin luna,
un músico que ofrece
un concierto de ruidos,
una esposa que duerme
junto al esposo
insatisfecho,
un soldado que ignora
el arte de la guerra,
un rey sin elefantes,
una cuna sin patas,
una hiena incapaz
de cazar su sustento,
así era dios cuando no tenía
a los hombres para hacerles guerra.



LA MÁS RARA DELICIA

Mi mente solo piensa en el placer:
caballos y palacios, el oro y las mujeres.
No me basta nada de lo que tengo.
Algunas noches me disfrazo de esclavo
y me pongo al servicio de cualquier mercader
para saborear la más rara delicia:
la de ser humillado como un dios que de incógnito
se extravía en el mundo.




ORACIÓN

Todos te piden algo a ti que nada tienes.
Tú duermes en la hoja que flota sobre el río.
Estás solo desde antes
del origen del mundo.
No tienes más amigo que la mente del sabio
que a menudo te niega.
Tampoco tienes nombre aunque te llamen
de todas las maneras.
Yo también te pido algo, oh Señor de la nada.
Un poco de tu nada,
un poco de tu noche.
un poco del no ser del que estás hecho.
Déjame deshacerme
para siempre contigo.



DUDA

Hemos pasado juntos la noche y llega el día,
mi dios y mi demonio, y no estás satisfecho.
Me dejarás rendido sobre las turbias sábanas
en que nos revolcamos como cerdos con luna
y saldrás anhelante en busca de otras presas.
A mí dejas libre y no sé todavía
si es la vida sin ti
infierno o paraíso.



EL LADRÓN IMPACIENTE

La mente es un ladrón inquieto.
Viene y va de una estancia a otra estancia
por los grandes palacios del Señor de los Mundos.
Todo guarda un secreto
y ella sueña con arrebatarlo,
cargar en un saco a la espalda
el porqué de la rosa,
de la incierta sonrisa,
la nieve nunca hollada,
el corazón del justo,
el nervio sutil que ata el alma inmortal
a los cambiantes cuerpos
y al sol
a lo alto del cielo.
Dios sonríe
al verla forzar cerraduras
de puertas que guardan otras puertas,
y así hasta el infinito.




PORQUE PUEDO MORIR

Todos tienen problemas y Dios más que ninguno.
Con una mano ha de sostener al sol
para que no se desplome sobre nuestras cabezas,
con la otra hacer sonar el sutil instrumento
que guarda el ruiseñor en su garganta.
Mil manos tiene Dios, otras mil le hacen faltan.
Mientras seca las lágrimas de un justo
perece una familia en un barranco.
Quiere acudir a todos, pero le faltan brazos.
No le dejan dormir los sollozos humanos.
Día y noche, allá en su cielo, se apiada de nosotros.
Y yo, porque puedo morir,
me apiado de Dios.



UN DEUDOR

Señor,
estoy en bancarrota,
con todo el mundo tengo deudas
y contigo más deudas que ninguno.
He bebido agua fresca
en las fuentes del monte,
me he bañado en el río
en invierno y verano,
he sonreído a una mujer
y me ha devuelto la sonrisa
con la luz de sus ojos,
he acompañado a mis hijos
de la cuna a las ceremonias
nupciales,
he vuelto de la guerra
con algunas heridas
y sin sangre en las manos,
nunca me emborraché
sin la compañía de algún buen amigo,
en un incendio
ardieron todos mis bienes
y no ardió nada
que valiera la pena.
Señor, la muerte me aguarda paciente
al final de la edad.
Llego lleno de deudas
a la vejez tranquila.
Cómo puedo pagarlas si no me queda más
que la piel y los huesos
y la fértil memoria.


JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN
Traducciones (e invenciones) inéditas en libro


El poeta José Luis García Martín por el Campus del Milán, Universidad de Oviedo, Abril 2010

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