la Ceremonia de las mariposas




sábado 15/05/2010 21:02
from tosigo ardento to Zoki

Querido Zoki, qué tal
Aún sigo en estado de trance después del lujo de la visita de Juan Carlos Mestre. La sala a reventar. Y Mestre desplegando su magia y encandilando a todo el mundo. Cualquiera que no hubiera tenido hoy ojos ni oídos para la poesía hubiera salido de allí seducido.
Lástima que no hayas podido venir. Otra vez será. Es un tío genial y un poeta inmenso. Te ha dedicado un poema y ha hablado de ti.
Yo he estado tomando apuntes para escribir un post.
Hay un pequeño texto maravilloso que ha leído el director del Museo al principio del acto y que, según ha dicho, estaba escrito por ti. Me gustaría que me lo enviaras, si es posible, para que lo ponga también en el inicio. A ver si puedes enviármelo, por favor.
Gracias, amigo, por haberme recomendado que asistiera. Ha sido una experiencia inolvidable.
Un fuerte abrazo y seguimos en contacto

***

15 de Mayo de 2010
Museo Oteiza de Alzuza, Navarra
Juan Carlos Mestre


[Habla en la distancia ese gran poeta navarro de enorme corazón, Francisco Javier Irazoki:]


JUAN CARLOS MESTRE (Villafranca del Bierzo, León, 1957), poeta y polifacético artista, ha recibido los principales premios españoles por sus versos, desde el Adonáis (en 1985), el Jaime Gil de Biedma (en 1992) o el Jaén (en 1999) hasta el Nacional (en 2009). Sus obras han sido publicadas por las editorales de poesía más prestigiosas del país (Hiperión, Visor o Calambur) y se suceden las antologías. Varios títulos de esos poemarios (Antífona del otoño en el Valle del Bierzo, La poesía ha caído en desgracia, La tumba de Keats o La casa roja) tienen ya el crédito de la mejor literatura clásica.
 
Sin embargo, Juan Carlos Mestre no es un poeta acomodaticio: en sus palabras hay una carga ética que sobresale por encima de la belleza evidente y, siguiendo el ejemplo del admirado Rafael Pérez Estrada, en tiempos de minimalismo deja libre una poderosa catarata creativa. Además, ha querido colaborar  con otros autores; ahí están sus ilustraciones para Antonio Gamoneda.
 
Grabador, dibujante, escultor, músico, creador de sorprendentes cuadernos, Juan Carlos Mestre tiene la personalidad de un moderno artista del Renacimiento.

 ***

Poeta es aquella persona que en presencia de otro se considera siempre su igual, decía John Keats.
El elogio permanente de la dignidad humana. Ese y no otro es el sentido de la Literatura.
Los poemas son organismos vivos, como los pájaros.
La Poesía enseña el placer de sentir la libertad de aquellos que han intentado modificar la realidad.
Un poema, una pequeña caja de herramientas.

[Entonces el Poeta se colgó su acordeón. Púrpura de Tiro con estandartes en nuestros ojos extrañados. ¿Qué irá a hacer este hombre?
Su voz grave, como de ultratumba. Cantata dramática o serenata norteña al abrigo de los vientos en su voz.
Y allí asistimos con oídos atentos a la Ceremonia. Allí quedamos.]



Y todos los libros llenos de palabras
y todos los calendarios llenos de días
y todos los ojos llenos de lágrimas
y llena de nubes la cabeza de todos los mares
y llenos de coronas y puntapiés todos los relojes de arena
y de jirafas molidas todos los pechos condecorados
y todas las manos llenas de verano y caracoles marinos
y todos los dormitorios llenos de manojos de explicaciones
y de pantalones disecados las sillas de todos los prostíbulos
y todos los huecos llenos de público
y todas las camas llenas de electrocutados
y todos los animales llenos de espíritu y pánico
y de feroces gritos los árboles de todos los aserraderos
y todos los tribunales llenos de testimonios
y todos los sueños llenos de sacacorchos
y llenas de chicas todas las estrellas
y todos los libros llenos de palabras
y todos los calendarios llenos de días
y todos los ojos llenos de lágrimas
y todas las peceras y todos los pupitres y todas las cenas íntimas
y todos los razonamientos llenos de indudables edificios
y toda la primavera llena de moscas y crisantemos
y llenas todas las iglesias y todos los calcetines y todas las peluquerías
y todas las mujeres llenas de gloria
y llenos también de gloria todos los hombres
y todas las perreras llenas de ángeles
y todas las llaves llenas de puertas
y todos los bazares llenos de ratones
y llenos de barrenderos todos los cuadros
y llenas de estiércol todas las escobas de la patria
y todas las cabezas llenas de radiografías e intríngulis
y llenas de luz todas las subestaciones eléctricas
y llenos de amor todos los manicomios
y todos los cementerios llenos de salvavidas

[Juan Carlos Mestre nos emocionó a todos. Uno por uno. Fuimos de nuevo jóvenes bailando en honor a Apolo. Cantata de cámara en su voz, parte esencial de su poesía. Concierto privado de la vida, y su visión onírica y fantástica, galera de guerra en alta mar.
Aquí no estamos acostumbrados a todo esto, pensé… Así que salimos de allí abrumados. Haciendo planes. Deseando volver a verlo. Planeando la estrategia de volver a encontrarnos con Mestre en algún otro lugar. Donde seguir siendo felices.]

El poeta ha de renunciar a todo tipo de autoridad artística sobre los demás.

El relámpago de la Emoción. Restablecer el viejo Sueño.

Los poetas son los legisladores del Universo, decía Hölderlin. Los legisladores de lo Invisible, digo yo.

Recorrimos los suburbios,
anduvimos juntos entre la maleza,
dormimos en los cobertizos.
El poeta barba de maíz roedor de los sembrados,
el poeta bobina de hilo de las cometas.
El que bajo los párpados de lino del verano
es la voz ronca del vendedor ambulante,
la mirada del viento que seca la tierra mojada.
Lo que el poeta dice,
lo que dice el poeta a la adivina,
al solitario de boina gris,
al que oye sus palabras como relato de un robo.
El poeta vidrio de los cuatro colores de la atmósfera,
el poeta oscuro llave de las alacenas.
El que está sentado a la diestra del padre
junto al jugador de baraja que lee la fortuna,
el que le dice a la vida, oye vida,
y se acuesta con ella.
Lo que dice el poeta,
lo que el poeta dice
al que se cree dueño de algo,
propietario del reflejo de algo,
amo de la discordia de algo.
El que deambula de noche por los cercados,
el poeta amigo de las hormigas
que construye una casa de harina.
El que guarda en su artesa cuero de tambor
y pan nublado del sábado.
El poeta cera amarilla de las iglesias
que baila con el agua de las pecadoras,
el poeta barco de papel
que duerme con la muchacha sin labios.
Sus manos escriben el rótulo de las mercerías,
saludan en la iglesia al dueño del alambique.
El que se llama Niebla, Pelirrojo Crepúsculo,
el que no sabe a quién besarán ahora los ojos de Triste Boca de Nuez,
el que silba como el pájaro de las colinas,
el hijo del panadero que conversa con el martín pescador.
Lo que el poeta dice,
lo que dice el poeta a la muchacha con calcetines blancos
y pequeños ojos de colibrí.
El viejo pastor comensal del otoño,
el poeta ruido de las semillas, carpintero del Arca de los animales.
El delirante bajo el filamento de las bombillas
para el que aún tiene sentido seguir dándole vueltas.
El que vive en la patria de una mujer desnuda,
el hijo de la locura que llora médula de caballos
sumergido en el humo de su choza de adobe.
El que vino a barnizar con leche la jaula de los cantos,
aquel cuya cabeza ha rodado como una peonza
por la tarima de los burdeles
y ha recorrido todos los templos
pidiéndole favores al crucificado.
El consentido por el vínculo de las zurcidoras,
el que padece una enfermedad inmortal
y levita en los parques tumbado de espaldas.
El poeta que cruza en ambulancia los campos de girasoles,
el poeta ángel de los pesebres,
brizna de los acantilados.
El poeta reloj de lluvia de las epidemias,
vapor de los harapos hervidos contra la peste.
El que ha hipotecado la hacienda de varias generaciones
y ahora es el ánima de un bolchevique embriagado de vodka.
El patriarca que abrió una tienda de ultramarinos
y compra por cuatro centavos un ramito de sífilis,
el que conoce el comercio de especias y el tráfico de resinas,
el compadre de los anarquistas
con su escarabajo negro ante el eclipse de mar.
El que rodeado de profecías y pájaros
vive en las manos de una arpista,
el que tiene dedos de trébol y cerillas,
aquel cuyas cenizas alimentarán las carpas de los estanques.
Recorrimos los suburbios,
anduvimos juntos entre la maleza,
dormimos en los cobertizos.
Lo que el poeta dice,
lo que dice el poeta a la adivina,
al bisabuelo judío que dormía en la comuna
y aún vaga con su barba blanca por ahí
proclamando su consigna a las abejas:
Las estrellas para quien las trabaja.

[LOS POETAS]

La Historia de la Poesía tal vez sea la historia de los Mitos, de las Leyendas.

Todo lo que escribimos es fruto de las ideas de los que estuvieron aquí antes que nosotros y cuidaron la Casa de los Sueños.

Yo vengo de una tierra de Fronteras, de dónde no sabemos quiénes somos. La gente de la Frontera del Noroeste. He visto pasar caravanas de alegría y de tristeza hacia las tierras de la tumba del Apóstol.

Pero no todo lo Bello ha sido hecho para que haga compañía a lo Justo. Los muertos de aquella guerra se han preguntado: “Qué ha sido de la justicia, qué ha sido de mi inocencia…”.


En este jardín burgués donde es la soledad nueva salud del hombre,
el anhelo impuro que bajo la tumba finge un firmamento efímero.
Aquí donde el prudente existe como una espiga aislada
y anuncia en la campana sus lágrimas el ángel,
aquí junto al molino donde la mujer y el sátiro
intuyen su materia armónica y maligna.
Aquí la gravedad del ávido y el júbilo del dueño
son un mecanismo vano ante el petirrojo exacto
y ataúd de un águila el desusado cielo de los fuertes.
Tú sabes que no te pertenece la brevedad de esa visión,
vuelves la cabeza, un innoble zumbido ha invadido las rosas,
como fiebre violenta hablan las piedras el idioma del número.
Tú conoces el desierto de rocas que incendia la saliva,
el meteoro que ensueña con su insumiso azar los besos.
Has visto la cuchara de acero que sostiene el cirujano ante el cráneo de la geometría,
la belleza arruinada en las inteligentes mansiones.
Bebes como el débil, esperas esa sed como el campesino el grano,
la abolición del dios del sacrificio, la abolición del luto de la Historia.
Nada puede el hombre contra su farsa inútil,
nada la ilusión y su maleza, nada el estupor del cielo,
nada la multitud que vive en las movedizas playas del sacrificio humano,
la generación del mar, los descendientes de un animal sagrado,
nada un día de armisticio al que sigue otro día de batalla,
nada el superviviente que entra en el olvido como una antorcha que se apaga,
nada el horadado que es órgano de paja donde concluye el viento.
 [LA TUMBA DE KEATS, fragmento]


La poesía no está en los libros. Su lugar es la persona, la condición humana. La presencia de Algo que resiste permanentemente al Mal.

Mis amigos me dicen que no entienden mis poemas. Yo les digo que tampoco los entiendo.
No todo en la vida ha sido hecho para ser comprendido desde los códigos de la razón.
La intuición humana. La poesía ha sido hecha para ser desobedecida.
La poesía algún día será entendida con la misma facilidad con que entienden los niños.

El objetivo de un recital de poesía: Que la gente regrese a escuchar otra vez a los demás poetas.

Hoy estoy aquí gracias a la mano del Ángel: Zoki.
Este poema está dedicado a Zoki.
Este poema habla de cosas que no existirían sin las palabras.



CAVALO MORTO

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Un poema de Lèdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Lèdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola calle forrada con tela de gabardina.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo es un río que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas, pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia.
En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anillador de gaviotas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Un poema de Lèdo Ivo es el amante de un reloj de sol que abandona de puntillas los hostales de la mañana siguiente. La mañana siguiente es lo que iban a decirse aquellos que nunca llegaron a encontrarse, los que aun así se amaron y salen del brazo con la brisa del anochecer a celebrar el cumpleaños de los árboles y escriben partituras para el timbre de las bicicletas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Lèdo Ivo es una escuela llena de pinzones y un timonel que canta en el platillo de leche. Lèdo Ivo es un enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos. En Cavalo Morto todas las cosas perfectas pertenecen a otro, como pertenece la tuerca de las estrellas marinas al saqueador de las cabezas sonámbulas y el cartero de las rosas del domingo a la coronita de luz de las empleadas domésticas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. En Cavalo Morto cuando muere un caballo se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere un evangelista se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere Lèdo Ivo llaman al sastre de las mariposas para que lo resucite. Háganme caso, los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y Cavalo Morto es un lugar que no existe.


[Juan Carlos Mestre no es un profeta ni un místico (como alguien quiso apuntar desde el público). Mestre es un trovador antiguo, un mago de las palabras encontradas, un viejo juglar que se gana la voluntad de las ciudades en los tres Reinos del cosmos y oficia la Ceremonia de la mariposas.
El sábado 15 de Mayo amaneció lluvioso. Ya luego llovía a cantaros como presagiando el camino de las almas.
Quedé con mi amigo, Javier Asiáin, en una cafetería cercana y hablamos como siempre de poesía. De la vida de poeta y de su casi necesaria falta de mesura.
Luego llegó la hora de marchar. En el Museo Oteiza de Alzuza se ofició la Ceremonia, el Canto de Mestre llegó a su destino. Fue sol en la mañana lluviosa. Sol en su cenit. Y la fascinación personal que ejercía sobre amigos y desconocidos, caudaloso río.
Termina de recitar los poemas y tira al suelo las hojas en que están escritos.
MESTRE HABLA EN POESÍA. Habla como escribe. Habla en poesía, vive en poesía. Los atributos de la fertilidad en su voz…]


Todo trabajo creativo que invoque el método como conducta está avocado al fracaso.
Un poeta no es un ingeniero. No ocurre nada porque uno escriba un mal poema.

La Poesía no tiene nada que ver con la literatura. La poesía es un proyecto del Espíritu.

Las palabras de la Poesía en un lenguaje al Norte del Porvenir de la conciencia humana.
La poesía contra las escamas litográficas del dinero.

Esta pequeña máquina de fabricar tristeza: el acordeón. Dejar la puerta abierta.

Jorge Oteiza, un creyente sin dios y un patriota sin patria.

[Y a la pregunta sobre su actividad y obra como grabador y pintor…]
Estamos en un lugar sagrado. En esta casa de piedra y de madera, no podría sin pudor referir lo más mínimo sobre mis signos gráficos.

El Arte aporta una súbita cualidad al mundo, una irradiación benéfica.

El vértigo de Oteiza: el espacio vacío de la Conciencia.

Los poetas somos testigos, pero jamás iremos a declarar contra nadie.
Esto es una asamblea de cómplices.

[Juan Carlos Mestre vivió durante unos años en Chile, y allí leyó a Pablo de Roca, gran amigo de Oteiza.
Un poema nos regaló de memoria, sobre la madera. Un viejo poema  que escribió en Chile. Y fue su homenaje particular a Oteiza:]


ASAMBLEA

Queridos compañeros carpinteros y ebanistas,
yo les traigo el saludo solidario de los metafísicos.
También para nosotros la situación se ha hecho insostenible,
los afiliados se niegan a seguir pagando cuotas.
A partir de este momento la lírica no existe,
con el permiso de ustedes la poesía
ha decidido dar por terminadas sus funciones este invierno.
No lo tomen a mal,
pero aún quisiéramos pedirles una cosa,
mis viejos camaradas amigos de los árboles
acuérdense de nosotros cuando canten La Internacional.

[Todo es poesía en Juan Carlos Mestre. Uno no acierta a distinguir fácilmente cuándo el poeta está hablando y cuándo recitando, salvo que conozca a la perfección y de memoria su obra poética. Que no es mi caso todavía, por desgracia. En Mestre no fecunda la prosa de la vida.

El latido de la pasión de los Antiguos en su voz. Rápidas cabalgadas sus poemas, en su voz. Recitó en voz alta sus versos de Oro, con pincel más rico en matices que nadie. Mestre, visir del Noroeste, recitando los versos del primer Poeta, a quien consigue emular como discípulo aventajado, hasta borrar las trazas de esta vida mundana. Cosas vanas como el aire para respirar se olvidan al escuchar sus poemas en su voz.]

Nos quiere hacer creer Mestre que lo suyo no es un Arte. Que su poesía es algo que está imbricado desde siempre en la condición humana, escondido en los corazones del poeta y de todos sus semejantes. Pero a mí no me engaña, no. Su recitado es el agua sagrada en el oasis de Siwa que buscaba Alejandro. Frisos de bronce en las Puertas de Balawat. Del rojo de la púrpura, en su voz, que cubre su cuerpo desnudo, revisitado.
Y es su poesía arribar al mar, un amanecer extraño, en las naves de Tarsis…]

 Juan Carlos Mestre, oficiando la Ceremonia

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