Jugar con Fuego



   Me encontré esta tarde a Martín cuando salía de la biblioteca. Estaba muy locuaz, cosa rara en él. Me invitó a tomar algo en la Serrana, lo cual resulta todavía más extraño. Me habló de una confusa historia sentimental que había vivido últimamente. No le presté mucha atención. Luego la conversación recayó en Victor Botas. Estas fueron, más o menos, sus palabras: 
   
-“La historia de Victor Botas es curiosa. Después de la muerte de Franco, hubo un cierto auge de la poesía en bable. Aparecieron nombres como Manuel Asur, Sánchez Vicente y otros, muy promocionados en ciertos medios y por razones extraliterarias. Yo pensé que sería interesante contraponer una poesía asturiana en castellano a esa poesía bable. Pero en Asturias nunca ha habido muchos poetas. No acababan de surgir los nombres que sucedieran a Carlos Bousoño y a Ángel González. Estaban los poetas de "Aeda" , muy jóvenes (y muy malos) por entonces. Estaba, en Madrid, Emilio Sola, de quien yo apenas si tenía noticias. Y poco más. 
Me dije, ya que no hay poetas, habrá que inventarlos. Los bablistas presumen de revolucionarios, populares, proletarios, y acusan a los defensores del castellano de burgueses. Pues bien, sigámosle el juego. El nuevo poeta será ovetense y burgués. De derechas, para seguir la tradición de la capital. El apellido Botas se me ocurrió de inmediato: a cualquier asturiano le sugiere un determinado establecimiento comercial y además posee unas connotaciones prosaicas muy para mi propósito. El nombre se debe a un mero efecto paronomástico. Para un poeta reaccionario, ningún magisterio mejor que el del último Borges. Y hay en Borges una utilización del prosaísmo y del coloquialismo, del tono menor, que apenas si ha sido tenida en cuenta por sus numerosos discípulos, más atentos al decorativismo externo y a ciertos tics verbales. 
También se da en Botas –no podía ser de otra manera en un poeta de su generación- un cierto culturalismo. La especialización en Derecho Romano que le adjudiqué me proporcionó una sugestiva serie de temas para sus textos. El mundo griego resulta un tópico excesivamente frecuentado por los poetas últimos, por eso Botas prefiere la temática romana. 
 

Tampoco había de ser un poeta homosexual, ya que ese tipo de autores abundan mucho en la generación más reciente. El prosaísmo, el lenguaje directo, tan denostado hoy, sería una de sus obsesiones. Y en una generación de eruditos y de poetas profesores nada más necesario que un poeta que deteste la teoría literaria. Victor Botas no escribirá jamás la más mínima reseña, no leerá (aparte de libros sobre la historia de Roma) otra cosa que literatura de creación”. 

   Yo le dije que todo eso estaba muy bien, pero que Víctor Botas existía. Yo había estado en la lamentable (e inaudible) lectura de sus versos que dio en Gijón hace unos meses. 


   -“Claro que existe, y aquí empieza lo extraño del asunto. Cuando yo había escrito unos cincuenta poemas de Victor Botas y publicado dos o tres en revistas, recibo una misteriosa llamada. Una voz femenina, que no se identifica, me dice que necesita verme. No me dice qué es lo que quiere de mí. Yo me imagino un enredo amoroso y no insisto. 
Al día siguiente, en Oviedo, me entrega un libro mecanografiado. Veo la firma y pienso que me están gastando una broma: Víctor Botas G.-Longoria. ¿Quién es éste Víctor Botas? ¿Le conoces? Claro, es mi marido. El libro lo mandó al Adonáis y Jiménez Martos nos dijo que había llegado a las últimas votaciones. Él no quiso venir a verte porque es muy tímido, pero tendría mucho interés, si el libro te parece que tiene calidad, en editarlo en tu colección. Leí el libro asombrado: allí estaba la lección de Borges, un muy evidente prosaísmo, el mundo romano. Cuando el libro se publicó, meses después, entre los poemas auténticos iba uno del Víctor Botas apócrifo: ningún crítico supo ver la diferencia. 
Cosas así me ocurren con frecuencia. Todo lo que escribo es, en gran medida, autobiográfico, pero autobiográfico a priori. Quiero decir que primero lo escribo y después lo vivo. Por eso tengo un cierto terror a la escritura. Sólo sé escribir de cosas poco gratas”. 

No me creí, por supuesto, ni una sola de sus palabras. Martín me parece especialista no en la autobiografía a priori, sino en la autobiografía-ficción. En la Segunda Antología del Resurgimiento, de Víctor Pozanco, publicó unas “Notas sobre mí mismo” en las que ni un solo dato era verdad. Su afán de mixtificación es tal que ha llegado a sugerir que yo soy uno de sus inventos, una de sus mentiras, y mucha gente así lo cree.

JUGAR CON FUEGO. Poesía y Crítica.
 José Luis García Martín
AÑOS, LIBROS, VIDA. Bibliografía comentada de JLGM
Marcos Tramón

José Luis García Martín, gurú de las Letras

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